domingo, 3 de diciembre de 2006

En los ojos de Aurora VII

Fuera hace frío, amenaza lluvia y Aurora necesita un descanso, saber de nuevo que vivir es encontrar en nuestro camino las huellas que han de definirnos. Pasó el tiempo de príncipes de sangre azul y mejillas rojas, de palabras que no llevaron a ningún sitio. Hoy, sencillamente, está cansada; la vida es un poco menos y el deseo de ocultarse en cualquier sitio en un poco más. Hay días en que lo más fácil es dejarse llevar, que los demás decidan. Es sólo un día, poco podría pasar. Fuera hace frío y dentro los corazones parecen apagados. Le gustaría sentir una vez, sólo una vez, los olvidados labios de Antoin, tan lejanos ya en la memoria. Y le duele saber que una piel tan conocida entonces podría ser extraña ahora. Al menos, lleva en su mochila todos los lugares imaginarios donde ellos podrían, cuántas veces lo intentaron, ser felices. Hoy todo son callejones polvorientos, desterrados, gente que ha vivido hasta no saber nada, después de haber olvidado todo lo aprendido. Hay un lugar al que debe ir, un sitio al que llamar hogar, donde recuperar las primeras luces de la mañana, donde pensar que Antoin la buscará con una sonrisa, una última sonrisa para ella. No se agotará la luna entonces ni las nubes serán efímeras. Sólo un hombre y una mujer que aman y son amadas. Nada de sangre azul y coronas sin espinas. Pero queda tanto y estoy tan cansada.
Hace frío y todas las casualidades parecen agotadas; todo el tiempo del mundo que tuvimos en algún momento se desvanece. Hace frío y algunos lugares hoy parecen un poco más lejanos.

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