sábado, 12 de agosto de 2006

Una cita

Es increíble. Para dos bares que hay en Cutrelandia, me voy al que no es. Y ahora que intento llamar a Cactus para decirle que llegaré tarde, no hay cobertura. La cantidad de cosas inútiles que hay en nuestras vidas. Si tiene algún interés esperará, supongo. Sólo hay unos quince minutos de un bar a otro. Intento darme prisa y es patético: no recordaba que mi forma física fuera tan patética. Llego exhausto al otro bar y Cactus está sentada observando el horizonte lejano, las montañas que rodean la ciudad; se gira entonces un momento y uno no puede dejar de obsrevar sus inmensos ojos verdes. Y una sonrisa todavía infantil que hace de ella una de las mujeres más atractivas que hombre alguno haya conocido en su vida.
- Hola, le digo. Siento la tardanza. Me equivoqué de bar.
- Menos mal que sólo hay dos. Si no, me habría ido.
- Espero no haberte hecho esperar demasiado.
- No te preocupes. He llegado hace tres minutos. No sabía si...
- No pasa nada. Pero me alegra que estés aquí. Por cierto, si no es mucho preguntar, ¿qué haces aquí? Podrías estar en cualquier parte y serías admirada, querida y sin embargo estás en medio de ninguna parte. No lo entiendo.
- Es donde quería estar. Aquí nadie parece saber de ti, de las cosas que te han pasado. La tierra olvidada por el tiempo, creo que dijo alguien. Es donde merezco estar.
- ¿Por qué dices eso?
- No lo sé, sinceramente no lo sé. Pero es lo que creo. No creas que es duro estar aquí. Al principio, cuando estaba deprimida y vivía en la calle del Príncipe Amargo y su secta, fue duro. Cuanto oyes en la calle es queda un día menos para el fin. Un día menos. Y todo parece gris. Era lo que yo quería pero después me di cuenta de que todos merecemos algo bueno. Lo merecemos.
- Hay que caer y levantarse, y seguir. Es lo mejor.
- Y ahora yo me he levantado. Nada de supernenas, sólo Cactus, una chica normal.
- Con unos inmensos ojos verdes.
- Y ¿por qué acabaste tú aquí?
- Le prometí a alguien que vendría. Es divertido: cuando llegué se había ido. Se cansó de esperar.
- Siempre nos cansamos de esperar. Incluso yo. Creía que Utonio vendría en algún momento. Pero me equivoqué. Y aquí estoy, siendo feliz a veces. Cansada de tantas cosas, pero deseando tanto otras.
- ¿Qué cosas son las que deseas ahora?
- Amor. Amor verdadero. Ese amor que te cala en los huesos y te despierta con una sonrisa estúpida a las cinco de la mañana.
- Uaun. No creo que tardes demasiado en encontrarlo. Aunque la gente de este lugar no sepa quién eres. Eres de ese tipo de chica con la que uno quiere estar aunque no salga con ella.
- Gracias. Es muy bonito.
- Claro, cinco años de universidad valen para aprender a hablar. No creo que para mucho más.
- Sería genial encontrar alguien que me haga reír, con el que hablar de tantas cosas. Las pocas conversaciones que teníamos el profesor y yo eran sobre villanos, salvar el mundo. Y le hicimos saber que estaba equivocado. El único modo de salvar el mundo es que cada cual tome su propia responsabilidad. Creía que todo el mundo era bueno; también yo, antes. Acabé cansada de hacer el trabajo de otros.
- ¿Y mantienes el contacto con las otras supernenas?
- Pocas veces, cuando la cobertura del móvil me deja. Respetan mi decisión y no vendrán aquí a menos que se los pida. Son geniales pero saben que estoy aquí para crecer. Cuando crezca, cuando sea yo, decidiré si vuelvo, si me quedo, pero será mi decisión.
- Ojalá yo tuviera las cosas tan claras. Estoy aquí porque no sé dónde ir. Ni idea.
- Es bueno que estés aquí. Es bueno tener alguien con quien hablar. O que te escuche.
- Gracias. Sabes, deberíamos tomar algo. Llevamos un rato aquí y no hemos pedido nada.
- Prefiero, si no te importa caminar. Me encanta conversar caminando. Es como pausar el ritmo de la conversación. Y vemos un poco de esta tierra. Nos quejamos mucho pero tiene rincones preciosos. Venga.
- Vale. Tú serás mi guía. Vamos adonde quieras. No puedo tener mejor guía.
- Además, con estos inmensos ojos verdes será fácil encontrar lo que busco.
- Claro que sí.
- A veces nos olvidamos de las cosas más obvias.
- Obviamente.
- JAJAJAJAJAJAJA. Alguien que nos haga reír. ¡Qué razón tenía!
- Bueno, caminemos un poco.
- En cuanto quieras.
-

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