sábado, 4 de noviembre de 2006

Problemas técnicos

A la espera de recibir nuevas noticias de Cutrelandia, de la que hace varios días que no sabemos nada, aparecerán en estos días una serie de pequeñas historias que nos han enviado nuestros lectores y lectoras a los que, por supuesto, debemos mostrarnos realmente agradecidos ya, que sin ellos y ellas, poco podríamos contar. Antes de pasar a estos pequeños relatos, cartas, cuentos, noticias, todo aquello que quieran enviar, nos gustaría comentar que mucha gente echa la culpa de la escasez de noticias que nos llegan desde el sur a la censura, organizada de forma disimulada pero real por los 142 años de un Fraga que todavía repite: la calle es mía, las casas también (la especulación ha llegado en estos casos a límites brutales) y tal vez tenga razón. ¿Es culpable esta censura de la ausencia de noticias de Cutrelandia? ¿Tienen la culpa las deficientes comunicaciones que apenas se encuentran en el sur, muy muy al sur? ¿Es culpable Jose, el periodista que nos enviaba casi a diario estas historias de su ausencia ahora que, como él nos reconoció está viviendo? ¿Habrá aprendido que si se vive no se está escribiendo? ¿Es Cactus la culpable por no dejar escribir a Jose por, digamos, razones vitales? ¿Si la calle es de Fraga, son los pantanos de Tito Paco?¿Quién ha sido asesinada o asesinado en esas calles? ¿Son, tal vez, dos las líneas de investigación y una de ellas la lleva nuestro detective privado preferido, periodista en ocasiones, Jiménes Losantos? ¿Volverá el árbol que da sombra a entregar amor? ¿Quién es el asesino o asesina si realmente se ha cometido un crimen en uno de los reinos más pequeños de los que podemos tener noticia? ¿Estamos realmente solos o siempre alguien, al otro lado de la vida, al otro lado de la esperanza, sin que lo sepamos, se preocupa por nosotros? Es obvio, podrá decir la gente que nos lee, que si el sur existe es porque existe el norte. Tantas preguntas sin respuesta, tantas casas sin una puerta abierta, tantas calles sin recorrer: volveremos pronto, con las historias de nuestros escasos lectores y lectoras, a los que siempre, repetimos, estaremos tremendamente agradecidos, no lo duden, pero ahora la vida espera.

No hay comentarios: