miércoles, 18 de octubre de 2006

Heidi ya no vive aquí

- Hey, Heidi, ¿qué haces por aquí?
- Otra vez Heidi, llevas haciendo el mismo chiste más de medio año. Tienes que cambiar. Ya no es divertido.
- Imagino que no, ¿qué hace una chica austríaca en el sur?
- Una chica italiana, italiana. Es el mismo chiste, durante seis meses. Muy divertido. Ja.
- Rubia, ojos verdes, habla alemán y es italiana. Ni Groucho Marx lo diría.
- Venía a verte, pero no sé si he hecho bien. A lo mejor quedo con otro amigo.
- No, sólo son tonterías. Un minuto más, me lavo la cara. La siesta es la siesta. Y damos una vuelta.
- Perfecto. Sólo un minuto.
- Sólo un minuto. Ya podemos irnos.
- ¿Qué quieres hacer, Heidi? ¿Tomar un café? ¿Tomar un tinto de verano? Recuerda que no podrás hacerlo en tu tierra.
- ¿Por qué no lo hacemos todo? Son mis últimos días y me encantaría pasar mucho tiempo contigo en estos días. Vuelve a enseñarme la ciudad, las calles, los bares, la gente, la vida...
- Lo que quieras. Todo lo que quieras. Me encanta tu pelo rasta, me encanta. Sé que te lo digo cada día. También tenía que decírtelo hoy. Soy repetitivo, ya lo sabes.
- Me lo voy a cortar.
- Si lo haces, no volveré a hablarte en la vida, ni a escribirte ningún email. Nada de nada.
- Cuando vuelva al norte de Italia, me lo cortaré. No lo dudes.
- ¿Por qué?
- Ganas de cambiar, sólo son ganas de cambiar. En estos meses mi vida ha cambiado tanto. Rompí con mi novio, recuperé una sensación de libertad que creía perdida...
- No hay nada como la libertad...
- Siempre interrumpiendo, siempre. Es una broma. La libertad es genial, he conocido a tanta gente, he ido al teatro, al cine, he vivido casi en la calle. Una pena no encontrar trabajo.
- Una auténtica pena. Me hubiese encantado que te quedaras aquí. Tienes que volver, alguna vez.
- Me encantaría. Y que me grabaras más música. Me encanta Joni Mitchell. All I want es genial. Otra vez la sensación de libertad de la canción.
Mientras habla, miras a Heidi con atención recordando tanta escenas sueltas, tantos momentos: el día en que bebiste con ella hasta emborracharte durante más de cinco horas, visteis entonces un partido de fútbol y ella estaba tan hermosa, con ese pequeño mechón cayendo sobre su mejilla, los cafés compartidos en su universidad, y tantas tantas otras cosas. y resulta extraño saber que alguien con quien has compartido palabras, comida, gestos, detalles, vaya a estar pronto en su propia vida. Todo es un paréntesis, te dices, todo es un paréntesis. Tan hermosa como sexy. Tan sexy como genial
- ¿En qué piensas?
- ¿Qué?
- ¿En qué piensas?
- En todo, en ti, en mi, en la gente, en el tiempo, en Joni Mitchell.
-¡Cuántas cosas! Caminar es genial. Sirve para pensar, siempre.
- Sí, es cierto. Heidi, tengo algo para ti.
- ¿Qué es? Dime, dime.
- En realidad sólo son palabras. Una película, música, algunas cartas. Sólo palabras.
Imaginas entonces que cuando ella esté en el norte, y tú sigas aquí, ella, alguna vez, sentirá nostalgia por el tiempo vivido en esta ciudad y leerá de nuevo las líneas que le has escrito, verá la película con una sonrisa en la boca y se acordará, con ternura, de ti. Una caricia, entonces, recorrerá tus manos.
- Eres genial, Heidi, genial.
- ¿Por qué dices eso?
- Por nada. Simplemente... ¿Paseamos? Me encantaría.

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