viernes, 17 de noviembre de 2006

Antropología de los sentimientos II

- Hola, Antoin, dijo Aurora, y se hizo la primera luz de la mañana.

- Buenos días, Aurora. Todavía estás aquí. Pensaba que te habías ido. Todo es tan absurdo. Todo es amargo ahora. Todas las cosas por las que hemos luchado se van y yo no puedo hacer nada. Es absurdo.
- No deberíamos rendirnos ahora. Siempre dices que te he enseñado las cosas más importantes: amarte a ti mismo, el deseo de ser mejor persona y amar la vida. Y, ahora, me dices que deberíamos dejarlo todo.
- ¡Porque te vas! ¡Porque me he enfrentado a la vida que me han creado y he perdido! ¡Y no quiero que te vayas!
- Te esperaré siempre; te buscaré allá donde estés. Si alguna vez decides irte de aquí, escapar de tu vida. Te conozco: alguna vez lo harás. Siempre llegas tarde a tu vida, siempre, pero llegas. y sé que alguna vez te irás de aquí. Sabré entonces que debo buscarte.
- No lo sé, Aurora, me encantaría leer Palomar contigo, llorar las tragedias de Luba, escuchar cómo nos dicen el que tiene miedo nunca se enamora, y ver cómo escuchas a KIko Veneno mientras me miras. Al final, me dirás, no has tenido tanto miedo. Pero ahora lo tengo, y sé que no podré enamorarme. Y me duele, como me duele saber que mañana no estarás en mis brazos. Que mañana yo perteneceré a mi vida y tú, estarás, con lágrimas en tus ojos, y una sonrisa en los brazos de quien se acerque a ti. Y no seré yo. Y todo será más triste entonces.
- Te escribiré. Pensaré en ti tantas veces. Hay cosas que se saben, Antoin, y yo sé que eres tú. Y, alguna vez, también tú lo sabrás, escaparás de tu vida entonces. Iré a buscarte, no te preocupes. Alguna vez nos diremos: hola, mi amor, alegre llegas.
- Y si no tengo ese valor, y si llego tarde, demasiado tarde. Como tantas otras veces.
- NO te preocupes; no pasará. Además, yo ahora debo crecer, recorrer tantas partes de este mundo. Historia y arte, Antoin, historia y arte. Y un día, al volver, sonreirás de nuevo, como me has sonreído tantas veces. Tu sangre será roja entonces y mis labios azules. Y te hablaré, mientras me enseñas la mejor de tus sonrisas, y te dolerá, porque habrás dejado de sonreir durante tanto tiempo, de los lugares en los que he estado, de los chicos a los que no he conocido. De todas las veces que escribí en mi corazón: siempre llega tarde a su vida.
- Ojalá, algún día, pasaran tantas cosas. Ojalá me hicieras sonreír otra vez. Y dejara de ser, como tantos empiezan a llamarme, un príncipe amargo.
- No te conocen. Antoin, nadie te conoce. No dejes que nadie te gane. La vida es un estado de ánimo. No lo olvides nunca. La vida es un estado de ánimo.
- Tienes razón, pero todo es nostalgia ahora, melancolía de los días que no han llegado...
- Todo pasa, Antoin, todo pasa. Yo seré fuerte esta vez, si me prometes que la próxima vez tú tendrás la fortaleza necesaria.
- Lo intentaré, Aurora, lo intentaré.
- Y, ahora, deja que vea, una penúltima vez, tu sonrisa. Una última sonrisa antes de irme, antes de construir un mundo que mostrarte cuando volvamos a vernos. Una última sonrisa.
- Me encantaría tenerte entre mis brazos, acariciar tus pechos, saludar a la mañana en tu cuerpo. Una última noche, sólo otra noche más. Y saber que es imposible hace más difícil todavía esperar con algún ánimo el día que llega, la noche que se acerca.
- Pero tendrás ese ánimo, tendrás ese valor. Recuerda que volveremos a vernos, recuerda que te buscaré otra vez, acaso horas después de que un día escapes de tu vida.
- No quiero que te vayas. No quiero...
- Una última sonrisa, por favor, Antoin, una última sonrisa...


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