domingo, 29 de octubre de 2006

Relato pornográfico de bajo presupuesto II

Cactus parece cansada a estas horas de la tarde, cuando la noche ya es un hecho. Cansada pero tranquila, feliz en ocasiones, piensa, ahora que sabe que está muy lejos de los primeros días que pasó en estas calles. Llegar a este reino, sobrellevando la tristeza de un desamor que ya se fue, parecía suficiente para que ella y Antoin fueran grandes amigos en los primeros días, aquellos en que la vida no importaba y era apenas una tarde de domingo con desgana. Cada vez que pasa por la casa de Antoin sigue sintiendo escalofríos, recordando las veces que estuvo en esa casa oscura, sombría, donde sus seguidores alaban la desgana, la apatía. Fueron unos primeros días difíciles en los que sólo quería terminar con todo, olvidar que había casi existido, aunque pronto comprendiera que hay puertas que se cierran pero también que se abren, y supo ver en el momento adecuado las que se abrieron para escapar de tanto gris, de tanta sombra como había en sus ojos. Poco después salió a las calles, encontró gente que, como ella, había escapado de sus vidas intentando encontrar su lugar en el mundo. Como ella, todos tenían historias que contar, un nudo en el estómago cuando llegaron y, poco a poco, supieron que este podía ser su lugar. Descubrió entonces el único bar de la ciudad, donde tuvo varias citas con Jose que, cuando tiene tiempo, suele escribir historias aunque le guste decir que son las historias las que escriben a la gente. Me pregunto, se dice Cactus, que estará haciendo ahora, tal vez esté narrando las pequeñas anécdotas de unas tierras perdidas en el sur y más allá y de sus habitantes. Así son ahora sus días en estas calles, ahora que desea llegar a casa y encontrar a Jose sentado en su sofá, distraído como siempre, y besarle la nuca para despertarlo al mundo otra vez. No te he oído entrar, te dirá, perdido y solo, mientras tu sonrisa, tu diminuta sonrisa, lo devuelve a la realidad. Y te dirá, como cada día: me alegra saber que has vuelto, todo es mejor desde que estás aquí. Y os besaréis con la intensa ternura de aquellos que han vuelto a encontrarse por primera vez. Caerá la ropa, dance me to the end of love, caerá la lluvia y escucharéis, todo está tan lejos, el otoño en las ventanas, y sus manos acariciarán tu cuerpo, todo será distinto entonces, todo será nuevo otra vez en estos primeros días, todo será siempre en tan poco tiempo. Y a un beso le seguirá otro beso, a una caricia tantas caricias, y todo cuerpo, perderá su horizonte, será sólo un gemido entonces, un susurro que conmoverá la cama, y podremos olvidarnos del mundo entonces. Adentro, más adentro. Porque nada, más allá de nosotros, de nuestros cuerpos sin más, podrá importar entonces, porque nada importará excepto tú y yo, y el mundo podrá pararse entonces. Tú, yo. Algunos minutos más. Tal vez horas: olvidémonos de ti, de mí, de nosotros. Adentro, más adentro.

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