lunes, 20 de noviembre de 2006

En los ojos de Aurora II

Sé fuerte, se dice Aurora, sé fuerte, mientras se apagan las últimas luces de un reino que ha sido su hogar en los últimos meses. Un poco de miedo, pero ganas de volver a encontrar su lugar en el mundo. Buscar el sur, siempre el sur, caminar por algunos lugares que ha presenciado en sus libros y por otros que no parecen estar en ninguna parte. Sin miedo alguno. Si alguna vez queremos crecer, cuántas veces lo ha escuchado, debemos salir de casa, para que al volver nosotros seamos la casa a la que acudir, la cama en la que dormir. Pero echa de menos, ha pasado poco tiempo, echa de menos la sonrisa de Antoin, mientras camina hacia al sur. Las distancias no son tan grandes en estos días. Todo es posible en mundos de ficción: vivir en las palabras de desconocidos nos hace libres, acaso inmortales. Acaso, imagina, no son todas las historias de ficción verdad. Y piensa en la gente que ha de conocer, en las huellas que dejarán en sus días, en sus conversaciones, en sus silencios. Antoin le ha dado dinero suficiente para dormir donde desee, dinero suficiente para no tener problemas hasta llegar a su destino, pero todavía está lejos. NO importa el final, ahora no importa el final, sólo el camino; disfrutar de cada momento, de cada persona que nos encontremos en los días, de cada lugar que hayamos de recorrer, por el mero hecho de caminar sin dejar huella. Aunque sus dedos echen hoy de menos tantas cosas. Todo cambiará pronto, cuando, se dice, encuentre las primeras personas, cuando escuche las primeras palabras y disfrute de los primeros silencios. Y seré fuerte, como antes, entonces.

No hay comentarios: