sábado, 14 de octubre de 2006

Una chica del norte

Con las primeras lluvias, también llegó, intrigada por las tierras de la que se hablaban en uno de esos libros libres, uno de esos libros liberados que habían dejado en una de las calles de la ciudad donde había vivido hasta entonces, una ciudad con luces, con tráfico, con días de trabajo y fines de semana sin descanso. Intrigada por las líneas que aparecían en las primeras páginas del libro, que no hablaban en ningún momento del texto que iba a leer, sino de un reino muy al sur donde sólo había películas en blanco y negro, un único café donde conocer a todo el mundo, donde hablar al aire libre, sin descanso, en verano y donde tomar chocolate los inviernos, donde se contaba la leyenda de un árbol que daba sombra y entregaba amor, de romances que comenzaban en el único cine de la ciudad, de tantas otras cosas que llamaron la atención de esta chica de una ciudad del norte. Eran las primeras lluvias de un domingo y ella, como todos, ya había olvidado cómo había llegado al sur, tan al sur sólo porque un día, mientras escuchaba a Bob Dylan, había tenido la sensación de que éste, en en algún momento, le había dicho: tu vida te espera en el sur, deberías ir. Y entonces, después de descubrir estas tierras del sur en las primeras páginas de un libro: Vida en Cutrelandia, y escuchar las palabras de Bob Dylan supo que debía irse. Era domingo y llovía, pero a ella no parecía importarle. Sólo quería pasear, la lluvia no era demasiado intensa, por las calles de estas tierras, por ver si eran cómo ella las había imaginado. Se acercó al único café de la ciudad y todos susurraron algunas palabras ante una chica que por entonces nadie conocía, tomó un chocolate, invitada por el dueño del bar. Ya se sabe: siempre es difícil empezar una nueva aventura, hablaron un poco, y el dueño del bar, a la vez camarero, le dijo que volviera pronto. Todos la vieron marchar con tranquilidad y retornaron a las conversaciones que habían dejado atrás, paseó por la calle principal y vio, sumido en la más absoluta de las nostalgias a Antoin de los Lobos que ignoró su saludo, ensimismado como estaba en su gris de todos los días. Se acercó al cine y intuyó entonces que se quedaría en estas tierras mucho tiempo. La película, no podía ser de otro modo, era en blanco y negro: Sabrina, otra de las películas de Billy Wilder, cine, chocolate o café y conversación en un reino diminuto. No podía decir que no al sur.
- Hola, ¿ha visto esa película?- le preguntaron mientras observaba fijamente el rostro de Audrey Hepburn.
- Sí, respondió ella, hace mucho mucho tiempo.
- Es lo que pensaba. Parece usted del norte. ¿Qué le trae, como dirían por aquí, a estas tierras olvidada por el tiempo?
- ¿Qué me trae? Difícil responder: un libro que no he leído y una canción, supongo.
- Sí, es el tipo de cosas que suele atraer a la gente a acercarse a esta ciudad. Perderse, encontrarse. ¿Quién sabe?
- Una tierra muy pequeña...
- Pequeña y difícil de encontrar. Trenga cuidado, es de ese tipo de cosas que parece no tener importancia y luego se le va metiendo en el cuerpo hasta no dejarla. Dentro de poco estas tierras podrían ser sus raíces.
- Es lo que una parte de mí espera.
- Mucha suerte; tengo que entrar en el cine para preparar la película, el cine y demás. Por cierto, ¿qué tal la película?
- Una historia de amor muy bien narrada, tan ácida en ocasiones como El apartamento.
- Espero, aunque ya la haya visto, que la vea otra vez.
- ¿Por qué no? Creo en las segundas oportunidades. Seguro que me gusta tanto como la primera. Y tal vez los personajes hayan cambiado cuando la vea.
- Tal vez: es la magia del cine, imagino. Bueno, ha sido un placer. Tengo que irme.
- También ha sido un placer para mí. ¿Cómo se llama?- pregunta la chica del norte pero no hay ya nadie a quien dirigir la palabra. ¡Qué rapidez! piensa y decide, ha dejado de llover, contemplar un poco las montañas, que rodean totalmente estas tierras. Empieza a sentirse un poco cansada y se dirige a la casa que ha alquilado, cuya dirección encontró también en las primeras páginas del libro, una casa cercana al árbol que da sombra y entrega amor. Una nueva vida, piensa, mientras entra en casa y descansa viendo la lluvia, una lluvia fina que ha vuelto a caer. La vida en perspectiva, piensa, la vida poco a poco. Se imagina entonces cómo serán los días por llegar. Un besazo, se dice, y buenas noches.

1 comentario:

Un beso dijo...

Espero que le vaya bien y que encuentre lo que fue a buscar, ya nos contaras si se quedo para ver la pelicula una vez mas.
No todo el mundo tiene el valor de seguir sus instintos, el nudo en el estomago que a veces quiere guiarnos.
Un beso