domingo, 24 de diciembre de 2006

Cuento de Navidad

Érase una vez un chico que intentaba encontrar sus raíces. Y miraba en el interior de todos los lugares, por saber si allí estaba cuanto había perdido. Y escuchaba las historias que existían dentro de la gente. Había examinado los engranajes de los relojes por saber dónde estaba el latido del tiempo, el camino que disfraza la muerte. Se fue a una ciudad del norte. Porque allí, había oído, había alguien que sabía cosas tan viejas como el mundo. Las cosas que mueven, y unen el mundo. Porque lo vivo, pensaba, siempre es lo junto.
Érase una vez una chica que sabía palabras. Alguien gritaba: dolor; ella susurraba: sonrisa. Y el sufrimiento de un corazón cercano empezaba a disminuir mientras la alegría afloraba en muchos labios. Alguien sufría hambre de deseos, de pensamientos no expresados; ella decía: un vaso de agua. Y el apetito de muchos se hacía cada vez más escaso. Una voz que calmaba el corazón de las personas.
Érase una vez un chico que estaba enamorado de una sombra. Se marchó al norte por saber si en otros lugares habría menos sol, menos lugares donde encontrar una sombra de la que llevaba enamorado demasiado tiempo. Hace tiempo, mucho tiempo, la sombra había sido una mujer y sus besos, lo más seguro es el adiós, se habían convertido en huellas imposibles de borrar. Una larga sombra que devoraba los pies de toda nueva historia. En el norte, pensaba mientras sus pasos le llevaban allí, pocas veces hay sol, pocas veces estarás conmigo.
David, el chico que intentaba encontrar sus raíces y Carlos, el chico que estaba enamorado de su sombra, se encontraron el alguna ciudad del norte de extraño nombre, Jena, e inusuales comportamientos. Ambos venían del sur y tenían dolor en sus manos. Era un esfuerzo brutal, lo supieron la primera vez que hablaron, contar a otros la vida que habían tenido, el camino que les había traído aquí. El sur estaba lejos, sus raíces también: amigos, familia, habían quedado atrás. Para crecer, salir es necesario, pensaban. Y ambos habían oído de alguien que sabía cosas tan viejas como el mundo.
David y Carlos pasearon por las calles de la ciudad del norte; descubrieron entonces lo difícil que les resultaba hablar de sus propias vidas, del camino que los había traído hasta aquí. Pasearon por calles con poco sol y mucho frío. No había sombras, pensó Carlos, en ningún rincón y casi nadie en las aceras. Un lugar, lo habían pensado antes, de costumbres extrañas en el sur. Ahora el mundo era otro y la mirada diferente. Va a nevar, dijo David, lo dicen todos los relojes. Mientras paseaban, encontraron a la chica que sabía cosas tan viejas como el mundo, como ambos esperaban, rodeada de muchísimas personas.
La chica que sabía palabras que curaban, le habían gritado algunos. No dejaba de ser curioso: si alguna vez algún gesto asomaba a su rostro, alguna lágrima a sus labios, alguien afirmaba: el orgullo de saber cosas que no sabemos los demás, el cinismo de ayudar a los demás sólo por salir en las historias. No había comprensión con su dolor, era sólo el dolor de alguien que siempre debía encontrar las letras necesarias para alegrar a los otros. David, desde lo lejos, podía saborear con tristeza su cansancio. Nadie, decían las manos de Susana, la chica que sabía cosas tan viejas como el mundo, puede comprender mi silencio. Y David, que conocía el interior de las personas, supo pronto del cansancio de Susana, de las lágrimas que ocultaba en sus dedos.
David supo entonces, se lo dijo a Carlos inmediatamente, que debían acercarse al centro de la ciudad, al lugar donde estaba ella. Susana dijo: hay calorcito en mi corazón. Se llenaron entonces todos sus bolsillos. David encontró, Carlos estaba a su lado, hojas secas en sus pantalones, alguna raíz y una invitación a disfrutar de la primera de tantas tardes juntos. Todo en sus bolsillos. David, Carlos se quedó detrás, se acercó a Susana y sus manos se rozaron (se habían callado algunos de los que la rodeaban, se habían apartado otras). Coge mi mano, dijo Susana: hay calorcito en mi corazón y tus pies están en mis zapatos. Ante el estupor generalizado, ella y David se marcharon juntos; entendieron los dos que era necesario volver a sus vidas, recorrer algún camino juntos para regresar después al mundo y ayudar a algunos de los que hoy quedaban detrás. Ahora, David le dijo, necesitamos construir nuestra propia casa, desde la que salir después a la ciudad. Estaré en tus calles, le respondió Susana. Sólo alguien los despidió sonriendo, Carlos, que los miraba con alegría. David tenía razón: empezó a nevar y supo entonces que la sombra de la que estaba enamorado no volvería a devorar sus pies. Un momento tan solo, cayeron las primeros copos de nieve, y Carlos comenzó a caminar. Y eran las calles nevadas de esta ciudad del norte, Carlos lo supo con rapidez, un papel en blanco donde escribir otra vez sus memorias, un mundo mágico, lleno de posibilidades, donde crecer hasta ser otra vez una historia.

sábado, 23 de diciembre de 2006

Fragilidad

Sucedió así: un suspiro, una lágrima, un beso hambriento. Y Cactus calló un momento. Se cerraron todas las puertas y poca gente quedó dentro. Algún amigo, alguien llegó de lejos para recorrer las lejanas calles del sur convertidas casi en un cuento, en un mito, en una pequeña historia que algunos dedos intentaban escribir. No pudo ser: todo estaba por descubrir y todo había sido descubierto ya. Carlos susurró al oído: somos tan frágiles, y todo se detuvo un instante. Un momento de silencio irremediablemente roto. Somos tan frágiles, se escuchó en algunas casas de Cutrelandia y algunas camas se estremecieron. Un suspiro, una lágrima, un beso hambriento. Aquí, dijo alguien, había lágrimas en sus manos, no pasa nada excepto tiempo.

miércoles, 20 de diciembre de 2006

Hombres libro

Yo fui un hombre libro. En la España de Manolito Palomares yo fui uno de tantos. Dije cosas que jamás debí decir y me enviaron a la hoguera por ello. Ardían mis dedos y me dolían las rodillas. Era la vida entonces; son hoy mis cenizas.

martes, 19 de diciembre de 2006

Ayer

Ayer, dijiste, y se apagaron todas las ventanas. Salí a la calle por saber si el sol derramaba frío en las aceras y la vida era nuestra todavía. Ayer, y mis dedos no supieron de tu cuerpo sus caricias. Se fugaron todos los relojes y los minutos se hicieron años en mi pelo. Mañana, dijiste, Cactus, mañana será otro día pero hoy todavía duele en nuestros pies. Ayer, dijiste, y se agotaron todas las pisadas. Ya no hay huellas en las calles ni alegría en las miradas.

lunes, 18 de diciembre de 2006

Un pequeño aviso

Como el blog será un poco diferente a partir de ahora, olvidando, aunque volveré a ellos algunas veces, los personajes de Cutrelandia, el nombre cambia: cosas que pasan en el sur. No creo que escriba, como ahora, casi cada día sino cada vez que termine un cuento, un pequeño relato, algunas palabras, de personajes muy diversos, espero. También espero que no haya ningún adicto a la dosis diaria de este blog que amenace con pegarme si no lo hago cada día: serían demasiadas coincidencias con mi amiga Luci. En fin, gracias por leerme, abrazos para ellos, besos para ellas, pasad una buena navidad y que todo aquello que queréis se cumpla en el año que se acerca. Saludos desde, a partir de mañana, dicen, el frío sur.

domingo, 17 de diciembre de 2006

Ilusiones

Para Sorel

Hay ciudades en las que, las casualidades no existen, nos ha dicho tantas veces Carlos en Cutrelandia, vivir es grato en ocasiones, ciudades en las que las calles más sencillas dejan huellas en nosotros. Tal vez no sean demasiadas cosas, pero lo son todo. Los detalles más insignificantes nos ayudan a comprender que la vida, aunque este mundo en tantas ocasiones no, merece la pena. Y encontramos las palabras necesarias para acercarnos a alguien, para saber que hay mucha más gente de la que creemos con las que podemos compartir un vaso de vino, tinto con limón, por favor. Siempre con limón. Y libros que traen consigo ilusiones de un mundo más habitable donde todo el mundo tiene derecho a una vida que no tuvimos nunca, a disfrutar de lugares que parecen lejanos desde casa, al alcance, sin embargo, de nuestros dedos. Palomar, Comala, tantos lugares que visitar desde el sillón de nuestras vidas si nuestros dedos quieren, si nuestros hábitos nos permiten descansar un día, disfrutar de la calma de un día en que nosotros podemos estar con nosotros. Al otro lado de la casa hay chicas que viven en otras calles aunque la ciudad sea la misma. Calles que coinciden en algunos momentos: el placer del roce de dos pieles que hablan en silencio. A lo lejos, el mundo sigue girando pero sólo la noche importa ahora. La noche, palabras y la sensación de saber que todos hemos crecido un poco al amparo de amigos que volverán a reunirse en alguna ocasión. A lo lejos, al sur, muy al sur, la Navidad se acerca y los amigos se alejan un poco en estas fiestas aunque sus huellas permanezcan con nosotros en horas alegres y nostálgicas como éstas.

viernes, 15 de diciembre de 2006

Veinte años

Hay personas, dijo Cactus, que hacen la vida más interesante, más agradable. Las tardes pueden ser magníficas y las noches no tan largas. Es difícil encontrarlas porque, en innumerables ocasiones tienen la puerta de su casa cerrada y nadie parece encontrar la llave que lleva a ellos. Tengo mi mundo, afirman, y muchos esperan en la acera, por si en algún momento salen, para hacer más confortable la ciudad. La experiencia, siguió Cactus, los hace tan ilusos; no comprenden que la puerta puede estar tan abierta, abierta a todos aquellos que quieren compartir una taza de café con ellos, café sin palabras. Tanta experiencia para saber tan poco. Sólo necesitamos, no es demasiado, una buena llave, que podemos encontrar, por ejemplo, en un beso en las mejillas, en una mirada, en la crueldad dulce de dos vidas que se rozan durante algunos días para permanecer durante años en el pensamiento. La intensidad de compartir sentimientos mientras no tomamos café puede abrir todo un mundo, una noche a otras tierras, tardes a otros ojos, un sol de diciembre con el que reconocer que el mundo es ancho y nosotros vivimos en casas donde compartir una llave, un vino tinto, una invitación a tardes de sol y siesta en una azotea en cualquier lugar del sur.

miércoles, 13 de diciembre de 2006

Hasta pronto

Cuántas veces la vida, un día, después de haber construido las calles por las que esperábamos caminar, nos lleva a lugares diferentes. La vida sigue, es obvio, las cosas cambian y el mundo, el mundo sigue girando, ajeno a todos aquellos que, a este lado de la vida, le piden que las cosas queden quietas un momento, que puedan saborear durante breves momentos la felicidad que un día tienen para perder poco después. Infinitos y efímeros, el tiempo nunca será nuestro. Es dulce, entonces, recordar una canción, una ciudad, una conversación, palabras, un chocolate caliente y tranquilo, una imagen con la que tener dulces sueños, con la que disfrazar tantos momentos de crueldad en la que no tuvimos nada, nada más que un silencio difícil y poca luz en los zapatos. Y el mundo, el mundo sigue girando: hay gente que camina al otro lado de la calle y nos sonríe, aunque estemos cansados para devolver la sonrisa; hay cuentos que se escriben para ser leídos e historias que se dan para ser vividas. Hay calles estrechas donde parejas se abrazan para que el mundo sea mayor, para que todo aquel que lo desee pueda compartir su felicidad y hay árboles que dan sombra y entregan amor en las lejanas calles del sur, en un reino al que algunos llaman hogar y otros Cutrelandia. Y hay camas donde personas que se quisieron un día vuelven a amarse hoy: las segundas oportunidades se dan en reinos lejanos donde el tiempo es diferente, donde existen horas de siete días y meses de treinta segundos. Reinos a los que un día llegó alguien que quiso contar las cosas de este reino: su único bar, su cine en blanco y negro, las palabras de Dylan. Y, ahora, es de noche, estamos cansados, y el frío invita a ser acariciado, el escritor sabe que pronto habrá de contar otras historias aunque alguna vez vuelva a este lugar. Pero hoy sabe que pronto, la noche tiene estrellas y la cama besos, sabe que pronto se irá a otros lugares, a otras vidas que también merecen ser contadas. Abrazos y besos para todos y todas.

martes, 12 de diciembre de 2006

Una despedida

Y ahora qué, preguntó Cactus. Ahora, dijo Carlos, la vida sigue, pasan cosas y nos dejan huellas, raíces y alas, una sonrisa que creíamos perdida en los labios y aroma a fresa en el cabello. La vida sigue, es ley de vida, el camino, esperemos será corto si hay amigos, si hay amor. Si alguien, al otro lado del mundo, puede contar que estuvimos aquí, que fuimos luz en algún momento, luz a la sombra de un árbol que da sombra y entrega amor. Pasan tantas cosas, que sólo los idiotas parecen no observar, dijo David. El mundo sigue girando y nosotros, ahora más que nunca, deberíamos caminar con él. Habrá tristeza, dolor, pero estaremos cerca por si alguna vez, un momento, un pequeño momento, breve e insignificante se hace mágico para tener luego el placer absoluto de contar que estuvimos viviendo un día y tuvimos cosas que contar. Si existe ceniza, dice Carlos, es porque hemos vivido en el fuego, tendremos una existencia excitante en algunas ocasiones. Nada que decir, dice Ana, que escucha con tristeza a sus amigos. Hay días así, en que todo es bueno, en que todo es armonía, pero todo es efímero, de ahí su tristeza, su dolor ante las cosas que se van, que se han ido. Todo termina, amor, todo termina, y cuanto tuvimos un día se pierde en nuestras manos. Arena en las manos y dolor en los dedos; nunca podremos tocar, pensó Luisa, las cosas que ya se han ido, aunque dejen huellas en nuestros pies. Pasarán otras cosas, gritó alguien, pasarán otras cosas y alguien debería contarlas.

lunes, 11 de diciembre de 2006

Un piccolo regalo



Per Lisa.
Praga 1965. La vita in bianco e nero. Il ponte Carlo lungo il quale hai camminato in novembre. Una cartolina e parole. Sempre parole. Ciao e addio. Vivere, già lo dicemmo, ripetendo a Salina, vivere dall’inizio e separarsi. E lettere da leggere quando arrivano: l’eco di una vita lontana che, a volte, possiamo sentire vicina. Quello che basta vicino come per tornare a sorridere. L’Austria, già te lo dissi, è così lontana. Un piccolo sorriso, e la vita continua. E cammini per una città sconosciuta fino a quando una bella città, con freddo nelle braccia e curiosità nelle dita. Gli amici sempre servono per questo. La libertà, la abbiamo anche detto, di sapere che non siamo altro che noi e a noi appartengono i nostri giorni, la libertà di camminare per le strade quelle dove non siamo nessuno, nessuno se non altro che qualcuno che gode del proprio tempo, dei propri amici, delle proprie passioni. E sai che ebbe un altro ponte nella tua vita,più al sud, molto più al sud e che un giorno ti dissero ciao.
Per apprendere dunque che tutti i ciao racchiudono un addio, un arrivederci, un ci vedremo presto. La solitudine di tornare alla nostra propria vita e non incontrare nessuno nel tragitto. E sempre al filo delle nostre conversazioni Kiko Veneno: se non ti rendi conto di quello che vale il mondo è una sciocchezza. E il mondo è Praga, è Tisens, è Sevilla, un fiume dal quale dividere un sorriso, felice di conoscerti: la vita continua; continua sempre, la vita.
Baci e a presto. Riguardati: Kiko y yo te esperamos, siempre que quieras.

domingo, 10 de diciembre de 2006

Una cama ajena

Si alguna vez has estado, se besan con calma, en una cama que visitas por primera vez, Antoin, la sensación es extraña. Quise, ayer estaba demasiado cansada, decirte tantas cosas pero mis labios sólo querían saborear tu sonrisa; hacia tanto tiempo, intuí ayer, que no reías y pareces no creer que estoy aquí a tu lado, con alas y raíces como todos aquellos que crecieron por amor. Y me hablas hoy, ayer fui incapaz de escucharte, el cansancio me pudo, Antoin, de tristezas que han estado contigo tanto tiempo, de sombras que crecieron en tu piel hasta hacerte escribir en blanco y negro: no había colores vivos para ti. Sólo la irremediable tristeza de todos los que perdieron algo por primera vez. Y sonríes, no puedo creerlo, dices, estás aquí, como prometí, Antoin, como te prometí. No creas que somos nda nuevo, niño de sonrisa melancólica, sólo un hombre y una mujer que naufragaron hasta encontrarse al otro lado de la orilla. Al sur, más al sur, donde tanta gente, ayer, parecía observarte porque tu semblante no era triste; todos querían ser partícipe del milagro. Pensé entonces que mis raíces te hacían cosquillas en los pies pero era la vida, la vida otra vez te llamaba la atención; querías dormir, después de años en una cama ajena, y pronto, quiero estar semanas contigo, me has repetido tantas veces, pronto saldremos a la calle y saludarás a las calles donde me esperaste con nostalgia, donde todo era gris. Nunca quise mentirte, te digo, un día estaremos juntos, te dije, y aquí estamos, comiéndonos a besos en una cama donde lloraste tantas veces mi ausencia, donde nunca hubo carmín de labios ni alegría al despertar solo. Sólo hoy todo ha sido diferente: toda la noche a mi lado, mis alas sentían tus brazos, mi cuerpo sentía el dolor alegre de vivir otra vez. Pronto saldremos a la calle, volveremos a ser tantas cosas, y la gente te sonreirá mientras tú los saludas, pero hoy, en esta noche fría, cansada, me gustaría, quisieras dormir juntos un poco más.

viernes, 8 de diciembre de 2006

Raíces II

Y todos volverán a casa, la noche ha sido larga, y el cansancio puede con tantas otras cosas. Se abrazarán, manosearán sus cuerpos al haber comprendido que están vivos. Es suficiente. Son días confusos, piensa Aurora, con algunas raíces en sus pies. La cama de Antoin, su sonrisa, están cercas y ella necesita comprender que sólo parecen importar las cosas que están pasando. Y ahora tiene alas, puede volver a volar, crecer para su amado si su amado crece. Para ellos, para todos, ha sido una enorme sorpresa observar la sonrisa, jamás pudieron verla, de Antoin, su felicidad recuperada. Aurora vuelve a estar en sus brazos. StrangeLove parece lejano hoy, cuando hace meses siguió, eran órdenes de la familia, los pasos de Aurora por todos estos caminos; jamás creyó que podría encontrarlo, jamás, pero nada parece difícil para unos pies que pisan charcos para alcanzar las estrellas. Un frasco de amor, tan sólo un frasco habría bastado, pensaba StrangeLove, para que los pies de Aurora durmieran en otra cama, pero fue imposible. Sólo las sábanas de Antoin esperaban a Aurora, las sábanas y una profunda tristeza que acabaría cuando la luz, le dijo alguien a Antoin, cuando era niñó, envolviera a la mujer que amaba. Y el árbol que da sombra y entrega amor produjo otro milagro, y Aurora nació en sus raíces. Hola, Aurora, hace cuánto tiempo, no me lo esperaba, una sonrisa y la perplejidad de cuantos allí estaban. Cicatrizada la herida, era necesario saber si Aurora todavía tenía alas. Estaba cansada, todavía y una parte de su cuerpo, su corazón tal vez, necesitaba un poco de cama y mucho cariño; recuperar las palabras que se agotaron hace tiempo, hablar de vidas que crecieron, para bien y para mal, durante meses, acaso años. El tiempo, siempre lo advertía StrangeLove, nos pertenece, debemos hacerlo nuestro: hay días de seis minutos, horas de siete días. Una parte de ellos se pregunta si StrangeLove estará todavía en esta pequeña ciudad y un pequeño escalofrío recorre las sábanas en las que los cuerpos se acurrucan para escuchar los sentimientos del otro. Es ternura, dice Antoin; David y Ana parecen escucharlo. Son tantas las preguntas pero no es ésta la noche. Aurora se ha dormido, no deberíamos despertarla: dulces sueños, mañana será otro día, duerme un poco más.

miércoles, 6 de diciembre de 2006

Raíces

Antoin, ¿estás ahí? Si la muerte alcanzara mis zapatos alguna vez, sé fuerte, recuerdo haberte dicho, vive, por favor, es cuanto tenemos. Pero tu rostro tiene lágrimas y dolor tus dedos. Hace poco, tan poco tiempo, estábamos tan cerca; yo había crecido y tú quisiste recuperar tu vida, imaginé que estaríamos juntos. Y ahora te siento cerca, inevitablemente cerca, pero mis brazos no consiguen alcanzarte. Y siento que mis alas me abandonan, no puedo volar para alcanzarte, hay dolor en mi espalda y mis brazos me pesan. StrangeLove estaba cerca, todavía está cerca. Y su odio ensangrenta mi espalda. A miles de kilómetros de distancia no te han olvidado; ahora Antoin es tristeza y así ha de quedar hasta que pida volver a casa. Sus padres me lo pidieron. Lo lamento, Aurora, pero esta ciudad no es para ti. Morirás bajo las raíces de este árbol y nadie, nunca, podrá recordarte. Antoin no volverá a sonreír, prometí a sus padres, hasta que vuelva a su reino, hasta que sus pies vuelvan a la alfombra de Lisa. Lo prometí. Pronto te llorarán sus ojos y su rostro nos pertenecerá. He perdido mis alas, Antoin, no sé volar. Aquellos que te conocieron un día, Aurora, dijo StrangeLove, te olvidarán. No sé volar. Hace tiempo que no sé de ti y he olvidado caminar; un último abrazo, un café sólo. Y nosotros de nuevo. Sonríe para mí, una última sonrisa, y todas mis raíces serán tuyas.
El árbol que da sombra y entrega amor tiene raíces en mis pies, quiero crecer, quiero que crezcamos juntos, una sonrisa sólo, una última sonrisa, para que puedas decirme te he esperado durante tanto tiempo. Estamos aquí. Cactus y David, Carlos, tú, estáis aquí. Cactus sonríe, tal vez se acuerde de mí otra vez: una sonrisa triste, cuántas palabras compartidas: una noche de diálogos y silencios, me recuerdas tanto a... Y ahora se abraza a David, se lo merece, está muy bien eso del cariño, lo dijimos tantas veces. Una última sonrisa, ahora sí, sonríes, y mis brazos, la herida se cierra, no hay sangre en mis alas, podrán alcanzar tus brazos, sonríes un poco más, déjame descansar, que tus manos acudan a mis raíces, que tu vida me lleve un poco. Sonríe, por favor, estoy aquí, otra vez, contigo. Hola, Antoin, te eché tanto de menos, vine a buscarte. Y tú, por penúltima vez, como los que están contigo, sonríes, y yo me levanto un poco, todavía me pesan las raíces, caigo cansada a tu lado y dentro de poco descansaré en tu cama: no olvides traer tu sonrisa.

lunes, 4 de diciembre de 2006

Días extraños

Difícil comprender que la noche puede ser más corta si nos dedicamos a contar las estrellas, difícil creer que la noche pertenece a dos si yo hablo, se dice Auora y nadie me escucha. Tus ojos, puede escuchar a los lejos, es Antoin, cuentan tantas historias y nos gustaría leerlas. Hay raíces en mis pies y árboles que me protegen del viento. Cactus observa cómo árbol y Aurora empiezan a ser un mismo ser, luz y raíces, luz y mañana, apetito y vida. Y Cactus mira a los ojos tranquilos de Aurora. Hay algo en ellos que le desconcierta: una mirada que le lleva a otro lugar, a otros caminos. Y Aurora, Aurora está lejos, a semanas de distancias, a diálogos que no llega a comprender. Ahora StrangeLove está a su lado, quieres un poco de café, pero ellos nunca se han conocido. Hay algo extraño en estos cafés, la gente parece otra, ahora que Aurora camina sola y la noche la hace más solitaria todavía. Y hay gente que habla de sus vidas en cines que ella no ha pisado nunca, fotogramas en blanco y negro, Antoin en sombras.
A veces quiere llegar a algún sitio, pero no recuerda a cuál. Si alguna vez quisieras, dijo una vez, cambiar de vida, te esperaría pero nadie contestó. Acaso alguien contestara y su memoria le traiciona hoy. Ayer fue una noche extraña, volví a ver, piensa, ha pasado tanto tiempo a StrangeLove y todo pareció ser igual. Hola, dijo, pronto no tendrás problemas. Había cerca un árbol, un árbol, luz y raíces, y StrangeLove dijo: incluso aquí, incluso a años de distancia, te echan de menos. No te han olvidado. Y hay dolor en mis raíces, el tiempo se detiene, aunque el mundo siga girando. Sólo quiero verte otra vez, una vez más. Antoin, ¿estás ahí?

El mundo gira

Es de día en tus pupilas y amanece. Andas anclada en tus raíces y la mañana tiene más calor hoy. Me gustaría, tantas veces lo hice, sonreírte una vez más pero es difícil. Se fue todo nuestro tiempo y nadie pudo encontrar una cura para el amor. Ha pasado otra noche y ahora sólo eres luz con raíces. Cuántas veces te dije: quiéreme un poco más, una última vez, hasta que mi sangre, tan azul entonces, se haga roja, hasta que me hagas vivir. Strangelove, el doctor de la corte afirmó tantas veces que todo era producto de la nostalgia por no ser rey para, añadir, Lisa lo curará, Lisa hará que su piel, muerta en tantos días venideros, vuelva a ser tersa, la piel de un hombre que no ha trabajado jamás. Ahora, es de día, amanece, estoy entre extraños, junto a ti, pero tú estás demasiado lejos. Quién, Aurora, bajo el fuego, puede saber que las llamas que la muerte deja en nuestros dedos es la señal inequívoca de que hemos vivido y tus dedos son ceniza. Qué hiciste en los días en que yo rechacé mi vida, en que tú me esperabas. Sabías, estoy seguro, que yo vendría a buscarte pero otra vez fue tarde, demasiado tarde para sonreírte, buscar tus dedos para que me hicieran cosquillas. Para decirte: tenías razón, vine a buscarte. Y me gustaría enseñarte una última sonrisa, pero estás aquí a mi lado, y todo es más difícil ahora. El mundo sigue girando, la gente camina, vuelve a sus cafés, a sus trabajos, hay gente que espera en sus casas, pero yo estoy aquí, entre extraños, todo se ha detenido y todo parece tan lejos. Strangelove también dijo, quise creerle, que algún día, si el sol nos encontraba juntos al mediodía, yo volvería a reír en tus pupilas, pero todo parece absurdo ahora. Qué hacer cuando el reloj que nos despierta nos quiere dormidos. El tiempo, decías, el tiempo pasa; no llegues tarde. Y otra vez, otra vez, llegué tarde a mi vida. Raíces y luz es cuanto, esta fría mañana de invierno, me esperan. Y extraños que me encuentran hoy un poco más humano. Pero no hay consuelo en sus palabras; no hay consuelo en el tiempo que pasa. Aunque tus ojos quieran contarme tantas historias.

domingo, 3 de diciembre de 2006

En los ojos de Aurora VII

Fuera hace frío, amenaza lluvia y Aurora necesita un descanso, saber de nuevo que vivir es encontrar en nuestro camino las huellas que han de definirnos. Pasó el tiempo de príncipes de sangre azul y mejillas rojas, de palabras que no llevaron a ningún sitio. Hoy, sencillamente, está cansada; la vida es un poco menos y el deseo de ocultarse en cualquier sitio en un poco más. Hay días en que lo más fácil es dejarse llevar, que los demás decidan. Es sólo un día, poco podría pasar. Fuera hace frío y dentro los corazones parecen apagados. Le gustaría sentir una vez, sólo una vez, los olvidados labios de Antoin, tan lejanos ya en la memoria. Y le duele saber que una piel tan conocida entonces podría ser extraña ahora. Al menos, lleva en su mochila todos los lugares imaginarios donde ellos podrían, cuántas veces lo intentaron, ser felices. Hoy todo son callejones polvorientos, desterrados, gente que ha vivido hasta no saber nada, después de haber olvidado todo lo aprendido. Hay un lugar al que debe ir, un sitio al que llamar hogar, donde recuperar las primeras luces de la mañana, donde pensar que Antoin la buscará con una sonrisa, una última sonrisa para ella. No se agotará la luna entonces ni las nubes serán efímeras. Sólo un hombre y una mujer que aman y son amadas. Nada de sangre azul y coronas sin espinas. Pero queda tanto y estoy tan cansada.
Hace frío y todas las casualidades parecen agotadas; todo el tiempo del mundo que tuvimos en algún momento se desvanece. Hace frío y algunos lugares hoy parecen un poco más lejanos.

miércoles, 29 de noviembre de 2006

La más extraña de todas las palabras

Sorbe de mis labios una palabra más, una palabra sólo; llega la noche y hace frío, pero no importa. Hay luz en ciertos labios y vida en los corazones que se arrebatan al calor de una cama sin hacer. Despierta al mundo: tanta belleza duele.

martes, 28 de noviembre de 2006

En los ojos de Aurora VI

- Hola, Aurora, ¿cómo te encuentras? escuchó mientras miraba, como casi siempre, en estos días, con un poco de asombro. Le seguía sorprendiendo que todo el mundo conociera su nombre en estos caminos.
- Hola, ¿cómo te llamas?
- Me llamo Cactus. Y, como tú, camino por estos lugares hasta volver a encontrar mi vida. Huyo de una amor que no fue y, como tú, espero volver a encontrar mi vida, mis días en el mundo.
- Es extraño. Todo el mundo parece buscar en estos días la parte de su vida que perdió.
- En estos días, no, Aurora, siempre. Todo el mundo tiene algo que ha perdido, algo que le gustaría tener. Siempre echamos de menos lo que no tenemos, somos humanos.
- Y, ¿cuál es tu historia? Todo el mundo conoce la mía, pero yo no sé...
- Todo el mundo tiene una historia. Y la mía comienza, como tantas otras, cuando me enamoré de mi creador, el profesor Utonio. Pero el sentimiento no era mutuo. No hay nada mejor que amar si una es amada. No pudo ser. Era demasiado pequeña para él, decía, y nadie podría entenderlo. No puede ser, Cactus, decía, y no dejé de llorar en días. Otro corazón roto, nada nuevo, sólo otro corazón que se rompe.
- ¿Qué hiciste después? Para mí fueron días duros; él me quería pero no tuvo el valor para enfrentarse a su vida.
- También es una historia triste. Es duro. Estuve algunos días en esa ciudad, en ese lugar en el mundo; mis hermanas trataban de animarme, pero no pude continuar. Era difícil estar en los mismos sitios, escuchar sus palabras. Era toda una heroína en esa ciudad, había salvado a mucha gente, pero me olvidé un poco de mí. Entonces decidí irme. A veces es lo más difícil, recuperar tu vida, ser egoísta, pensar en que tú deberías ser la primera opción. Un egoísmo bien entendido.
- Crecer es ser egoísta, es decidir qué queremos. A veces, tenemos que dejar tantas cosas atrás, huellas que nos sorprenden cuando las vemos de nuevo. Crecer para aquellos que queremos que estén a nuestro lado.
- Sí, crecer es elegir, dejar cosas atrás, aunque a veces es muy difícil. Los primeros días han sido complicados, encontrar un camino, un lugar donde ir. Pero ahora sé, como todo el mundo dice, que Cutrelandia, es el sitio al que debo ir. Volver a vivir, volver a ser yo. En un pequeño reino perdido al sur donde todo aquel que quiere una segunda oportunidad comienza sus mañanas.
- Me encantaría ir contigo, pero yo debo crecer un poco más, conocer más gente, vivir un poco más. Pero pronto, no lo dudes, nos veremos allí.
- Será genial. Y hablaremos, al sol de las calles en que vivamos de todas las cosas que hemos perdido y ganado. De lo que necesitamos y lo que no.
- Nos veremos pronto. Suerte y hasta entonces.
Así que, sorpresa, sorpresa, si nuestro escritor no es demasiado distraído y, aunque lo es, no es esta la ocasión, Cactus conocía a Aurora. ¿Por qué entonces no parece conocerla en Cutrelandia? ¿Por qué fue incapaz de conocer a la chica muerta y con raíces que se encentra en el árbol que da sombra y entrega amor? ¿La conoce y hay causas ocultas que le impiden decir a Cactus que conoce a Aurora? Preguntas y preguntas. Algunas serán contestadas mañana en este serial radiofónico que el editor, a pesar de las protestas airadas de su autor, ha dado en llamar vidaencutrelandia. Hasta mañana. Pasad una buena noche y cuidado con el frío, que empieza a apretar en las calurosas antaño calles del sur.

lunes, 27 de noviembre de 2006

En los ojos de Aurora V

En los ojos de Aurora los caminos son marrones pero breves, la tierra tiene luz y raíces, el mundo ofrece siempre una segunda oportunidad. La oportunidad de encontrar, si alguna vez la hubiéramos perdido, nuestra vida en otro lugar, en otras calles, la oportunidad de volver a usar todas las frases que creíamos gastadas. En estos días, Aurora ha viajado por caminos de desterrados y ahora, después de tener claro que el lugar al que ha de ir, porque allí Antoin recreará su vida, es Cutrelandia, ese reino al sur de todos los lugares donde hay un árbol, le han dicho, que da sombra y entrega amor, un lugar donde las películas sólo pueden verse en blanco y negro y las parejas conocerse en el único café de la ciudad. Una vieja vida en un nuevo lugar. Y unos nuevos pasos en los que dejar ya las huellas que en algún momento olvidamos. A lo lejos, Aurora contempla como un grupo de chicos y chicas, de no más de treinta años, se acerca a ella y contempla, con estupor, como todos llevan una L cerca de su pecho. Hola, Aurora, le dicen los primeros y ella ya se lo toma, sabe que en estos caminos todo el mundo la conoce, con calma. Hola, dice, y una de las chicas le dice, sonriendo, supongo que querrás preguntarnos también por qué llevamos una L en nuestros brazos algunas, otras, no puedes verlo ahora, en sus pechos; otros en su espalda. La respuesta es demasiado fácil: no sabemos vivir, no tenemos la experiencia necesaria, todo han sido errores, y ahora, mucha gente, al vernos, parecer respetarnos más. Algunas pecamos de inexperiencia en el amor; creímos, ¿puedes creerlo?, en el amor eterno, otros creyeron que sus trabajos eran indefinidos y no se equvocaban: no supieron cuando los echaron. Y ahora queremos vivir desde el principio y que el mundo sepa que nosotros, sobre todo nosotros, tenemos derecho a equivocarnos, y necesitamos la comprensión de los demás para que sepan que no sabemos, por ahora, vivir. Una L es suficiente para que todo el mundo lo sepa; una L es suficiente para recordarnos que vivir es una lección que olvidamos cada día. Y tú nos haces sentir bien, porque estás aquí, buscando tu propia vida, tus raíces para construir un mundo que ya conoces. Y a veces hemos pensado, las palabras vuelan en estos caminos, que tú serías la persona perfecta para conducirnos pero entendimos luego que somos nosotros, cada una de nosotras, las que debemos encontrar nuestro camino. Pero te desearemos suerte porque sabes lo que quieres y lo conseguirás. Y tendrás un hogar, como tantos otros, como tantas otras, nos encantará que nos lo cuentes, en Cutrelandia.
Y Aurora, el tiempo sigue, algunas horas duran siete días, otras apenas unos minutos, caminando por los caminos que llevan al sur, a las olvidades calles que, espera, pronto la harán sentirse viva de nuevo.

viernes, 24 de noviembre de 2006

En los ojos de Aurora IV

- Hola, Aurora, volvió a escuchar mientras se estremecía de nuevo. Quién sería ahora, era una voz femenina, la mujer que le acompañaría durante un tiempo por los olvidados rincones del camino de los desterrados.
- Hola, dijo, cansada, ya que apenas había podido dormir la noche anterior. Había tenido pesadillas con un lugar, cuyo nombre desconocía, donde Manolito Palomares era un héroe, había reyes porque tenían sangre azul, y Antoin no estaba allí, con casas de treinta metros, y ciudades donde había casas con playas. Todo había sido muy extraño. Y la primera luz de la mañana, sencillamente, la había despertado un poco. ¿Te conozco?
- NO, no puedes conocerme. Estás en estos caminos porque quieres. Nosotras fuimos expulsadas. Pero no importa: volveremos a ser amadas, nos lo merecemos. Nos lo merecemos. Me llamo Luci, y vivía en la tierra a la que vas.
- ¿Cómo sabes adónde voy?
- Era escritora. Digan lo que digan, todavía lo soy. Era una gran contadora de historias. El problema es que yo contaba historias y luego los habitantes de Cutrelandia hacían realidad esas historias. Eran mis historias, mis historias.
- No sé si irás a Cutrelandia. Irás y yo lo contaré alguna vez. Como he contado tantas otras cosas. Historias que hablen de Antoin y de ti, de los pasos que habéis dado para encontraros. De la maldad de los hombres y la bondad de toda mujer. De las huellas a las que aferrarse en el camino. Y volveré a abrir mi casa a todo el mundo. A todo el mundo. Para que sepan que no guardo rencor a aquellos que me echaron de mis calles. Pronto volveré a Cutrelandia y veremos películas en blanco y negro en el único cine de la ciudad. Las películas que yo elija.
- ¿Y qué contarás de mí y de Antoin?
- Todo, todo lo que me digan tus palabras.
- Hay historias que no pueden contarse, sólo deben ser vividas. Se cuenta porque no se vive.
- Te equivocas. YO vivo, vivo contando, y las palabras de otros, porque yo he perdido todas las palabras, son mi vida, mis aceras, las almohadas en las que duermo. ALgún día, todo el mundo se dará cuenta. Fui bendecida, no lo olvides, bendecida. Y querrás que yo cuente tu historia aunque tú la hayas vivido.
- Tal vez tengas razón, pero queda demasiado tiempo hasta encontrar Cutrelandia. Primero he de encontrarme a mí, encontrar las raíces en mis huellas. Las huellas que Antonio necesite cuando vuelva a su vida.
- Pero irás a Cutrelandia, irás, como todo aquella que no tiene lugar al que ir. Y tal vez aprendas a amarla. Y yo lo contaré, como he contado las palabras de todos aquellos a los que he escuchado entre sombras. Así será. Y mi casa en Cutrelandia será tu casa. Y hablaré a todo el mundo con las palabras más correctas, más alambicadas que pueda encontrar. Hablaré de dualidades, de dicotomías, de álgidos placeres que alcanzan la carne. No seré todavía de la RAE pero como si lo seriese.
- Bueno, me encuentro un poco cansada. Tal vez debería irme.
- Si estás cansada, duerme, sueña, y yo escribiré tus sueños. Seré Luci, tu amiga escritora, la amiga que imaginó tu vida cuando la habías perdido, la amiga que...
- Sé lo que quieras. Sé agua, si quieres, pero yo no tengo sed, sólo hambre y debería irme.

jueves, 23 de noviembre de 2006

En los ojos de Aurora III

El más largo de los caminos, se dice Aurora, empieza siempre con un primer paso y yo ya no veo el lugar del que venía; todo ahora es un horizonte nuevo, unas calles que piso por primera vez, desayunos que puedo saborear sola todas las mañanas y la inevitable nostalgia de perder una vida para ganar otras. Si pudiéramos estar en dos sitios, que nuestros labios susurraran dos canciones al mismo tiempo, pero no puede ser. Ya nunca nada nos será devuelto. Otro pueblo, otro pequeño reino donde dormir hasta buscar la cama adecuada en la que ser yo hasta que Antoin vuelva a mi vida para ser nosotros. Crecer significa visitar otros cuerpos, sorber otras palabras, vivir otras almohadas para, al llegar otra vez a casa, escuchar: te amo, te veo muy cambiada. Y ahora Aurora camina hacia el sur, siempre al sur, mientras se aleja de todos aquellos que un día la conocieron. Volverá a verlos y sabrá entonces que pocos serán aquellos que un día estuvieron con ella. La gente cambia, pero no toda, imagina, y camina un poco más. Le han hablado varias veces de este lugar; lo llaman el camino de los desterrados y le han contado, también Antoin, que aquí acaban los que han sido expulsados de todo aquel lugar en el que han estado, y no deja de preguntarse a quién podrá encontrarse en estos caminos perdidos de dios y de los hombres. A su izquierda, alguien se acerca:
- Hola, Aurora, ¿cómo estás?
- Perdona, ¿cómo sabes mi nombre?
- Aurora, todo el que está aquí sabe el nombre de los demás. Expulsado de todos sitios, ¿cómo no saberlo?
- Pero yo no he sido expulsada. Me fui porque quise, porque...
- Entiendo que tú también querías irte, pero también los padres de Antoin hicieron todo lo posible...
- ¿Y cómo sabes todo eso?
- Porque todo se sabe en este camino. Todo.
- Pero yo no sé nada. Ni siquiera sé cómo te llamas.
- Me llamo Chema, aunque también me han llamado muchas otras cosas. Gente que no sabe nada, que supone que la vida y su seguridad provienen de las calles. Yo hice una...
Sin saber por qué, Aurora sintió un escalofrío en todo su cuerpo; no llegó a escuchar la última palabra pero no suponía nada bueno ahora que sus ojos echaban terriblemente de menos a Antoin, aunque quien caminaba a su lado se llamaba Chema y le hablaba de guerras y de amigos imaginarios. Empezaba a tener un poco de frío.
- Creo, Aurora, que somos iguales. Ambos fuimos expulsados de nuetras vidas por hacer lo correcto, por cumplir con nuestro deber. Y, que yo sepa, no hay nada más importante, en este mundo.
- YO nunca hice una guerra. No te confundas.
- Tal vez por eso estés aquí, por no haber tenido el valor. Tenemos que demostrar que no somos como los demás; somos mejores. No todo el mundo es igual. Si todo el mundo fuera igual, sería...
- Un mundo más justo.
- No, sería comunismo. Comunismo. Y no es el mundo en que Tito Paco educó a Manolito Palomares y en el que éste me educó a mí. Ese era el mundo real, un mundo bueno en el que todo hijo de Dios cumplía con su deber.
- Y ahora, Manolito Palomares, a sus 143 años decidió que lo mejor era que yo me fuera, que difundiera las ideas del glorioso Tito Paco por todos los rincones pero no puedo salir de este camino. No sé cómo hacerlo. Y no importa: cuento mi historia a todos los que pasan por este camino. Y espero el glorioso regreso de Tito Paco cuando, como han hecho con Walt Disney, creen su clon. Será glorioso. Y allí estaré otra vez.
- Pasará mucho tiempo, espero, susurra Aurora. Perdóname, Chema, pero conoces algún sitio donde iría alguien que quisiera perderse. No ser encontrado jamás.
- Me han hablado de un lugar llamado Cutrelandia; todos aquellos que desean perderse, que desean de algún modo recuperar su vida, acaban allí. Es una segunda oportunidad para ellos. Y todos parecen olvidarse de ellos; el lugar perfecto para recuperar, en muchos casos, me dijeron, tu dignidad. Aunque yo no pude entrar...
- ¿Por qué?
- Es el problema de los desterrados; no podemos entrar en ningún sitio. Pero no me importa; pronto Manolito Palomares me hará volver a casa. Y yo escribiré, con mi mano derecha, cartas a Tito Paco, para que ni la muerte le detenga. Con la esperanza de que vuelva cuanto antes mejor.
- Yo... tengo que irme. Necesito descansar un poco. Se hace tarde.
- NO puedo acompañarte, lo siento. Sólo puedo pisar este camino. Todo lo que esté fuera de él me es imposible. Pero pronto Manolito Palomares, pronto...
- Si no puedes acompañarme no pasa nada. Te recordaré durante mucho tiempo. Mucho mucho tiempo. Y, mientras Aurora camina hacia el sur, sabiendo que Antoin, alguna vez, irá a Cutrelandia, el lugar donde van aquellos que quieren recuperar su vida, su dignidad. Y ella espera estar allí, esperándolo, una vez haya crecido lo suficiente. Sin embargo, al pensar en el camino de los desterrados, en su primer acompañante, no deja de sufrir una terrible desazón que ocupará sus pies, ya no podrá sentir las raíces, durante mucho tiempo.

martes, 21 de noviembre de 2006

That´s no way to say goodbye

- ¿Qué miras?- preguntó Lisa, reina ya coronada, mientras Antoin dirigía sus ojos a los últimos lugares de un reino que nunca volvería a ser suyo.
- Nada, sólo... sólo como mi vida se escapa sin que yo tenga valor para que mis dedos escriban otra historia.
Sería la última vez, Aurora se había ido hace minutos, segundos, horas de siete días, que Antoin sonriera en mucho tiempo.

lunes, 20 de noviembre de 2006

Nota del editor

Si oberváis que el escritor ha perdido creatividad o imaginación en estos últimos días, os estaría agradecido si lo comentarais. Está refriado en estos días y creemos que lo mejor es dejarlo descansar unos días, pocos, lo prometemos. Si alguna tiene alguna sugerencia, petición, comentario, crítica, serán bienvenidos. Y ahora dejemos a nuestro atribulado escritor descansar un poco y que disfrute de su merecido chocolate caliente. Por cierto, si alguien sabe lo qué significa atribulado, ¿ME LO PUEDE EXPLICAR? Gracias. Si alguien es adicto o adicta a este blog, intentaré encadenar a nuestro escritor que, no lo olvidemos, nos pertenece a la silla que lo conecta con las tranquilas calles de Cutrelandia y con el viaje iniciático de Aurora, una primera luz, a las calles de este reino que poco a poco empieza a convertirse en nuestro hogar, para que vuelva a contarnos sus aventuras y desventuras, que poco a poco también son las nuestras. Aunque seamos extranjeros, sentimos el único bar de este reino como nuestro. Esperemos que nuestro escritor, qué vergüenza, ponerse enfermo, pronto esté con nosotros.

En los ojos de Aurora II

Sé fuerte, se dice Aurora, sé fuerte, mientras se apagan las últimas luces de un reino que ha sido su hogar en los últimos meses. Un poco de miedo, pero ganas de volver a encontrar su lugar en el mundo. Buscar el sur, siempre el sur, caminar por algunos lugares que ha presenciado en sus libros y por otros que no parecen estar en ninguna parte. Sin miedo alguno. Si alguna vez queremos crecer, cuántas veces lo ha escuchado, debemos salir de casa, para que al volver nosotros seamos la casa a la que acudir, la cama en la que dormir. Pero echa de menos, ha pasado poco tiempo, echa de menos la sonrisa de Antoin, mientras camina hacia al sur. Las distancias no son tan grandes en estos días. Todo es posible en mundos de ficción: vivir en las palabras de desconocidos nos hace libres, acaso inmortales. Acaso, imagina, no son todas las historias de ficción verdad. Y piensa en la gente que ha de conocer, en las huellas que dejarán en sus días, en sus conversaciones, en sus silencios. Antoin le ha dado dinero suficiente para dormir donde desee, dinero suficiente para no tener problemas hasta llegar a su destino, pero todavía está lejos. NO importa el final, ahora no importa el final, sólo el camino; disfrutar de cada momento, de cada persona que nos encontremos en los días, de cada lugar que hayamos de recorrer, por el mero hecho de caminar sin dejar huella. Aunque sus dedos echen hoy de menos tantas cosas. Todo cambiará pronto, cuando, se dice, encuentre las primeras personas, cuando escuche las primeras palabras y disfrute de los primeros silencios. Y seré fuerte, como antes, entonces.

domingo, 19 de noviembre de 2006

Viaje a Cutrelandia en los ojos de Aurora I

Aurora esperó a Antoin entre las calles por las que tanto habían compartido noventa y nueve días y noventa y nueve noches. Supo entonces, porque lo habían leído en las historias que a ambos les hubiese encantado vivir, que debía marcharse entonces para encontrar su lugar en el mundo, un lugar al que un día, cansado de los días en que ahora estaba viviendo, Antoin acudiría, aunque fuera tarde. Sólo por el placer de mostrarle que él no había olvidado, si ella estaba delante sonreír. Pero ella debía partir, aunque sus dedos no pudieran escribirle un mensaje de hasta luego a Antoin, sólo una pequeña nota, siempre llego tarde a mi vida, que decidió conservar en sus bolsillos a modo de amuleto. Todas las palabras llevaban al sur, y ella, para volver a ser ella, también sabía que debía volver al sur. Al marchar, hace siglos, le decía a Antoin, perdí tantas cosas. Para reconocer después que había ganado otras tantas; pero era injusto, pensaba, una niña todavía de 23 años, elegir, aunque tal vez elegir, siempre lo hablaban en la cama, era la libertad de saber que sólo se puede crecer si dejamos atrás, aunque nos duela, algunas cosas. Antoin también había perdido el respeto, el amor de sus padres, que nunca entendieron que podía ver en una estudiante de HIstoria del Arte; si al menos, le decían, hubiese estudiado Periodismo. Pero no pudo ser: ahora la vida de Antoin había vuelto a la Corte, a unas caricias sin caricias, y al frío absoluto de dos cuerpos que se desconocen antes de tiempo. Aurora lo sabía, como sabía que debía irse: estar en esas calles era pensar en él, en su infelicidad, en labios que besaban labios sin alcanzar los dedos. Todo era frío en esos días y Antoin y ella, ya lo habían hablado, sabían, los padres la habían amenazado de que lo mejor era irse esperando que se volvieran a encontrar algún día al sur, más al sur. A su espalda, quedaba el reino en que había sido feliz algún tiempo, un reino que se apagaba en sus ojos mientras sus pasos se encaminaban hacia el sur.

viernes, 17 de noviembre de 2006

Antropología de los sentimientos II

- Hola, Antoin, dijo Aurora, y se hizo la primera luz de la mañana.

- Buenos días, Aurora. Todavía estás aquí. Pensaba que te habías ido. Todo es tan absurdo. Todo es amargo ahora. Todas las cosas por las que hemos luchado se van y yo no puedo hacer nada. Es absurdo.
- No deberíamos rendirnos ahora. Siempre dices que te he enseñado las cosas más importantes: amarte a ti mismo, el deseo de ser mejor persona y amar la vida. Y, ahora, me dices que deberíamos dejarlo todo.
- ¡Porque te vas! ¡Porque me he enfrentado a la vida que me han creado y he perdido! ¡Y no quiero que te vayas!
- Te esperaré siempre; te buscaré allá donde estés. Si alguna vez decides irte de aquí, escapar de tu vida. Te conozco: alguna vez lo harás. Siempre llegas tarde a tu vida, siempre, pero llegas. y sé que alguna vez te irás de aquí. Sabré entonces que debo buscarte.
- No lo sé, Aurora, me encantaría leer Palomar contigo, llorar las tragedias de Luba, escuchar cómo nos dicen el que tiene miedo nunca se enamora, y ver cómo escuchas a KIko Veneno mientras me miras. Al final, me dirás, no has tenido tanto miedo. Pero ahora lo tengo, y sé que no podré enamorarme. Y me duele, como me duele saber que mañana no estarás en mis brazos. Que mañana yo perteneceré a mi vida y tú, estarás, con lágrimas en tus ojos, y una sonrisa en los brazos de quien se acerque a ti. Y no seré yo. Y todo será más triste entonces.
- Te escribiré. Pensaré en ti tantas veces. Hay cosas que se saben, Antoin, y yo sé que eres tú. Y, alguna vez, también tú lo sabrás, escaparás de tu vida entonces. Iré a buscarte, no te preocupes. Alguna vez nos diremos: hola, mi amor, alegre llegas.
- Y si no tengo ese valor, y si llego tarde, demasiado tarde. Como tantas otras veces.
- NO te preocupes; no pasará. Además, yo ahora debo crecer, recorrer tantas partes de este mundo. Historia y arte, Antoin, historia y arte. Y un día, al volver, sonreirás de nuevo, como me has sonreído tantas veces. Tu sangre será roja entonces y mis labios azules. Y te hablaré, mientras me enseñas la mejor de tus sonrisas, y te dolerá, porque habrás dejado de sonreir durante tanto tiempo, de los lugares en los que he estado, de los chicos a los que no he conocido. De todas las veces que escribí en mi corazón: siempre llega tarde a su vida.
- Ojalá, algún día, pasaran tantas cosas. Ojalá me hicieras sonreír otra vez. Y dejara de ser, como tantos empiezan a llamarme, un príncipe amargo.
- No te conocen. Antoin, nadie te conoce. No dejes que nadie te gane. La vida es un estado de ánimo. No lo olvides nunca. La vida es un estado de ánimo.
- Tienes razón, pero todo es nostalgia ahora, melancolía de los días que no han llegado...
- Todo pasa, Antoin, todo pasa. Yo seré fuerte esta vez, si me prometes que la próxima vez tú tendrás la fortaleza necesaria.
- Lo intentaré, Aurora, lo intentaré.
- Y, ahora, deja que vea, una penúltima vez, tu sonrisa. Una última sonrisa antes de irme, antes de construir un mundo que mostrarte cuando volvamos a vernos. Una última sonrisa.
- Me encantaría tenerte entre mis brazos, acariciar tus pechos, saludar a la mañana en tu cuerpo. Una última noche, sólo otra noche más. Y saber que es imposible hace más difícil todavía esperar con algún ánimo el día que llega, la noche que se acerca.
- Pero tendrás ese ánimo, tendrás ese valor. Recuerda que volveremos a vernos, recuerda que te buscaré otra vez, acaso horas después de que un día escapes de tu vida.
- No quiero que te vayas. No quiero...
- Una última sonrisa, por favor, Antoin, una última sonrisa...


jueves, 16 de noviembre de 2006

Amargo soliloquio de los días que se fueron y vendrán

Cactus, Carlos, David y yo estábamos absolutamente sorprendidos. Acabábamos de descubrir que también Antoin, hace una vez, hace tal vez demasiado tiempo, fue humano, fue feliz y quería vivir en los días que nos llevaban a lugares conocidos. Conocidos y desconocidos. Y allí seguía, con palabras de un corazón derrotado acaso para siempre en un reino gris del que pudo salir un día pero en el que ha vivido durante tiempo. Y necesitaba contar tantas cosas, necesitaba expresar tantas palabras que ya creía olvidadas, así que siguió hablando mientras nosotros permanecíamos al lado de una chica que cada vez era más raíz de uno de los árboles que más amor había entregado en nuestros días. Y allí siguió contando una triste y amarga historia, la historia de los días que se fueron: y un día, nos dijo, decidí irme de un reino de caricias sin caricias, de besos sin besos, de miradas sin pupilas. Me pregunté en aquellos días en qué lugar debería acabar y busqué el lugar más al sur de todos los lugares, un pequeño reino del que no había oído hablar jamás, un reino donde los reyes podían cambiar cinco años, donde había un árbol que daba sombra y entregaba amor, unas calles donde nadie me conocería, aunque me conocieran un día. Y entonces supe que nunca, nadie, debería saber nada de Aurora, una de esas mujeres que tendrá siempre los mismos años, que pasará por esta vida, pensaba entonces, sin mancharse, sin ser nada, nada más que alguien que quiso porque sí, porque la vida se ofrecía a ello. Y la perdí, como he perdido todo aquello que me importaba, por no luchar por ello. Perdí cuanto quería y ahora sé que debemos arrepentirnos de lo que hemos hecho, no de lo que no hicimos. Y las palabras me queman la garganta, y su cuerpo sin vida me quema el alma. Como tantas veces me dijo, siempre llego tarde a mi vida, siempre. Y ahora, Aurora, estás a mi lado, y puede que me estuvieras buscando, puede que al final descubieras dónde había acabado yo, y vinieras otra vez, como en tantas otras ocasiones, a decirme, Hola, mi amor, ha llegado la mañana, aquí está Aurora, saluda al día. Aurora, mi primera luz de la mañana. Aurora, tantas veces. Y ahora estás aquí, y tus raíces son las raíces de un árbol que entrega amor, y tu luz empiezan a ser sus ramas. Y tengo frío. Y la noche, la noche cada vez me cansa más. Como tantas veces me cansó la vida. Tenemos, nos dijo, antes de quedarse sin palabras, de quedarse con todas las lágrimas de esa noche y muchas de las que vendrán, tenemos que encontrar a su asesino. Y todos le prometimos que sí, que haríamos todo lo posible mientras pensábamos si lograríamos, alguna vez, en los días que llegaran, que Antoin, una mañana recuperara, al menos, una pequeña sonrisa, una pizca de la vida que había perdido en los días que se fueron, en la tragedia de esta noche y en la incertidumbre de los días que pronto llegarían.


NOta del editor: interesante giro de los acontecimientos. El odioso, amargo Príncipe amargo, era humano, incluso había amado. ¿Tiene más secretos entonces? ¿Dice la verdad? ¿Quién es el asesino de Aurora? ¿Aurora? ¿Qué ha hecho esta mujer de 21 años desde que fue expulsada del reino de los brazos de Antoin? ¿Es Lisa la asesina? ¿Son los padres de Antoin los asesinos? Si hoy es jueves, ¿se acerca el fin de semana? ¿Descubrirán alguna vez los motivos del asesinato de Aurora? Preguntas, preguntas, preguntas. Hagan lo que hagan, se pregunten lo que se pregunten no olviden volver mañana a su cita casi diaria con el serial radiofónico (sin voz y radio) anteriormente conocido como VidaenCutrelandia. Anterior y actualmente, la verdad.

miércoles, 15 de noviembre de 2006

Una visita inesperada de lo más esperada

Carlos sabía que Antoin aparecería en algún momento de la noche. ¿Por qué? Como él nos dijo, porque lo digo yo y callar todo el mundo. Antoin, no podía ser de otra forma, tenía un semblante de lo más triste. Todo aquel que no lo hubiese visto jamás pensaría que acaba de perder alguna de las cosas que más amaba. Carlos se acercó a él y antes de que pudiera dirigirle una sola palabra Antoin le respondió: Yo no la he matado, no podría hacerlo jamás, pero la conocía. Cuando nos dijo que la conocía pensamos inmediatamente en Lisa de las Praderas, la chica que le había destrozado el corazón, pero, aunque estas vidas se habían cruzado en algún momento, nada más alejado de la realidad. Todos esperábamos ansiosos sus primeras palabras, aquellas que nos ayudaran a resolver un misterio que, muy a pesar nuestro, se había instalado en las calles de Cutrelandia. Y sus primeras palabras, fueron, no lo dudéis, las primeras. Y nos hablaban de un mundo que no conocíamos hasta entonces. Hace mucho, mucho tiempo (qué original), dijo, yo vivía más al norte, como casi todo el mundo, y mis padres, como a todo príncipe le impusieron una princesa, que no era periodista además, a la que debía amar todos los días y algunas noches. Pero no había princesas en mi vida, sólo alguna estudiante de Historia del Arte que se había interesado por la casa en que vivíamos, de ahí que empezara a concerla. Ella me abrió las puertas de casa que no conocía: mi padre que era y, todavía es rey, porque en ese país pasan cosas tan absurdas como ser rey por el mero hecho de haber nacido hijo de rey, parecía contrariado a medida que nuestra amistad aumentaba. Me enseñó tantas cosas: me enseñó ese cómic que tú, Carlos, tienes entre tus manos, un cómic que invitaba a vivir; me enseñó el mundo de la literatura y el hecho de que en este mundo, más allá de lo que nos enseñen, hay una cantidad de cosas por las que merecía la pena vivir. Al observar que nosotros parecíamos sorprendidos, siguió con su triste historia. Un día, sé que mis padres la obligaron a ello, tuvo que dejar el país. Mi vida estaba hecha y mis días pertenecían a Lisa de las Praderas, a la que jamás, aunque lo haya dicho siempre, amé, con la que jamás compartí nada, excepto conversaciones vacías y palabras que nos cerraban todas las puertas. NO quería que nadie supiera jamás que, más allá de Lisa de las Praderas, existía alguien extraordinaria que me había enseñado a quererme y a querer la vida. Y ahora ella está aquí, y el árbol que da sombra y entrega amor, ha encontrado alguien tan puro como ella, alguien que lo entregó todo perdiendo tantas cosas en el camino. Todos, mientras hablaba, empezó a llorar, guardábamos el silencio más absoluto. Ella se fue pero compartimos siempre libros, historias, que hablaban de lugares que no existían, de personas que eran ficción, de sitios, decía sonriendo, donde tú y yo, Antoin hubiéramos sido siempre felices, algunas veces tristes, donde nos hubiéramos amado. No pudo ser. Me casé con Lisa un día de domingo con sol en que ella ya no estaba conmigo. Y Lisa decidió, como venganza, acostarse con todos los súbditos de nuestro reino o, sencillamente, como siempre me decía, por devolver a nuestros súbditos lo que les habíamos robado. Nunca me importó: mis dedos pertenecían a las huellas que la mujer que yo amaba dejaba en mis libros. Y ahora no está. Como dejó de estar conmigo durante tanto tiempo en que mis días se apagaron, en que todo el amor que sentí por la vida se fue. Y, un día, estaba cansado, harto, la vida en mi reino no era nada excepto caricias sin caricias, besos sin besos, miradas sin pupilas, decidí irme iamaginando que jamás volvería a verla. Y ahora la encuentro aquí, a mi lado, muerta, y desearía no saber que no equivoqué en nada excepto en las cosas que más quería.

martes, 14 de noviembre de 2006

Bilonguis

Seguíamos reunidos allí, sorprendidos por la lenta a la vez que repentina transformación de una chica de la que no sabíamos nada, excepto que había llegado a las lejanas tierras del sur para encontrar una muerte horrible. Sus ojos, marrones, se habían cerrado definitivamente y cada vez parecía pertenecer más al árbol que tanto había amado la gente de esta ciudad. Es obvio, pensábamos, que tras este suceso su leyenda empezara a cambiar. Nunca se sabe, dijo alguien de nosotros. Poco podíamos hacer por la chica, de unos 33 años, excepto encontrar a su asesino, o asesina porque nada sabíamos hasta entonces. Cactus se dirigió hacia las escasas pertenencias personales, las que quedaban en su pequeña mochila y empezó a entender que todas estas pertenencias estaban de algún modo conectadas. Palomar y el lugar, Comala, donde transcurre Pedro Páramo eran creaciones literarias, no eran lugares reales, no existían, como tampoco existía, dijimos, El hombre invisible. Además, todos hacían referencia, de una forma u otra, a lugares del sur. ¿Qué significaban estas pistas, entonces? ¿Eran pequeños amuletos necesarios para alcanzar el sur? ¿Todo era irreal? Así lo parecía, a medida que el árbol y la chica se fundían cada vez más. Irreal como esta noche en que todos necesitábamos saber algo más de todo aquello que había pasado, qué estaba pasando. En la mochila también pudimos encontrar, al observar con atención una pequeña nota que decía: siempre llego tarde a mi vida, palabras que hacían todavía más inexplicable su muerte. ¿Por qué llegaba tarde a su vida? ¿Qué significaban estas palabras? Lo cierto es que era un trozo de papel por lo que debíamos preguntarnos dónde estaba el resto del papel y qué había escrito en él. Las pistas eran pequeñas, escasas y no nos llevaban a ninguna parte: lugares que no existían, un cuerpo que iba adentrándose por momentos en el árbol y un trozo de papel que no sabíamos quién había escrito. Como dijo Carlos, no sabemos si ella ha escrito ese papel. Estábamos pensando en todas estas cosas, cuando recibimos una visita inesperada.

lunes, 13 de noviembre de 2006

Sospechosos habituales

A la noche siguiente volvimos a las raíces del árbol que da sombra y entrega amor. El cadáver de la chica, tendría unos 25 años, seguía allí, pero su cuerpo parecía hoy más hundido en las raíces del árbol. Acaso el árbol, sintiéndose solo, necesitara de alguien que, sencillamente quisiera estar con él no por lo que representara, por lo que cada día o noche podía entregar, sino sólo por el color de sus hojas, por el olor de sus sombras, por las hojas que a veces caían en otoño, hojas a las que todos en esta ciudad, también yo, no podría mentir, besábamos por saber si algo del amor que caía de sus ramas podía llegar a nuestros labios. El árbol, el cuerpo de la chica olían a mandarinas, rosas, violetas, olor que parecía impregnar a todos los que estábamos más cerca, aunque no pareciéramos demasiado sorprendidos ya que este árbol había logrado milagros más absolutos. Si el crimen había sido brutal cómo no pensar en que el árbol deseaba entregar todo el amor del mundo a una chica que había encontrado la muerte en un lugar que no la conocía, un lugar al que no teníamos ni idea de por qué había llegado. Y allí estábamos: Cactus, mi diminuta Cactus, para resolver toda dificultad que pudiéramos encontrar, Carlos, filósofo y detective ocasional, David, profesor en zonas conflictivas en la España fraguista de la que venía por lo que el contacto con futuros criminales era algo habitual y yo, dispuesto a contar sus andanzas. Y todos, dispuestos a resolver el único crimen que se había llevado a cabo en las lejanas tierras de Cutrelandia, un sitio al que tantos llamamos hogar. Pensamos, en primer lugar, en aquellos que habían podido cometer el crimen y estas fueron nuestras reflexiones.
Carlos, parafraseando a Gila: Antoin, ¿por qué? Porque lo digo yo y a callar todo el mundo.
David, parafraseando a la ministra de Educación: es un hecho aislado. Aunque, añadió, si viviéramos en la España fraguista podría ser cualquiera de mis estudiantes. Cualquiera, repitió.
Cactus, parafraseando a Iker Jiménez: tal vez sea el amigo imaginario de Juan, Chema "YO hice una guerra".

Y empezamos a pensar en motivos, sospechosos, en la identidad de la chica. Tantas preguntas y tan pocas respuestas.

Hasta aquí, queridos lectores y lectoras, llega otro capítulo radiofónico de la serie conocida como Un crimen en Cutrelandia, folletín radiofónico de gran éxito, a causa de sus cinco lectores. Sí, señores y señoras, hemos ganado un lector más. ¿Qué pasará a continuación? ¿Conoceremos la identidad de la chica? ¿Sabremos realmente cuántos años tiene? ¿Sabremos quién es el culpable? ¿Descubriremos las razones por las que la chica ha llegado a estas tierras? ¿Volverá el profesor a la vida de Cactus? ¿Será Antoin culpable? ¿Será Antoin feliz? ¿Será Antoin rubio? ¿Moreno? Apuesten, apuesten: no perderán nada. Sueñen esta noche con dulces angelitos o diablos de lengua afilada pero, sobre todo, no olviden volver mañana a las tierras del sur para conocer más de este serial conocido como Un crimen en Cutrelandia. A lo mejor incluso nos encuentran por aquí.

domingo, 12 de noviembre de 2006

Coplas de la calle III

Queremos lo que hemos perdido,
cuantas veces lo he de escuchar,
otra vez llegué tarde a mi vida,
quiero tenerte ahora que no estás.

viernes, 10 de noviembre de 2006

Humo II

El barrio en que yo nací no existe;
se lo han llevado los ladrillos:
no hay calles más tristes
que las que ahora son pasillos.

Who by fire

A lo lejos, siempre cerca en estas calles, se escuchó un grito: tanta sangre. Ha sido asesinada. Cactus y yo, que disfrutábamos de una noche de calor en la plaza del pueblo, comprendimos que la mujer que gritaba estaba cerca del árbol que daba sombra y entregaba amor. Ambos corrimos en la misma dirección, conmovidos por el dolor de ese grito, y contemplamos una imagen que permanecería en nuestros ojos mucho tiempo. La imagen, teniendo en cuenta que ninguno de nosotros, ni siquiera Cactus, había presenciado jamás un crimen, resultaba dantesca. Cerca de nosotros estaba la mujer que había gritado, señalando el cadáver de una mujer que estaba a la sombra del árbol más querido de nuestras tierras. Poco a poco, mucha gente de estas tierras se acercó a la escena. Aquí, pensamos tantos de nosotros, jamás había ocurrido nada jamás, nunca. ¿Qué debíamos hacer entonces? Poco después de llegar, Carlos pareció tomar el mando; se acercó al cadáver de la chica, una chica joven, de unos treinta años, pensamos algunos, cuyos ojos, marrones, todavía abiertos transmitían, es extraño, dijo, tanta vida se dio cuenta de que era alguien que nadie de ellos, por ahora, parecía conocer. Otros miramos con la misma curiosidad y descubrimos, como él, que no era nadie que nosotros conociéramos, así que el misterio parecía aumentar. Una vez sobrellevado la tristeza de descubrir que el mal parecía haberse instalado entre nosotros, también había otros detalles que observar cerca del cadáver de la desconocida: llevaba un vestido de una pieza de flores, manchadas inevitablemente por la cantidad de sangre que había perdido. Alguien la había apuñalado. Y algunas partes de su cuerpo parecían, todo un hallazgo, perderse en las raíces del árbol. Cerca de su cuerpo sin vida, todos seguimos prestando atención, pudimos encontrar una pequeña mochila abierta cuyas pertenencias estaban desparramadas por el suelo. Un libro de Juan Rulfo, Pedro Páramo, dos tomos de un cómic llamado Palomar, algunos dvds de una serie que nadie de nosotros conocía, Everwood y un disco de Kiko Veneno, El hombre invisible.
Nos preguntábamos, mientras sus ojos marrones, tan repletos de vida, se iban cerrando, ¿quién era su chica? ¿de dónde era? ¿qué la había traído a estas tranquilas calles? ¿por qué tenía esas pertenencias? ¿por qué estaba su mochila abierta? ¿le habían quitado algo que llevaba? ¿quién la había asesinado? ¿podía ser alguien de nosotros?
Después de discutir, no demasiado, es cierto, decidimos que los mejores investigadores -aquí no teníamos ni policía, ya que jamás ocurrió nada- serían Carlos, porque filosofía y la investigación de un crimen a veces podían ser tan similares y David por su pasado en la España fraguista en la que era considerado un criminal por lo que suponíamos podría ponerse en la piel de uno de ellos. Cactus también sería necesaria por si en algún momento necesitaban la inmensa fuerza de su diminuto y hermoso cuerpo. Y también decidieron que yo les acompañara para narrar todo aquello que pudiera pasarnos en el desarrollo de la investigación. El rey nos dio su bendición y volvimos a acercarnos al árbol que da sombra y entrega amor para empezar nuestras, todos lo sabíamos, difíciles pesquisas, acciones que, esperábamos, nos llevaran a descubrir pronto al criminal. La tranquilidad, era nuestra intención, debía volver al sur, a las serenas calles de Cutrelandia.

jueves, 9 de noviembre de 2006

Vuelve Cutrelandia

Pues sí, queridos lectores y amadas lectoras, en estos días en que ha sido imposible conectar en forma alguna con las lejanas tierras del sur, sé que algunos de vosotros y vosotras habréis echado de menos las andanzas de la gente que ya se ha ganado un lugar en vuestro corazoncito, pero todo lo bueno, a veces incluso lo que no es bueno, se hace esperar. Algunos, algunas os habréis preguntado: ¿se enamorarán Carlos y Luisa, a la que tanto gente sigue llamando Luz? ¿seguirán David y Ana con sus primeras clases conjuntas de amor y pareja? ¿aparecerán oscuros nubarrones en la relación de Cactus y Jose? ¿Seguirá la amistad entre Eva y Juan o serán ambos devorados por el fantasma del amigo imaginario Jose "Yo hice una guerra" Mari en el intento? ¿Es Antoin el chico asesinado?¿Asesinato en las tranquilas tierras del sur? ¿Acaso se ha vendido nuestro amigo escritor, paradigma de honestidad, como una Luci cualquiera por un puñado de lectores?¿Volverá el árbol que da sombra a ofrecer amor a aquellos que a él se acerquen? ¿Habrá más de un bar en estas tierras? Preguntas, preguntas, preguntas a las que, por ahora, parece difícil contestar. De todas formas, respiren hondo durante unos segundos y piensen, para bien y para mal, las aventuras y desventuras de un grupo de gente en un lugar llamado Cutrelandia han vuelto. Sabiendo además que, después de haber interrumpido nuestro folletín diario durante una semana, es posible que, de cuando en cuando, puedan quedarse sin su dosis, casi diaria por problemas, que conste, ajenos a los redactores, meros transcriptores de los textos que Jose, uan vez escritor, enamorado ahora, nos envía cuando las condiciones se lo permiten.
Si on recuerdan mal, éstas fueron las últimas líneas que recibimos desde las lejanas tierras del sur: A lo lejos, siempre cerca en estas calles, se escuchó un grito: tanta sangre. Ha sido asesinad...

miércoles, 8 de noviembre de 2006

In my secret life

http://elbeso.blogsome.com
Me encantaría llamarme Marta...
Y que tú te llamases Javier...
Y que la gente nos llamase Marta y Javier.

Y que tus alas, al despertar, me hicieran cosquillas.
Y que me dijeras: Marta, aquí tiene, café con besos y magdalena. Levantarme entonces por rozar tus labios para acercar el día a mi mañana.

Y acurrucarme en tus pestañas, caer desde tus lágrimas. Y que alguien, a lo lejos, gritara: Marta, un momento, espera, se te olvidó tu vida.
Y que me digas, cansado de sentir mis uñas en tus pies, a veces me confunden tus raíces.
Y salir a la calle, para saber que si nuestra casa existe, es porque hay una ciudad con luces que recorrer cada día. Donde tú sólo existes en ausencia y Javier es un nombre que rara vez pronuncio. Y, si alguna vez saboreo tus sílabas, alguien, en la oficina, me mira perplejo. Qué sabrá todo aquel que sólo tiene un nombre, que sabrá todo aquel que sólo tiene unos labios.
Y dejar pasar mi tiempo, mis horas a la espera de mis horas. Contar los minutos que me llevan a casa mientras levanto mis ojos al cielo por si te veo. Para pedirte, como tantas otras veces, que me lleves en brazos a casa.
O llegar a casa sabiendo que me esperas en la puerta: Hola, Marta, hace cuanto tiempo, no me lo esperaba.

martes, 7 de noviembre de 2006

Heidi en Praga

Nos pide uno de nuestros lectores, que tiene una amiga en el norte de Italia, si podríamos publicar en este blog, una pequeña carta para ella. ¿Por qué no?, ha de ser siempre la respuesta. He aquí la carta y esperemos que la chica que, por lo que nos cuenta vive en un pueblo pequeño, muy pequeño del norte de Italia, pueda leerla.

Para Lisa

Praga, 1965. La vida en blanco y negro. El Puente de Carlos por el que has caminado en noviembre. Una postal y palabras. Siempre palabras. Hola y adiós. Vivir, ya lo dijimos, repitiendo a Salinas, vivir desde el principio es separarse. Y cartas que leer cuando llegan: el eco de una vida a lo lejos que, a veces, podemos sentir cerca. Lo bastante cerca como para volver a sonreír. Austria, ya te lo dije, está tan lejos. Una pequeña sonrisa, y la vida sigue. Y caminas por una ciudad desconocida hasta entonces, una hermosa ciudad, con frío en los brazos y curiosidad en los dedos. Los amigos siempre ayudan a ello. La libertad, lo dijimos también, de saber que no somos más que nosotros y a nosotros pertenecen nuestros días, la libertad de caminar por calles en las que no somos nadie, nadie más que alguien que disfruta de su tiempo, de sus amigos, de sus pasiones. Y sabes que hubo otro puente en tu vida, más al sur, mucho más al sur, y que te un día te dijeron hola. Para aprender entonces que todo hola lleva dentro un adiós, un hasta luego, un nos veremos pronto. La soledad de volver a nuestra propia vida y no encontrar a nadie en el camino. Y siempre, al hilo de nuestras conversaciones, Kiko Veneno: si tú no te das cuenta de lo que vale el mundo es una tontería. Y el mundo es Praga, es Tisens, es Sevilla, un río desde el que compartir una sonrisa, encantado de conocerte: la vida sigue; sigue, siempre, la vida. Besos y hasta pronto. Cuídate.

Economía

La economía española, indican todos los periódicos, casualmente españoles, ha crecido un tres por ciento. Una de nuestras colaboradoras nos plantea la siguiente reflexión. Si lo que dicen es cierto, por qué mi bolsillo sigue teniendo el mismo tamaño. Es más, si empiezo, algunos días incluso necesito comer, a comprar las cosas más elementales, por qué empieza a hacerse más pequeño. Si hay algún economista entre nuestros lectores y lectoras, sugiere ella, tendría, por favor, la amabilidad de explicárselo.

lunes, 6 de noviembre de 2006

Doce meses, doce causas

Como seguimos con los problemas derivados de la incomunicación con las conocidas tierras del sur, que unos llaman Cutrelandia, otros hogar y otros sencillamente ni llaman ni responden, nos valdremos de algunos de los correos que amablemente nos envían nuestros lectores y lectoras en este caso. Alguien, que dice llamarse lavieja, chico o chica, difícil de saber con esa identidad y más en un medio como es Internet, no envía una serie de reflexiones sobre los medios de comunicación de la España fraguista, sobre todo de los diferentes canales de televisión. Ha querido dedicárselo y así lo hacemos constar a todos los profesores y profesoras de este mundo que sobrellevan la difícil tarea de enseñar a las nuevas generaciones, al futuro, nos dicen, de España. He aquí la serie de reflexiones que nos han enviado y que gustosamente publicamos:

Enero
Presentado por un paradigma de la ética periodística, Mercedes Milá, Gran Hermano es el lugar donde podemos encontrar las personalidades más delicadas que por este país pululan, donde valores como honestidad, tolerancia, verdad, son el pan nuestro de cada día. Si los tienes, se reflexiona, nunca serás nadie.
Febrero
Destaca, por sus valores espirituales, El buscador. En los últimos días, nos dice Lavieja, se produjo la aparición de Encarna Sánchez, a través de una vidente, eso sí. Como podemos comprobar, por las palabras de la vidente, supimos de los amores y desamores de Encarna Sánchez. Sin palabras.
Marzo
Destaca, por sus grandes valores literarios, Aquí hay tomate. Recordamos, nos dice Lavieja, a muchos de nuestros lectores y lectoras, que, al contrario de lo que puedan pensar, Aquí hay tomate no es ni un programa de cocina ni un documental de la 2 dedicado a los pequeños agricultores. Algún día apareción información, contrastada, por supuesto sobre Federico García Lorca, y su asesinato. ¿Fue su familia? ¿Fueron sus primos? eran los enunciados. Pruebas: sólo la verborrea maravillosa de sus presentadoras, suficientes para toda persona de bien que habite en este país. A veces, incluso, recuerdan que Federico García Lorca fue uno de los grandes poetas españoles del siglo XX. Todo sea, dice Lavieja, por los estudiantes y su desconocimiento de la literatura española. Una labor, como podemos comprobar, encomiable. A veces.
Abril
El Programa de Ana Rosa Quintana, también conocida como... (aquí nos hemos visto obligados a ejercer la censura ya que no eran los términos apropiados para el horario infantil). Afirma Lavieja que los valores lingüísticos de sus colaboradores alcanzan cotas altísimas y expone algunos ejemplos: Pienso de que algunos participantes lo están haciendo muy bien; No me habléis así que me vais a volver panasónica, panasónica de verdad... Nos hemos visto obligados a eliminar muchos ejemplos porque si no, la lista habría sido infinita.
Mayo
Dónde estás, corazón. No no es el título de una película americana de serie b. Ni de serie b, ni a ni c. Es el nombre de un programa que una de las cadenas de televisión privadas la noche de los viernes. Son pocas horas: tal vez cuatro, cinco, pero todo sea por conocer la vida privada y los pensamientos de los individuos más excelsos de esta raza que nos empeñamos en llamar humana. Son apreciables sus valores humanos y también lingüísticos: la argumentación y la discusión razonada son los argumentos principales de estas noches de viernes tan sensibles. También se puede escuchar algún grito, pero no nos hace eso, reflexiona, Lavieja, más humanos.
Junio

La dolce vita. Al hilo de la película de Federico Fellini se muestran las miserias y virtudes, si las hay o hubiera, de periodistas cuya lengua suele ser símbolo y metáfora de aquello que se ha dado en llamar periodismo de investigación. ¿Dónde está la investigación? Queridos lectores y lectoras, no me sean ingenuos, o ingenuas en su defectos: es lo que vosotros y vosotras debéis investigar. Nos cuenta Lavieja que si lográis descubrirlo por favor le envíen una carta. Se mostrará, suponemos, agradecido a la par que asombrado. La diferencia entre el programa y la película, termina de decirnos, es que no podemos encontrar la mano de Fellini en ningún sitio, la elegancia de Mastroianni parece haber desaparecido, la actriz Anita Ekberg no aparece en ningún momento y la Fontana di Trevi ha sido sustituida por vasos de agua. Al fin y al cabo, hay que apostar por la ecología ¿NO os parece?
Julio
Operación triunfo. Nos da a conocer las canciones y la excelente música que podemos encontrar en las emisoras de radios más desconocidas. Se suele premiar el desarrollo individual de cada participante ya que las piezas que estos cantan suelen ser creaciones suyas. Si no lo son tampoco debería molestaros, queridos lectores y lectoras. Sus interpretaciones son tan personales que apenas podríamos diferenciarlas de sus verdaderos creadores o creadoras. Un ejercicio de autoestima, nos dice Lavieja, para las jóvenes generaciones españolas que saben que, con su solo esfuerzo, podrán alcanzar el éxito en cualquier actividad y, o academia que se propongan.
Agosto
Rebelde. Serie de extraordinarios guiones y situaciones con la que los jóvenes de hoy en día pueden encontrarse la mayoría de las veces. Seamos sinceros: ¿quién de nosotros, en algún momento de su juventud o, es más, adolescencia, no ha sido rico, ha vivido en un internado para niños pijos, ricos y REBELDES, eso sí? Os veo, ahora, lectores y lectoras, contemplando vuestros rostros ante el espejo y asintiendo. Es cierto, también yo, una vez fui, rebelde, sí, yo fui rica pero mis padres no me querían. Sólo me daban dinero y, eso sí, mantecados en navidad. Ah, me siento tan sola...
Septiembre
SMS. Más conocido como Sin Miedo a Soñar. Una serie que, como uno de sus capítulos se titulaba Mola Mazo. Algunos y algunas, gente sin alma ni decencia, ha visto en ella semejanzas, similitudes, parecidos con otras series como Rebelde o Rebelde Way. Nada más lejos de la realidad.
Octubre
En algunos informativos aparecieron imágenes de las agresiones de un chico de secundaria a un profesor. ¿Es posible que se les pagara a niños de quince años por las imágenes? ¿Y qué? Si es así, son profesionales que bajaron de los 100 euros iniciales a 20, verdaderos profesionales entonces de la verdad. Todo sea por nuestros espectadores. Las reflexiones del presentador podrían ser consideradas, simple y sencillamente, como geniales. ¿En qué clase de sociedad nos estamos conviertiendo? ¿Es esta generación el futuro de nuestro país? ¿Por qué pagar 20 euros cuando yo hubieran conseguido las imágenes por 5?
Noviembre
Pocholo Ibiza 06. Clasificado en la página web de la cadena como docu-soap, término que, como diría Groucho Marx, hasta un niño de cinco años entendería, (Groucho, por favor, si has terminado de preguntar al niño de cinco años, dile que venga, por favor, quiero saber qué c... significa docu-soap). En esencia, si tienes una sandía, hablas un español que parece inglés porque no hay quien lo entienda. Ah, perdón, me cuenta alguno de mis colaboradores que no es inglés sino español pijo. Gracias. En fin, si tenéis una sandía y habláis un español que no hay quien entienda, no os preocupéis demasiado, podréis salir en la televisión, ser imagen y, a veces, increíble pero cierto, deseados. Cosas más raras, vuelve a insistir mi colaborador, se han visto.
Diciembre
La televisión es una de las cosas más culturales del mundo. Cada vez que alguien la enciende, me dan ganas de leer un libro, dijo Groucho Marx. Amén, dice Lavieja. ¿Quién podría decir otra cosa?, añadimos nosotros. Besos, abrazos y saludos para todos y todas. Y una última advertencia. Si salen a la calle, lleven paraguas. En el sur sigue lloviendo.

domingo, 5 de noviembre de 2006

Miedo

Para Marlène
- Devoraré todo tu cuerpo, dijo el Lobo.
- Si me arrancas primero el corazón, respondió Caperucita, seré tuya para siempre.

No pudo evitarlo: se adentró en el bosque mientras Caperucita, sabiendo que no volvería a verlo jamás, derramaba una sonrisa amarga.

sábado, 4 de noviembre de 2006

Problemas técnicos

A la espera de recibir nuevas noticias de Cutrelandia, de la que hace varios días que no sabemos nada, aparecerán en estos días una serie de pequeñas historias que nos han enviado nuestros lectores y lectoras a los que, por supuesto, debemos mostrarnos realmente agradecidos ya, que sin ellos y ellas, poco podríamos contar. Antes de pasar a estos pequeños relatos, cartas, cuentos, noticias, todo aquello que quieran enviar, nos gustaría comentar que mucha gente echa la culpa de la escasez de noticias que nos llegan desde el sur a la censura, organizada de forma disimulada pero real por los 142 años de un Fraga que todavía repite: la calle es mía, las casas también (la especulación ha llegado en estos casos a límites brutales) y tal vez tenga razón. ¿Es culpable esta censura de la ausencia de noticias de Cutrelandia? ¿Tienen la culpa las deficientes comunicaciones que apenas se encuentran en el sur, muy muy al sur? ¿Es culpable Jose, el periodista que nos enviaba casi a diario estas historias de su ausencia ahora que, como él nos reconoció está viviendo? ¿Habrá aprendido que si se vive no se está escribiendo? ¿Es Cactus la culpable por no dejar escribir a Jose por, digamos, razones vitales? ¿Si la calle es de Fraga, son los pantanos de Tito Paco?¿Quién ha sido asesinada o asesinado en esas calles? ¿Son, tal vez, dos las líneas de investigación y una de ellas la lleva nuestro detective privado preferido, periodista en ocasiones, Jiménes Losantos? ¿Volverá el árbol que da sombra a entregar amor? ¿Quién es el asesino o asesina si realmente se ha cometido un crimen en uno de los reinos más pequeños de los que podemos tener noticia? ¿Estamos realmente solos o siempre alguien, al otro lado de la vida, al otro lado de la esperanza, sin que lo sepamos, se preocupa por nosotros? Es obvio, podrá decir la gente que nos lee, que si el sur existe es porque existe el norte. Tantas preguntas sin respuesta, tantas casas sin una puerta abierta, tantas calles sin recorrer: volveremos pronto, con las historias de nuestros escasos lectores y lectoras, a los que siempre, repetimos, estaremos tremendamente agradecidos, no lo duden, pero ahora la vida espera.

jueves, 2 de noviembre de 2006

¿Quién mató a...?

Por cuestiones técnicas, nos vemos incapaces a saber cómo continúa un texto que comenzaba así: A lo lejos, siempre cerca en estas calles, se escuchó un grito: tanta sangre. Ha sido asesinad... Ha sido imposible continuar con la lectura de estas líneas. Muchas pueden ser las causas: el acceso a Internet y a los papeles que nos envían desde Cutrelandia se ha perdido, una razón muy probable; otra de estas razones es que también en calles como las de este pequeño reino al sur de todos los lugares la censura haya podido con la libertad de expresar con total libertad las vivencias en estas plazas. Cuanto podemos hacer es diculparnos ante nuestros fieles lectores y lectoras y rogar porque todas las líneas de comunicación vuelvan a la normalidad, para volver a traerles sin molestas interrupciones las aventuras y desventuras, vidas, muertes, asesinatos, diálogos, silencios, gestos, caricias, miedos, sombras, árboles que entregan amor, de un pequeño reino al sur de todas las cosas en el que, como en tantos otros sitios, de cuando en cuando, incluso pasan cosas. Lamentamos de nuevo los problemas que hayan podido causar estos problemas a quien casi día a día pasa por aquí para conocer las historias de un pueblo que no mucha gente conoce. Como usted sabrá, Sorel, el extranjero, sea al sur, sea al norte, queda siempre tan lejos...

Coplas de la calle II

Para Fani
Se gana lo que se pierde.
Se pierde lo que se gana.
Tuve un amor con caricias.
Ahora no tengo nada.

miércoles, 1 de noviembre de 2006

There is a light that never goes out

- Muchas gracias, dijo Luisa, por enseñarme esta tierra en los primeros días. Siempre es de agradecer que alguien te muestre tus nuevas calles, tu nuevo, espero, hogar.
- No te preocupes, respondió Carlos, parece que esa es mi función en estos días. Ha llovido tanto que acercarse a la pequeña plaza para hablar, ser escuchado y escuchar era imposible, sólo conversaciones en estos bares. Por cierto, supongo que has hablado con Antoin. Te encuentro un poco triste.
- Sí, cosas de la inexperiencia. Sé que me lo advertisteis pero parece que una sólo aprende si comete los errores por su cuenta.
- No te sientas mal. Ya te dijimos que todo el mundo lo hace. Normalmente el primer sitio que visitan es la casa de Antoin. Las sombras siempre atraen, aunque sean para buscar poco después la luz.
- Sí, eso parece. Salí asustada; una parte de mí, algo bajo mi piel todavía me dice: la vida no vale nada, todo es gris, por qué vives. Aterra un poco.
- Es terrible, pero poco a poco, Cactus puede decírtelo, sabrás salir de ese nudo en el estómago. Y todo quedará como un mal día.
- Todo el mundo, me dijo, lo culpa que el árbol que da sombra ya no entregue amor. Es injusto, ¿no?
- Probablemente, pero siempre necesitamos alguien a quien odiar. Alguien a quien temer para imaginar que este mundo tiene algún sentido.
- No deja de parecerme curioso, Carlos, que mucha gente acuda a ti para pedirte consejo, para escucharte consejo, para leer entre líneas y saber de la vida.
- No deja de ser irónico. Me expulsaron por mis ideas de la Universidad, de la cátedra Juan de Mairena, y sólo repito lo que dicen mis estudiantes, lo que dice la gente de esta tierra en la calle. Todo es saber escuchar, callar y saber escuchar. Ahora doy clases, podríamos decir, en la plaza. Escuchar las cosas que pasan en la calle.
- También tú tuviste que huir...
- Fue hace tiempo, y hubo suerte, así que no debo quejarme. Mucha gente acaba aquí, en esta tierra olvidada por todos y consigue ser feliz. Yo he logrado estar tranquilo. Es suficiente para ti.
- Me encanta hablar, aquí, ahora, contigo. En las pequeñas líneas del libro que encontré hablan, de forma breve, de muchas cosas, también de ti. No me arrepiento de estar aquí, aunque a veces el nudo en el estómago me duela en el corazón.
- No es una tierra muy grande, pero los pequeños lazos que se van creando parecen no desaparecer nunca. Como una luz que nunca muere.
- Así debería ser. Vengo de una ciudad con luces, con todas las comunicaciones disponibles a tu alcance, con los sonidos más anodinos, una ciudad en lo que más difícil parece ser hablar. Aquí hablar parece casi un rito, algo sin lo que no podéis vivir.
- Recuerda, Luisa, que aquí sin apenas comunicaciones, hablar es nuestra forma de ser sociales, de conocernos, de contarnos historias. De vivirlas después.
- Historias para contar, historias para vivir, supongo.
- Sí, Jose suele decir que se escribe porque no se está viviendo. A lo mejor tiene razón. hay que vivir, después contar, dice.
- A lo mejor: yo vine porque se contaba una historia y quería conocerla. Quién sabe.
- Ya es de noche, casi las dos de la mañana.
- Increíble: hemos estado dando vueltas y vueltas y creo que todavía no me has enseñado el famoso árbol del que todo el mundo habla.
- Debería hacerlo pero ahora es imposible. Hay muy poca luz.
- Pero hay luces que no mueren nunca. En mi ciudad hay luces para que la noche siga siendo día, y las conversaciones se apaguen con las primeras horas de la mañana.
- Cosas como esa son imposibles en este pequeño reino olvidado, donde se ve una película cada dos meses, no hay cobertura para móviles y el acceso a Internet parece imposible. Sólo tú, yo, y la luz de la luna.
- Otra luz que tampoco parece morir. Luna y sol, día y noche, un paseo, palabras y, a veces, un nudo en el estómago. Mis primeros días en estas tierras del sur.
- ¿Sabes por qué todo el mundo teme a Antoin?
- ¿Hay algo más?
- Creo que conoces, seguro que él te la ha contado su historia: su princesa prometida se acostó con cada súbdito. Cuando llegó aquí no quería saber nada de nadie, quería, simplemente, morir en paz pero, por ahora, no ha podido ser. Un día se acercó al árbol y, poco después, chicos que llegaban al árbol para pedir que chicas se enamoraran de ellos descubrían que estas estaban enamoradas de otros, y chicas que querían a chicos descubrían que estos no tenían el más mínimo interés en ella. Necesitan, es obvio, aunque injusto, tienes razón, alguien a quien odiar.
- Es extraño. En mi ciudad con luces, algunas noches, cuando salgo, voy a discotecas y sólo bailo toda la noche, nunca hablo con nadie. Y aquí me tienes hoy, al sur de todos los sitios, con poca luz, conversando durante horas con alguien que no conocía hace un mes. La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida.
- El olvidado placer de hablar por hablar sin otra cosa que las palabras.
- No hace mucho frío. Y es bueno estar aquí.
A lo lejos, las luces del único bar de esta tierra se apagaban. Era hora, pensaban algunos, no todos, de ir a dormir, de descansar para volver mañana al mundo, con ganas, con el deseo renovado de volver a pisar unas calles que muchos no dudaban en llamar hogar.

martes, 31 de octubre de 2006

Cosas que pasan en la calle

Pasan, una semana de lluvia ya, nubes que dejan alegría en muchos de los habitantes de Cutrelandia y agua en muchos de los vasos que han de beberse en meses posteriores: cuenta la gente, los más viejos, más sabios a veces, que hace mucho, mucho tiempo, la gente solía desnudarse en estas primeras lluvias, agradecidos por el agua que llegaba, que nunca era mucha.
Pasan parejas: David y Ana, que se acercan al colegio de esta sin ningún miedo: aquí los niños pueden sentirse emocionados ante cualquier atisbo de vida, de cultura: aprender a leer, la primera letra, la primera palabra sigue siendo para ellos el más grande de los misterios. Muchos de ellos, al leer esa primera palabra, llevarán a sus labios otra: gracias. Ana empieza a saber que este es ahora su hogar. Pasan Juan y Eva, lejos de cualquier adicción, sus palabras hablan de serenidad, calma, de amistad inesperada: estas semanas se han sentido más cerca el uno de la otra para alegría de una gente, la de este reino, a la que le gustaría ver, después de lo que han pasado, a ambos tranquilos, incluso, si es posible, felices. Ahora se les puede ver en el único café de la ciudad, compartiendo palabras, silencios, un gestos, muy de cuando en cuando una caricia. Muchos se preguntan, desean que mucho sea el bien para los dos. Pasan Carlos y Luisa, a la que algunos siguen llamando Luz, y Luisa se muestra un tanto apagada, después de la visita a la casa de Antoin, al que invocan las madres cuando sus hijos no quieren comer nada.
Pasan Cactus, su diminuto cuerpo, su pequeña sonrisa, y Jose, deseando, son, hay que recordarlo, las primeras horas de la mañana, tomar un café, un chocolate, unos churros, una caricia, algunos besos, ánimo para el día que comienza y todos los días que vendrán. Pasa un hasta luego, nos veremos esta tarde, empiezo a quererte, te quiero, te esperaré: Leonard Cohen, Marvin Gaye y yo, no soy celoso. Pasan las piernas de Cactus, la mirada de Jose mientras se va, un último suspiro.
Pasa gente que habla de los lugares que han tenido que marchar para acabar en estas calles que nadie parece conocer, en las que uno parecen haber encontrado su segunda casa y otros sólo han encontrado un exilio más doloroso del que pudieron imaginar. Tantas historias que se nos cuentan, tantas cosas que se imaginan. Pasan los días, la gente, pasan historias aunque de algunas de ellas cuanto tengamos sea un recuerdo leve, fugaz, que nos estremece los dedos sin saber por qué.

lunes, 30 de octubre de 2006

Azul oscuro casi negro

Llamaron a la puerta y a Antonio le pareció un engaño de su imaginación, la última vez que llamaron fue hace más de seis meses pero pronto supo que realmente llamaban porque estuvieron golpeando la puerta durante algunos minutos. Una visita, tal vez no supiera qué debía hacer, pensó, mientras abría la puerta. Al otro lado de la puerta había una chica joven, de unos treinta años, como yo, se dijo, aunque nadie que lo viera podría decir que todavía no había cumplido los treinta, porque las sombras de sus ojos, de su piel lo acercaban a los cincuenta y más.
- Hola Luz, ¿qué te trae por aquí?
- No, no me llamo Luz, aunque mucha gente en estas calles empiece a llamarme así. Me llamo Luisa.
- Perdón. Luisa, ¿qué te trae por aquí?
- La verdad, no lo sé. Supongo que...
- Querías hablar con el hombre del que todo el mundo habla, el hombre de moda, el hombre de gris.
- NO lo sé, tal vez, simplemente pasaba por aquí y sentí la necesidad de acercarme, de hablar contigo. Es un poco extraño. Un nudo en mi estómago me decía que me acercara...
- No pasa nada. Todo el mundo, cuando llega a este reino, se acerca a mi puerta. Suele ser la primera visita que hacen. Hay algo en esta casa que atrae a toda la gente. ¿Quieres pasar? Te invito a un café.
- Gracias, no sé si será una molestia.
- Seguro que no, hace un montón de tiempo que no hablo con nadie. A lo mejor hasta es bueno.
- ¿Por qué no? Un café.
- Entremos entonces.
La casa, Antoin lo sabía despertaba la curiosidad de todos los que allí entraban: paredes de tonos apagados, escasos muebles, una música a media voz, circunstancias suficientes para que el ánimo de la gente que se sentaba a tomar un café se fuera apagando poco a poco, como habían apagado sus días. Príncipe un día, amargo en estos, la vida, siempre injusta, lo había condenado a no ser nadie. Tardó unos cinco minutos en preparar café y Luz, no, Luisa lo miraba con intensidad. Tal vez deseara realizar la pregunta qué todo el mundo le hacía pero Antoin preguntó primero:
- ¿Qué te trae por aquí, por estas tierras olvidadadas del tiempo? ¿Un amor, un desamor, un sistema político? ¿La necesidad de escapar de todo?
- No lo sé, unas líneas, dijo Luisa, un nudo en el estómago. Muchas cosas y ninguna, supongo. Y a ti, ¿qué te trajo aquí?
- ¿Cómo? No puedo creer que no lo sepas, toda la gente lo sabe en estas tierras. Un amor desafortunado, una mujer que durmió con cada súbdito de su reino, cuando yo era príncipe. Un amor desperdiciado.
- No tenía ni idea, no pregunté a nadie. Lo siento. Debe ser duro.
- ¿Duro? Estar en una tierra que me prometí no visitar jamás, con una gente que me culpa de casi todas sus desgracias, que apenas me hablan. Lo creas o no, se puede sobrellevar.
- ¿Cómo puedes soportarlo?
- Ley de vida. El tiempo no es ilimitado. Cada tragedia tiene su tiempo, y la mía es pequeña, diminuta. Y pasará, como pasaré yo. Como pasarás tú. Como pasará todo el mundo.
- Visto así, tienes razón. Pero no crees que por eso debes buscar la vida...
- ¿Disfrutar de la vida? ¿Buscar el amor y que no me encuentre? Ya he estado ahí, es patético. La vida es la peor de la tragedia. NO hay más color que el negro. Todos esos colores, esos juegos absurdos, literatura, arte, cine, el amor, no son sino disfraces para engañar a la muerte. Nada vale nada.
- Pero nosotros estamos aquí, vivos, y somos injustos si cuanto hacemos es quejarnos de esta porquería de vida. O se vive o se muere. Pero no podemos vivir para desear morir.
- ¿Quién lo dice? Un día tú y yo, que tomamos café ahora, estaremos en otro lugar. Y nadie se acordará de nosotros cuando hayamos muerto. Es como ese estúpido árbol que da sombra y entrega amor. Amor, ¿de qué tipo? ¿a quién? Yo nunca se lo pedí. Y aquí estoy, en esta casa en sombras, alejado de todo cuanto me define porque un día, una vez, la vida me quitó todo lo que me pertenecía.
Antoin hablaba y hablaba sin darse cuenta de que minutos antes Luisa, acaso cansada de tanto desánimo, de tanto cansancio de vida en palabras, se había marchado en silencio, sin despedirse de él, algo no muy soprendente, ya que sus últimos tres visitantes, Carlos, Cactus y alguien que vino de lejos para hablar de gente que amaba bajo estos árboles, habían hecho lo mismos. Irse cuando él, una y otra vez, con insistencia atacaba la vida, cuando la vida lo había atacado antes tantas veces. La soledad, pensó, es la más fiel de todas las mujeres, mientras sorbía con desgana las últimas gotas de un café tan negro como su corazón que, en momentos como estos, tanto echaba de menos su norte.