martes, 12 de septiembre de 2006

Buenas noticias

Hoy mucho de los habitantes de esta tierra se han encontrado, al levantarse y, después, caminar por las calles, una buena noticia: habrá nueva película en el cine después de que durante casi dos meses, El apartamento, de Billy Wilder, se haya emitido día tras día en el cine, aunque muchos de estos habitantes la han disfrutado numerosas veces. Sin embargo, ya se sabe, todo debe cambiar para que, poco después, todo siga igual. Como dice Carlos, el filósofo de estas tierras, todo el mundo se aferra a sus costumbres. Algunos habitantes, ilusos, han pensado si la película será en color. Y lo cierto es que sí, que la película será en colores: en blanco y negro, para ser más exactos. Y la película que darán en estos días, tal vez meses será Los cuatrocientos golpes, de un director francés que pocos habitantes de esta ciudad conocen, Francois Truffaut, cineasta de fama universal en años anteriores. Muchos habitantes se preguntan cuál será el argumento de la película, cuál su final, su principio, preguntas que convierten la película, cada película en una verdadero acontecimiento social en el que muchos invitan a personas que en algún momento podrían estar interesadas en ellas, personas como Cactus, que, con confianza, con una seguridad que ella creía perdida, invita al autor de estas líneas a la película después de haber compartido risas en el único café de este reino. También David invita a Ana, la profesora, a la película, para, dice él, observar el comportamiento de los niños en un entorno extremo (él sí conoce el argumento de esta película), y hay otros: chicos que invitan a chicas, chicas que invitan a chicos. Aunque también hay excepciones: Antoin de los Lobos piensa que el cine sólo es una forma de disfrazar la muerte, circunstancia inevitable que a todos, pronto o tarde, nos ha de llegar. Carlos no sabe si ir sólo, o acompañado por una chica argentina que conoció en uno de sus muchos viajes para, como siempre dice, conocer otras formas de pensar la vida; también Juan y alguno de sus amigos imaginarios verá la película (esperemos, por nuestro propio bien, que no sean todos). En fin, todo un acontecimiento del que formo parte y que no quiero perderme sobre todo cuando ha sido esa belleza diminuta llamada Cactus la que me ha invitado. Los cuatrocientos golpes, una forma como otra cualquiera de compartir un mundo, una conversación, una sonrisa. Una sonrisa en blanco y negro.

1 comentario:

David Cotos dijo...

Llegue del futuro y ya la vi. Te la recomiendo.