domingo, 24 de diciembre de 2006

Cuento de Navidad

Érase una vez un chico que intentaba encontrar sus raíces. Y miraba en el interior de todos los lugares, por saber si allí estaba cuanto había perdido. Y escuchaba las historias que existían dentro de la gente. Había examinado los engranajes de los relojes por saber dónde estaba el latido del tiempo, el camino que disfraza la muerte. Se fue a una ciudad del norte. Porque allí, había oído, había alguien que sabía cosas tan viejas como el mundo. Las cosas que mueven, y unen el mundo. Porque lo vivo, pensaba, siempre es lo junto.
Érase una vez una chica que sabía palabras. Alguien gritaba: dolor; ella susurraba: sonrisa. Y el sufrimiento de un corazón cercano empezaba a disminuir mientras la alegría afloraba en muchos labios. Alguien sufría hambre de deseos, de pensamientos no expresados; ella decía: un vaso de agua. Y el apetito de muchos se hacía cada vez más escaso. Una voz que calmaba el corazón de las personas.
Érase una vez un chico que estaba enamorado de una sombra. Se marchó al norte por saber si en otros lugares habría menos sol, menos lugares donde encontrar una sombra de la que llevaba enamorado demasiado tiempo. Hace tiempo, mucho tiempo, la sombra había sido una mujer y sus besos, lo más seguro es el adiós, se habían convertido en huellas imposibles de borrar. Una larga sombra que devoraba los pies de toda nueva historia. En el norte, pensaba mientras sus pasos le llevaban allí, pocas veces hay sol, pocas veces estarás conmigo.
David, el chico que intentaba encontrar sus raíces y Carlos, el chico que estaba enamorado de su sombra, se encontraron el alguna ciudad del norte de extraño nombre, Jena, e inusuales comportamientos. Ambos venían del sur y tenían dolor en sus manos. Era un esfuerzo brutal, lo supieron la primera vez que hablaron, contar a otros la vida que habían tenido, el camino que les había traído aquí. El sur estaba lejos, sus raíces también: amigos, familia, habían quedado atrás. Para crecer, salir es necesario, pensaban. Y ambos habían oído de alguien que sabía cosas tan viejas como el mundo.
David y Carlos pasearon por las calles de la ciudad del norte; descubrieron entonces lo difícil que les resultaba hablar de sus propias vidas, del camino que los había traído hasta aquí. Pasearon por calles con poco sol y mucho frío. No había sombras, pensó Carlos, en ningún rincón y casi nadie en las aceras. Un lugar, lo habían pensado antes, de costumbres extrañas en el sur. Ahora el mundo era otro y la mirada diferente. Va a nevar, dijo David, lo dicen todos los relojes. Mientras paseaban, encontraron a la chica que sabía cosas tan viejas como el mundo, como ambos esperaban, rodeada de muchísimas personas.
La chica que sabía palabras que curaban, le habían gritado algunos. No dejaba de ser curioso: si alguna vez algún gesto asomaba a su rostro, alguna lágrima a sus labios, alguien afirmaba: el orgullo de saber cosas que no sabemos los demás, el cinismo de ayudar a los demás sólo por salir en las historias. No había comprensión con su dolor, era sólo el dolor de alguien que siempre debía encontrar las letras necesarias para alegrar a los otros. David, desde lo lejos, podía saborear con tristeza su cansancio. Nadie, decían las manos de Susana, la chica que sabía cosas tan viejas como el mundo, puede comprender mi silencio. Y David, que conocía el interior de las personas, supo pronto del cansancio de Susana, de las lágrimas que ocultaba en sus dedos.
David supo entonces, se lo dijo a Carlos inmediatamente, que debían acercarse al centro de la ciudad, al lugar donde estaba ella. Susana dijo: hay calorcito en mi corazón. Se llenaron entonces todos sus bolsillos. David encontró, Carlos estaba a su lado, hojas secas en sus pantalones, alguna raíz y una invitación a disfrutar de la primera de tantas tardes juntos. Todo en sus bolsillos. David, Carlos se quedó detrás, se acercó a Susana y sus manos se rozaron (se habían callado algunos de los que la rodeaban, se habían apartado otras). Coge mi mano, dijo Susana: hay calorcito en mi corazón y tus pies están en mis zapatos. Ante el estupor generalizado, ella y David se marcharon juntos; entendieron los dos que era necesario volver a sus vidas, recorrer algún camino juntos para regresar después al mundo y ayudar a algunos de los que hoy quedaban detrás. Ahora, David le dijo, necesitamos construir nuestra propia casa, desde la que salir después a la ciudad. Estaré en tus calles, le respondió Susana. Sólo alguien los despidió sonriendo, Carlos, que los miraba con alegría. David tenía razón: empezó a nevar y supo entonces que la sombra de la que estaba enamorado no volvería a devorar sus pies. Un momento tan solo, cayeron las primeros copos de nieve, y Carlos comenzó a caminar. Y eran las calles nevadas de esta ciudad del norte, Carlos lo supo con rapidez, un papel en blanco donde escribir otra vez sus memorias, un mundo mágico, lleno de posibilidades, donde crecer hasta ser otra vez una historia.

7 comentarios:

Moi dijo...

Sorel, amigo mío, he escrito tres veces el cuento porque se fue la luz en mi casa dos veces. No sé cómo habrá quedado después de mi desesperación. Espero que te guste si lo lees y Feliz Navidad a todos aquellos que me leen. Abrazos y besitos para ellos y ellas. Luisa, Feliz Navidad y Mejor Año Nuevo.

Anónimo dijo...

Hola "Toi"! Antes de mantener mi promesa, tenia ganas de leer este cuento... No te preocupes Hino, la luz nunca apagara la que tienes en tu corazon! y entonces la magia de tus cuentos! marlène

el-krasavitsa dijo...

gracias por el autor. de acuerdo no te tratare de Ud. pero si me llamas antoni que antonio me suena muy viejo. xD

si tengo tiempo intentaré leer al autor que con las clases de esperanto , ruso, y mi blog(que esta parado un tiempo) intentare sacar tiempo. y lo conseguiré. weno' dw'

el-krasavitsa dijo...

por cierto hablas el catalán???????

el-krasavitsa dijo...

si soy muy joven, 18 años y tu???
(si se puede preguntar)


aprendiste arabe?????? te gustó?

el-krasavitsa dijo...

yo tmb' soy vago y tengo 18 recién cumplidos tmb' el 1 de diciembre


wno' dw'

el-krasavitsa dijo...

DESCUBRI TU BLOG GRACIAS AL DE MI AMIGO FEVER CON SU MIAURAVILLOSAVIDA

FELIZ AÑO A TI TMB Y GRACIAS