martes, 7 de noviembre de 2006

Heidi en Praga

Nos pide uno de nuestros lectores, que tiene una amiga en el norte de Italia, si podríamos publicar en este blog, una pequeña carta para ella. ¿Por qué no?, ha de ser siempre la respuesta. He aquí la carta y esperemos que la chica que, por lo que nos cuenta vive en un pueblo pequeño, muy pequeño del norte de Italia, pueda leerla.

Para Lisa

Praga, 1965. La vida en blanco y negro. El Puente de Carlos por el que has caminado en noviembre. Una postal y palabras. Siempre palabras. Hola y adiós. Vivir, ya lo dijimos, repitiendo a Salinas, vivir desde el principio es separarse. Y cartas que leer cuando llegan: el eco de una vida a lo lejos que, a veces, podemos sentir cerca. Lo bastante cerca como para volver a sonreír. Austria, ya te lo dije, está tan lejos. Una pequeña sonrisa, y la vida sigue. Y caminas por una ciudad desconocida hasta entonces, una hermosa ciudad, con frío en los brazos y curiosidad en los dedos. Los amigos siempre ayudan a ello. La libertad, lo dijimos también, de saber que no somos más que nosotros y a nosotros pertenecen nuestros días, la libertad de caminar por calles en las que no somos nadie, nadie más que alguien que disfruta de su tiempo, de sus amigos, de sus pasiones. Y sabes que hubo otro puente en tu vida, más al sur, mucho más al sur, y que te un día te dijeron hola. Para aprender entonces que todo hola lleva dentro un adiós, un hasta luego, un nos veremos pronto. La soledad de volver a nuestra propia vida y no encontrar a nadie en el camino. Y siempre, al hilo de nuestras conversaciones, Kiko Veneno: si tú no te das cuenta de lo que vale el mundo es una tontería. Y el mundo es Praga, es Tisens, es Sevilla, un río desde el que compartir una sonrisa, encantado de conocerte: la vida sigue; sigue, siempre, la vida. Besos y hasta pronto. Cuídate.

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