domingo, 6 de agosto de 2006

Voces


Hoy sería más apropiado dar la oportunidad de dejar hablar a algunos de los habitantes más conocidos, para bien y para mal, de esta tierra que tantos dan en llamar Cutrelandia. Uno de ellos, Atoin de los Lobos, llegó de tierras extrañas en las que, según dicen, estaba sentado, sin hacer absolutamente nada durante horas y horas. Tal hastío le envolvió en una espiral de aburrimiento y dolor al que también le llevó el abandono de su prometida Lisa de las Praderas. Solo y triste, se convirtió en el Príncipe Amargo, cuyo roce podía hacer que la gente cayera en una especie de insensibilidad para con los demás que ha convertido su calle en una especie de lugar gris y solitario al que van a vivir aquellos que no quieren más en vida y, sintiéndose culpable por errores de juventud, quieren dejar pasar todo hasta la inevitable llegada de una zona más gris todavía. Una de las frases más empleadas por los seguidores de este Príncipe Amargo es: ¿vivir? ¿para qué?
Otra de las habitantes más famosas de esta tierra en la que no todo es gris es Cactus, una de las Supernenas que, enamorada de su creador, Utonio, decide confesar su amor a este. Al sentirse rechazada (en realidad, Utonio la ama pero la diferencia de edad es un gran problema) decide irse a un lugar donde nadie la conozca y comprende que Cutrelandia es el lugar perfecto. No hay que olvidar que a esta tierra llegan películas que en cualquier otra ciudad hace años que ya han puesto en el cine. El último estreno de esta tierra ha sido EL apartamento de Billy Wilder. Al principio Cactus también vivió en la calle gris, con el Príncipe Amargo y hombres que todavía ven los fantasmas de las mujeres que un día los amaron, también gente cansada de su trabajo y su vida, pero pronto entendió que hay que seguir. La vida, desde el principio, es separarse le dijo uno de los adivinos que pueblan este reino; Cactus sintió que tenía razón y, ahora, aunque se prometió a sí misma no volver a utilizar sus poderes en su vida, se dedica a observar a todos los habitantes que llegan por si alguno de ellos se convierte en el chico con el que tomar café hasta crecer en la misma cama. Chicos, me dijo, nunca príncipes, estoy harto de inútiles cuyo único sentido en la vida es amargar su vida y la de los demás. Así la conocí, y ahora debería irme. He quedado con ella para tomar café; deseadme suerte.

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