lunes, 25 de septiembre de 2006

Érase una vez

Érase una vez una tierra muy, muy al sur, una tierra casi perdida en el tiempo y en los lugares a la que unos llamaban Cutrelandia y otros llamaban hogar. Una tierra donde vivía un hombre que había perdido su corazón aunque, había días, en que esperaba recuperarlo. Y había una mujer que contaba las gotas de lluvia como antes había contado todos los hombres que la habían abandonado. En los días en que todavía llovía en este reino. Y había una chica que vivía lejos, en una ciudad con luces, que leía periódicos en día sin trabajo y desayunaba mañanas de domingo, una chica que a veces miraba al sur buscando una tierra como nunca había conocido. Y había una chica que había sido profesora, una vez, un día, hace tiempo, y ahora enseñaba a todo aquel que se lo pidiera. Y un chico del que se estaba enamorado, un chico perseguido un tiempo, que miraba ahora las calles de Cutrelandia con ternura. Había encontrado un sitio al que llamar hogar y una chica a la que llamar cuando estaba enamorado. Hablaban a veces de Antonio Machado, de todos aquellos que, como él, un día tuvieron que dejar su tierra sin saber dónde ir. Y su tristeza parecía desvanecerse poco a poco, con los primeros cafés del otoño. Hay, pensaba, palabras y palabras. Había una chica con poderes que dejó atrás una vida de fama, de éxito porque el amor que profesaba nunca fue correspondido. Y un hombre que empezaba a quererla por su sonrisa, la sonrisa más diminutamente hermosa de este mundo, pensaba. Cuando los dos compartían una mirada, un café, una sonrisa, una cama. Y había un árbol, cuya sombra, decían los más viejos del lugar, daba amor a todo aquel que se acercara con pasión. Y una plaza de pueblo donde el filósofo más conocido de estas tierras nos contaba a todos las verdades que nunca conocimos. Y un cine con películas en blanco y negro que un día fueron conocidas en todas las otras tierras. Pasó tiempo, algún tiempo, un verano difícil. Es otoño ahora: la vida sigue, aunque cuanto hagan algunos sea sólo contarla.

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