domingo, 10 de septiembre de 2006

Sueña

Me voy a dormir, o a ver una peli, piensa, mientras son las doce de la noche de un día cualquiera en una gran ciudad y el cansancio, otra vez, una vez más, se apodera de ella. Hoy no me apetece salir, se dice, mientras mira las luces de la ciudad desconcertada, sin entender muy bien para quién se han encendido hoy. Me apetece quedarme en casa, fumarme un canuto (que no tengo), recuerda, y perderme en humos que me lleven a otra parte, a cualquier otra tierra, algún lugar donde nadie pueda conocerme, pasear por alguna de las calles de esta tierra y ver una película en blanco y negro, algo que hace tiempo, evoca, que no hago, que no he hecho desde que te has ido. Me apetece recordar cada beso tuyo, incluso los que no me diste, pensando a veces dónde estarás y si este tiempo te ha tratado bien, si al final, como siempre, dijiste, fuiste al sur, sólo por ver cómo el sol cegaba tus labios. Creo que abriré una botella de vino, leeré algunas palabras, palabras que vienen de lejos, pero me sienten cerca, que beberé algún vaso de vino mientras Dylan mastica cada palabra al viento y descubro cómo su voz ronca llena la habitación y me bebo, se dice, una copa a tu salud, para que los dos nos olvidemos alguna vez de nosotros mismos y seamos uno con lo que escuchamos. Me gustaría, por una vez, olvidarme de mí misma, no saber quién soy, sólo la música, sólo palabras que a veces es difícil descifrar pero que llegan al alma.
Buenas noches, hasta mañana, o hasta cuando nos volvamos a ver. Un beso, dice, un beso, imagina, y sueña que hay una tierra al sur, muy al sur que pocos conocen, una tierra pequeña, con un cine en el que sólo hay películas en blanco y negro y donde verá por primera vez El apartamento, recordando entonces que todas las buenas historias nos han hecho reír y llorar, reír y llorar, donde sólo hay una calle principal, y un café en el que todos se conocen, y conocen la vida de todos los demás, para bien y para mal. Y sueña que se pierde en esas calles y nadie podrá conocerla entonces y cómo, en las montañas que rodean la montaña se fuma un porro en la más absoluta de las tranquilidades esperando la próxima película, que tardará en llegar, en blancoy y negro que pondrán en el único cine de la ciudad. Un beso, se dice, y alguien, a lo lejos, en sueños parece contestarle.

1 comentario:

Un beso dijo...

Dylan me conto entre susurros y copas de vino que se enamoró de las palabras antes incluso de aprender a leerlas,cuando era niño y las escuchaba en canciones el sonido de las palabras lo enamoraron. Entendi entonces porque se ha quedado en cutrelandia, ahí las palabras tienen que sonar diferente...
Gracias