domingo, 17 de diciembre de 2006

Ilusiones

Para Sorel

Hay ciudades en las que, las casualidades no existen, nos ha dicho tantas veces Carlos en Cutrelandia, vivir es grato en ocasiones, ciudades en las que las calles más sencillas dejan huellas en nosotros. Tal vez no sean demasiadas cosas, pero lo son todo. Los detalles más insignificantes nos ayudan a comprender que la vida, aunque este mundo en tantas ocasiones no, merece la pena. Y encontramos las palabras necesarias para acercarnos a alguien, para saber que hay mucha más gente de la que creemos con las que podemos compartir un vaso de vino, tinto con limón, por favor. Siempre con limón. Y libros que traen consigo ilusiones de un mundo más habitable donde todo el mundo tiene derecho a una vida que no tuvimos nunca, a disfrutar de lugares que parecen lejanos desde casa, al alcance, sin embargo, de nuestros dedos. Palomar, Comala, tantos lugares que visitar desde el sillón de nuestras vidas si nuestros dedos quieren, si nuestros hábitos nos permiten descansar un día, disfrutar de la calma de un día en que nosotros podemos estar con nosotros. Al otro lado de la casa hay chicas que viven en otras calles aunque la ciudad sea la misma. Calles que coinciden en algunos momentos: el placer del roce de dos pieles que hablan en silencio. A lo lejos, el mundo sigue girando pero sólo la noche importa ahora. La noche, palabras y la sensación de saber que todos hemos crecido un poco al amparo de amigos que volverán a reunirse en alguna ocasión. A lo lejos, al sur, muy al sur, la Navidad se acerca y los amigos se alejan un poco en estas fiestas aunque sus huellas permanezcan con nosotros en horas alegres y nostálgicas como éstas.

1 comentario:

Sorel dijo...

Amigo profesor,
tienes razón, "hay mucha más gente de la que creemos con la que podemos compartir un vaso de vino".
Por desgracia el tiempo sí que puede ser contado, y cuesta tanto estirarlo, que no cede, no da de sí como la ropa de marca.
Lástima que Cronos no sea director ejecutivo de Air Madrid y haga los días de 27 horas, y las noches de vino y amistad interminables.(cómo era eso de "ni cuerpio que lo resista?").