martes, 31 de octubre de 2006

Cosas que pasan en la calle

Pasan, una semana de lluvia ya, nubes que dejan alegría en muchos de los habitantes de Cutrelandia y agua en muchos de los vasos que han de beberse en meses posteriores: cuenta la gente, los más viejos, más sabios a veces, que hace mucho, mucho tiempo, la gente solía desnudarse en estas primeras lluvias, agradecidos por el agua que llegaba, que nunca era mucha.
Pasan parejas: David y Ana, que se acercan al colegio de esta sin ningún miedo: aquí los niños pueden sentirse emocionados ante cualquier atisbo de vida, de cultura: aprender a leer, la primera letra, la primera palabra sigue siendo para ellos el más grande de los misterios. Muchos de ellos, al leer esa primera palabra, llevarán a sus labios otra: gracias. Ana empieza a saber que este es ahora su hogar. Pasan Juan y Eva, lejos de cualquier adicción, sus palabras hablan de serenidad, calma, de amistad inesperada: estas semanas se han sentido más cerca el uno de la otra para alegría de una gente, la de este reino, a la que le gustaría ver, después de lo que han pasado, a ambos tranquilos, incluso, si es posible, felices. Ahora se les puede ver en el único café de la ciudad, compartiendo palabras, silencios, un gestos, muy de cuando en cuando una caricia. Muchos se preguntan, desean que mucho sea el bien para los dos. Pasan Carlos y Luisa, a la que algunos siguen llamando Luz, y Luisa se muestra un tanto apagada, después de la visita a la casa de Antoin, al que invocan las madres cuando sus hijos no quieren comer nada.
Pasan Cactus, su diminuto cuerpo, su pequeña sonrisa, y Jose, deseando, son, hay que recordarlo, las primeras horas de la mañana, tomar un café, un chocolate, unos churros, una caricia, algunos besos, ánimo para el día que comienza y todos los días que vendrán. Pasa un hasta luego, nos veremos esta tarde, empiezo a quererte, te quiero, te esperaré: Leonard Cohen, Marvin Gaye y yo, no soy celoso. Pasan las piernas de Cactus, la mirada de Jose mientras se va, un último suspiro.
Pasa gente que habla de los lugares que han tenido que marchar para acabar en estas calles que nadie parece conocer, en las que uno parecen haber encontrado su segunda casa y otros sólo han encontrado un exilio más doloroso del que pudieron imaginar. Tantas historias que se nos cuentan, tantas cosas que se imaginan. Pasan los días, la gente, pasan historias aunque de algunas de ellas cuanto tengamos sea un recuerdo leve, fugaz, que nos estremece los dedos sin saber por qué.