miércoles, 20 de septiembre de 2006

Un pequeño resumen

Han sido días agotadores en Cutrelandia. Muchas parejas parecen contruirse, David y Ana, que pasaron todo el domingo bajo la sombra del único árbol que da amor. Cactus, la preciosa y diminuta Cactus y el que escribe estas líneas, con tantos cafés como caricias en los brazos. Antoin y su infinita tristeza. Carlos y sus perlas de sabiduría, aunque a veces, como todo genio que se precie, se quede dormido cuando algunos más lo necesitamos. Juan y su enemigo imaginario, "YO hice una guerra". Eva y la lluvia, las gotas de lluvia que mojan sus labios cuando mira hacia el cielo contando cuánto se mojará su vida hoy. Personas que, desde lejos, aman esta tierra y personas que lo darían todo por irse cuanto antes. La eterna cuestión de la perspectiva. Juan, que tras pasar noventa y nueve noches a la sombra del único árbol que da amor, hiciera calor o lloviera, rara vez, hay que decir, consiguió seducir a Margarita, aunque esta antes amara a Rafael. Parece por lo tanto que el poder del árbol no se ha debilitado tanto como creíamos. Acaso tenga algo que ver el hecho de que hace un mes que Antoin no se acerca a sus raíces. El rey de Cutrelandia y su pasión por los habitantes que un día fueron como él. Han pasado bastantes cosas aunque, como casi siempre, no todas las que debieran y las que habrán de pasar. Muchas cosas que aquí vendrán. Han pasado muchas cosas y, como dijo Carlos, si se escribe es porque no se está viviendo. Así que en estos días pocas han sido las palabras en esta tierra, viviendo como muchos estamos, olvidando por completo la tarea, ardua en ocasiones, de transmitir a las generaciones venideras nuestras andanzas para que puedan, en la medida de lo posible, aprender de ellas. O desaprender.

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