viernes, 22 de septiembre de 2006

Relato pornográfico de bajo presupuesto

Ana todavía siente los besos de David ahora que se ha ido. Todos son recuerdos ahora que la vida se ha ido con las primeras luces de la mañana. Una noche tan dulce como excitante. Comenzaron, era domingo, hablando de Los cuatrocientos golpes, para descubrir que la pasión que sentían el uno por el otro era mucho más que amistad; después tomaron algún aperitivo en el único bar de la ciudad. Entonces David y Ana hablaron de música, de Marvin Gaye entre otros, un auténtico desconocido para Ana, así que decidieron ir a casa de David para escuchar esa, según él, música maravillosa. A David, siempre tan tímido y torturado todavía por las voces que vienen de una radio lejana, le sorprendió oírse cómo invitaba a Ana a su casa. Pensó, seguramente, que sólo iban a tomar un café, a escuchar un poco de música. En primer lugar escucharon What´s going on, y David le contó a Ana la intrahistoria del disco, los problemas que había tenido para grabar, las conversaciones con su hermano cuando éste volvió de Vietnam, y otras cosas que despertaron el interés de su invitada. Un hombre que es la voz de su tiempo, dijo Ana, y David comprendió tantas cosas. A Ana pareció entusiasmarle la música y pidió más: un tinto de verano (siempre el sur) y alguna canción más de Marvin Gaye. David le dijo que el disco más sensual que nadie ha grabado jamás era el Let´s going on, de Marvin Gaye, y al escucharlo, Ana entendió tantas cosas. Estaban cansados y los labios de David durmieron sobre los labios de Ana durante algún tiempo. Fue una buena noche: Marvin Gaye, algún susurro, algún gemido y la promesa de una mañana mucho más apetecible, piensa Ana ahora que David se ha ido y sus besos todavía están en sus labios.

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