miércoles, 6 de diciembre de 2006

Raíces

Antoin, ¿estás ahí? Si la muerte alcanzara mis zapatos alguna vez, sé fuerte, recuerdo haberte dicho, vive, por favor, es cuanto tenemos. Pero tu rostro tiene lágrimas y dolor tus dedos. Hace poco, tan poco tiempo, estábamos tan cerca; yo había crecido y tú quisiste recuperar tu vida, imaginé que estaríamos juntos. Y ahora te siento cerca, inevitablemente cerca, pero mis brazos no consiguen alcanzarte. Y siento que mis alas me abandonan, no puedo volar para alcanzarte, hay dolor en mi espalda y mis brazos me pesan. StrangeLove estaba cerca, todavía está cerca. Y su odio ensangrenta mi espalda. A miles de kilómetros de distancia no te han olvidado; ahora Antoin es tristeza y así ha de quedar hasta que pida volver a casa. Sus padres me lo pidieron. Lo lamento, Aurora, pero esta ciudad no es para ti. Morirás bajo las raíces de este árbol y nadie, nunca, podrá recordarte. Antoin no volverá a sonreír, prometí a sus padres, hasta que vuelva a su reino, hasta que sus pies vuelvan a la alfombra de Lisa. Lo prometí. Pronto te llorarán sus ojos y su rostro nos pertenecerá. He perdido mis alas, Antoin, no sé volar. Aquellos que te conocieron un día, Aurora, dijo StrangeLove, te olvidarán. No sé volar. Hace tiempo que no sé de ti y he olvidado caminar; un último abrazo, un café sólo. Y nosotros de nuevo. Sonríe para mí, una última sonrisa, y todas mis raíces serán tuyas.
El árbol que da sombra y entrega amor tiene raíces en mis pies, quiero crecer, quiero que crezcamos juntos, una sonrisa sólo, una última sonrisa, para que puedas decirme te he esperado durante tanto tiempo. Estamos aquí. Cactus y David, Carlos, tú, estáis aquí. Cactus sonríe, tal vez se acuerde de mí otra vez: una sonrisa triste, cuántas palabras compartidas: una noche de diálogos y silencios, me recuerdas tanto a... Y ahora se abraza a David, se lo merece, está muy bien eso del cariño, lo dijimos tantas veces. Una última sonrisa, ahora sí, sonríes, y mis brazos, la herida se cierra, no hay sangre en mis alas, podrán alcanzar tus brazos, sonríes un poco más, déjame descansar, que tus manos acudan a mis raíces, que tu vida me lleve un poco. Sonríe, por favor, estoy aquí, otra vez, contigo. Hola, Antoin, te eché tanto de menos, vine a buscarte. Y tú, por penúltima vez, como los que están contigo, sonríes, y yo me levanto un poco, todavía me pesan las raíces, caigo cansada a tu lado y dentro de poco descansaré en tu cama: no olvides traer tu sonrisa.

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