jueves, 16 de noviembre de 2006

Amargo soliloquio de los días que se fueron y vendrán

Cactus, Carlos, David y yo estábamos absolutamente sorprendidos. Acabábamos de descubrir que también Antoin, hace una vez, hace tal vez demasiado tiempo, fue humano, fue feliz y quería vivir en los días que nos llevaban a lugares conocidos. Conocidos y desconocidos. Y allí seguía, con palabras de un corazón derrotado acaso para siempre en un reino gris del que pudo salir un día pero en el que ha vivido durante tiempo. Y necesitaba contar tantas cosas, necesitaba expresar tantas palabras que ya creía olvidadas, así que siguió hablando mientras nosotros permanecíamos al lado de una chica que cada vez era más raíz de uno de los árboles que más amor había entregado en nuestros días. Y allí siguió contando una triste y amarga historia, la historia de los días que se fueron: y un día, nos dijo, decidí irme de un reino de caricias sin caricias, de besos sin besos, de miradas sin pupilas. Me pregunté en aquellos días en qué lugar debería acabar y busqué el lugar más al sur de todos los lugares, un pequeño reino del que no había oído hablar jamás, un reino donde los reyes podían cambiar cinco años, donde había un árbol que daba sombra y entregaba amor, unas calles donde nadie me conocería, aunque me conocieran un día. Y entonces supe que nunca, nadie, debería saber nada de Aurora, una de esas mujeres que tendrá siempre los mismos años, que pasará por esta vida, pensaba entonces, sin mancharse, sin ser nada, nada más que alguien que quiso porque sí, porque la vida se ofrecía a ello. Y la perdí, como he perdido todo aquello que me importaba, por no luchar por ello. Perdí cuanto quería y ahora sé que debemos arrepentirnos de lo que hemos hecho, no de lo que no hicimos. Y las palabras me queman la garganta, y su cuerpo sin vida me quema el alma. Como tantas veces me dijo, siempre llego tarde a mi vida, siempre. Y ahora, Aurora, estás a mi lado, y puede que me estuvieras buscando, puede que al final descubieras dónde había acabado yo, y vinieras otra vez, como en tantas otras ocasiones, a decirme, Hola, mi amor, ha llegado la mañana, aquí está Aurora, saluda al día. Aurora, mi primera luz de la mañana. Aurora, tantas veces. Y ahora estás aquí, y tus raíces son las raíces de un árbol que entrega amor, y tu luz empiezan a ser sus ramas. Y tengo frío. Y la noche, la noche cada vez me cansa más. Como tantas veces me cansó la vida. Tenemos, nos dijo, antes de quedarse sin palabras, de quedarse con todas las lágrimas de esa noche y muchas de las que vendrán, tenemos que encontrar a su asesino. Y todos le prometimos que sí, que haríamos todo lo posible mientras pensábamos si lograríamos, alguna vez, en los días que llegaran, que Antoin, una mañana recuperara, al menos, una pequeña sonrisa, una pizca de la vida que había perdido en los días que se fueron, en la tragedia de esta noche y en la incertidumbre de los días que pronto llegarían.


NOta del editor: interesante giro de los acontecimientos. El odioso, amargo Príncipe amargo, era humano, incluso había amado. ¿Tiene más secretos entonces? ¿Dice la verdad? ¿Quién es el asesino de Aurora? ¿Aurora? ¿Qué ha hecho esta mujer de 21 años desde que fue expulsada del reino de los brazos de Antoin? ¿Es Lisa la asesina? ¿Son los padres de Antoin los asesinos? Si hoy es jueves, ¿se acerca el fin de semana? ¿Descubrirán alguna vez los motivos del asesinato de Aurora? Preguntas, preguntas, preguntas. Hagan lo que hagan, se pregunten lo que se pregunten no olviden volver mañana a su cita casi diaria con el serial radiofónico (sin voz y radio) anteriormente conocido como VidaenCutrelandia. Anterior y actualmente, la verdad.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Vaya, al final: Aurora. Suena bien.
Vaya si has sido radical con el Principe amargo, me gusta. Ya está todo patas arriba.
A lo mejor habría que darle un empujoncito también a Cactus.
¿No le parece, amigo escritor?
Que tenga buen fin de semana.