martes, 10 de octubre de 2006

Otoño en el sur

Han llegado los primeros días de frío incluso al sur. Se ha ido ya, algún tiempo pasará, el calor de meses anteriores y muchos de los que estuvieron con nosotros han marchado al norte, buscando un trabajo, un amor, un lugar en el mundo ahora que este no parece el suyo, esperando por una vez llegar a tiempo a la vida. Aquí los días empiezan a ser más cortos aunque el sol sigue tardando en despedirse cada día de nosotros. Busca, como un buen amigo, un último abrazo. Ahora salir a la calle se nos hace más difícil aunque es difícil renunciar a los primeros chocolates calientes del único café de la ciudad. Para algunos de nosotros, el norte sigue estando tan lejos. Al amparo de un chocolate bien caliente, comenzamos una conversación sobre las próximas dos o tres películas, con suerte, que echarán en el único cine de la ciudad, un cine en el que esperamos con ansiedad películas en blanco y negro. Ahora muchos de nosotros empezamos a entender por qué Cutrelandia es una ciudad olvidada por el tiempo, ya que a nadie parecen importarle muchas de las personas que vivimos aquí. Para algunos no es un problema: empezamos a hacer de esta tierra nuestro hogar, nuestra pequeña porción del mundo. Perder es menos importante ahora. Algunos, Carlos dice que cuando una puerta se cierra, otra se abre, han encontrado aquí los besos más profundos, las caricias más vitales, las palabras más alegres. Otros siguen observando el tren que se fue un día pensando que tal vez ese tren no vuelva hasta dentro de cinco o seis meses, imaginando el tiempo que les queda para irse, temiendo que en ese espacio de tiempo se queden en una ciudad que, a veces, se te va metiendo en el cuerpo hasta formar parte de ti. El mundo, se dicen, el mundo, cuánto hemos perdido, el mundo sigue girando. Aunque otoño haya llegado otra vez a estas tierras para vivir durante algunos meses.

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