viernes, 8 de diciembre de 2006

Raíces II

Y todos volverán a casa, la noche ha sido larga, y el cansancio puede con tantas otras cosas. Se abrazarán, manosearán sus cuerpos al haber comprendido que están vivos. Es suficiente. Son días confusos, piensa Aurora, con algunas raíces en sus pies. La cama de Antoin, su sonrisa, están cercas y ella necesita comprender que sólo parecen importar las cosas que están pasando. Y ahora tiene alas, puede volver a volar, crecer para su amado si su amado crece. Para ellos, para todos, ha sido una enorme sorpresa observar la sonrisa, jamás pudieron verla, de Antoin, su felicidad recuperada. Aurora vuelve a estar en sus brazos. StrangeLove parece lejano hoy, cuando hace meses siguió, eran órdenes de la familia, los pasos de Aurora por todos estos caminos; jamás creyó que podría encontrarlo, jamás, pero nada parece difícil para unos pies que pisan charcos para alcanzar las estrellas. Un frasco de amor, tan sólo un frasco habría bastado, pensaba StrangeLove, para que los pies de Aurora durmieran en otra cama, pero fue imposible. Sólo las sábanas de Antoin esperaban a Aurora, las sábanas y una profunda tristeza que acabaría cuando la luz, le dijo alguien a Antoin, cuando era niñó, envolviera a la mujer que amaba. Y el árbol que da sombra y entrega amor produjo otro milagro, y Aurora nació en sus raíces. Hola, Aurora, hace cuánto tiempo, no me lo esperaba, una sonrisa y la perplejidad de cuantos allí estaban. Cicatrizada la herida, era necesario saber si Aurora todavía tenía alas. Estaba cansada, todavía y una parte de su cuerpo, su corazón tal vez, necesitaba un poco de cama y mucho cariño; recuperar las palabras que se agotaron hace tiempo, hablar de vidas que crecieron, para bien y para mal, durante meses, acaso años. El tiempo, siempre lo advertía StrangeLove, nos pertenece, debemos hacerlo nuestro: hay días de seis minutos, horas de siete días. Una parte de ellos se pregunta si StrangeLove estará todavía en esta pequeña ciudad y un pequeño escalofrío recorre las sábanas en las que los cuerpos se acurrucan para escuchar los sentimientos del otro. Es ternura, dice Antoin; David y Ana parecen escucharlo. Son tantas las preguntas pero no es ésta la noche. Aurora se ha dormido, no deberíamos despertarla: dulces sueños, mañana será otro día, duerme un poco más.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Te ha quedado precioso, me va a dar pena que se acabe.
Un beso.