martes, 19 de diciembre de 2006

Ayer

Ayer, dijiste, y se apagaron todas las ventanas. Salí a la calle por saber si el sol derramaba frío en las aceras y la vida era nuestra todavía. Ayer, y mis dedos no supieron de tu cuerpo sus caricias. Se fugaron todos los relojes y los minutos se hicieron años en mi pelo. Mañana, dijiste, Cactus, mañana será otro día pero hoy todavía duele en nuestros pies. Ayer, dijiste, y se agotaron todas las pisadas. Ya no hay huellas en las calles ni alegría en las miradas.

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