domingo, 19 de noviembre de 2006

Viaje a Cutrelandia en los ojos de Aurora I

Aurora esperó a Antoin entre las calles por las que tanto habían compartido noventa y nueve días y noventa y nueve noches. Supo entonces, porque lo habían leído en las historias que a ambos les hubiese encantado vivir, que debía marcharse entonces para encontrar su lugar en el mundo, un lugar al que un día, cansado de los días en que ahora estaba viviendo, Antoin acudiría, aunque fuera tarde. Sólo por el placer de mostrarle que él no había olvidado, si ella estaba delante sonreír. Pero ella debía partir, aunque sus dedos no pudieran escribirle un mensaje de hasta luego a Antoin, sólo una pequeña nota, siempre llego tarde a mi vida, que decidió conservar en sus bolsillos a modo de amuleto. Todas las palabras llevaban al sur, y ella, para volver a ser ella, también sabía que debía volver al sur. Al marchar, hace siglos, le decía a Antoin, perdí tantas cosas. Para reconocer después que había ganado otras tantas; pero era injusto, pensaba, una niña todavía de 23 años, elegir, aunque tal vez elegir, siempre lo hablaban en la cama, era la libertad de saber que sólo se puede crecer si dejamos atrás, aunque nos duela, algunas cosas. Antoin también había perdido el respeto, el amor de sus padres, que nunca entendieron que podía ver en una estudiante de HIstoria del Arte; si al menos, le decían, hubiese estudiado Periodismo. Pero no pudo ser: ahora la vida de Antoin había vuelto a la Corte, a unas caricias sin caricias, y al frío absoluto de dos cuerpos que se desconocen antes de tiempo. Aurora lo sabía, como sabía que debía irse: estar en esas calles era pensar en él, en su infelicidad, en labios que besaban labios sin alcanzar los dedos. Todo era frío en esos días y Antoin y ella, ya lo habían hablado, sabían, los padres la habían amenazado de que lo mejor era irse esperando que se volvieran a encontrar algún día al sur, más al sur. A su espalda, quedaba el reino en que había sido feliz algún tiempo, un reino que se apagaba en sus ojos mientras sus pasos se encaminaban hacia el sur.

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