jueves, 17 de agosto de 2006

Cosas que hacer en Cutrelandia

Muchos de mis amigos parecían sorprendidos de que yo perdiera en medio de estas montañas que conducía a ninguna parte. ¿Vas a Cutrelandia? Pero, ¿estás loco? Hay veces en que pienso que tienen razón. ¿Que trae a un hombre medianamente inteligente (Subrayemos, por favor, medianamente) a un lugar con un nombre como ése? Un nombre que en ocasiones hace justicia a lo que encontramos. Sin embargo, hay otras en que uno tiene la sensación de que alguien decidió llamar así a esta tierra para que nadie se acercara a ella por disfrutar de mucho de los pequeños placeres que puedes encontrar aquí.
Es obvio que es una tierra olvidada por el tiempo. Menos de tres mil personas y una familia real que hace las delicias de sus habitantes que todavía creen que la sangre azul es una razón lógica para ser diferentes. Algunas leyendas cuentan que si alguna vez hubiera sequía bastaría con que un príncipe cualquiera virtiera su sangre sobre el lago que hay hasta convertirlo en agua. Es obvio cuál es el príncipe favorito para esta cuestión. Dos pájaros de un tiro, se dicen entre sonrisas.
Una tierra olvidada por el tiempo con un cine cuyas últimas dos películas han sido El apartamento y La noche del cazador. El color en el cine parece un milagro para ellos. Cuando les dices que hay películas en color te miran con una sonrisa burlona e incrédula. No deja de ser paradójico cuando muchos de ellos tienen móviles con color. Claro que la cobertura en esta tierra es prácticamente un milagro. No creo que haya más de un metro de tierra con cobertura así que las funciones del móvil se reducen a la de alarma.
Conocer a alguien no es demasiado difícil ya que sólo hay dos bares en Cutrelandia y una cafetería que, casualmente, pertenecen al alcalde que, a su vez, es el bibliotecario por lo que, a veces, puedes encontrar a muchos de estos ciudadanos leyendo un libro cualquiera mientras se quejan de los problemas más insignificantes al alcalde. Decidieron, me dicen, que el alcalde sería el que conociera más personas de esta tierra. Y, obviamente, no podía ser otro que alguien con dos bares y una cafetería. Siempre repite que aunque sean pocos ciudadanos quiere que sean leídos.
Pasear por las montañas también es una opción aunque a veces puedes encontrarte aquel vecino del que hemos hablado alguna otra que vez y sus amigos imaginarios. Si te presenta a algunos de sus más cansinos amigos imaginarios el viaje puede ser agotador y no hay un momento en que puedas disfrutar de las impresionantes vistas. Una pena. Algunos de sus ciudadanos han subido a la montaña sólo por leer un libro y han vuelto con sus dedos congelados.
Y la tranquilidad, la tranquilidad siempre está ahí. La tranquilidad de escuchar las miles de historias de la gente de fuera que ha venido aquí por diversas cuestiones: refugiados políticos que han encontrado aquí su hogar, gente que ha venido por desamor, gente que no quería ser encontrada. La tranquilidad de escuchar sus historias y escribirlas. Escribir la vida a veces puede ser una respuesta. Aunque nunca sepamos cuál es la respuesta.

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