martes, 14 de noviembre de 2006

Bilonguis

Seguíamos reunidos allí, sorprendidos por la lenta a la vez que repentina transformación de una chica de la que no sabíamos nada, excepto que había llegado a las lejanas tierras del sur para encontrar una muerte horrible. Sus ojos, marrones, se habían cerrado definitivamente y cada vez parecía pertenecer más al árbol que tanto había amado la gente de esta ciudad. Es obvio, pensábamos, que tras este suceso su leyenda empezara a cambiar. Nunca se sabe, dijo alguien de nosotros. Poco podíamos hacer por la chica, de unos 33 años, excepto encontrar a su asesino, o asesina porque nada sabíamos hasta entonces. Cactus se dirigió hacia las escasas pertenencias personales, las que quedaban en su pequeña mochila y empezó a entender que todas estas pertenencias estaban de algún modo conectadas. Palomar y el lugar, Comala, donde transcurre Pedro Páramo eran creaciones literarias, no eran lugares reales, no existían, como tampoco existía, dijimos, El hombre invisible. Además, todos hacían referencia, de una forma u otra, a lugares del sur. ¿Qué significaban estas pistas, entonces? ¿Eran pequeños amuletos necesarios para alcanzar el sur? ¿Todo era irreal? Así lo parecía, a medida que el árbol y la chica se fundían cada vez más. Irreal como esta noche en que todos necesitábamos saber algo más de todo aquello que había pasado, qué estaba pasando. En la mochila también pudimos encontrar, al observar con atención una pequeña nota que decía: siempre llego tarde a mi vida, palabras que hacían todavía más inexplicable su muerte. ¿Por qué llegaba tarde a su vida? ¿Qué significaban estas palabras? Lo cierto es que era un trozo de papel por lo que debíamos preguntarnos dónde estaba el resto del papel y qué había escrito en él. Las pistas eran pequeñas, escasas y no nos llevaban a ninguna parte: lugares que no existían, un cuerpo que iba adentrándose por momentos en el árbol y un trozo de papel que no sabíamos quién había escrito. Como dijo Carlos, no sabemos si ella ha escrito ese papel. Estábamos pensando en todas estas cosas, cuando recibimos una visita inesperada.

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