domingo, 10 de diciembre de 2006

Una cama ajena

Si alguna vez has estado, se besan con calma, en una cama que visitas por primera vez, Antoin, la sensación es extraña. Quise, ayer estaba demasiado cansada, decirte tantas cosas pero mis labios sólo querían saborear tu sonrisa; hacia tanto tiempo, intuí ayer, que no reías y pareces no creer que estoy aquí a tu lado, con alas y raíces como todos aquellos que crecieron por amor. Y me hablas hoy, ayer fui incapaz de escucharte, el cansancio me pudo, Antoin, de tristezas que han estado contigo tanto tiempo, de sombras que crecieron en tu piel hasta hacerte escribir en blanco y negro: no había colores vivos para ti. Sólo la irremediable tristeza de todos los que perdieron algo por primera vez. Y sonríes, no puedo creerlo, dices, estás aquí, como prometí, Antoin, como te prometí. No creas que somos nda nuevo, niño de sonrisa melancólica, sólo un hombre y una mujer que naufragaron hasta encontrarse al otro lado de la orilla. Al sur, más al sur, donde tanta gente, ayer, parecía observarte porque tu semblante no era triste; todos querían ser partícipe del milagro. Pensé entonces que mis raíces te hacían cosquillas en los pies pero era la vida, la vida otra vez te llamaba la atención; querías dormir, después de años en una cama ajena, y pronto, quiero estar semanas contigo, me has repetido tantas veces, pronto saldremos a la calle y saludarás a las calles donde me esperaste con nostalgia, donde todo era gris. Nunca quise mentirte, te digo, un día estaremos juntos, te dije, y aquí estamos, comiéndonos a besos en una cama donde lloraste tantas veces mi ausencia, donde nunca hubo carmín de labios ni alegría al despertar solo. Sólo hoy todo ha sido diferente: toda la noche a mi lado, mis alas sentían tus brazos, mi cuerpo sentía el dolor alegre de vivir otra vez. Pronto saldremos a la calle, volveremos a ser tantas cosas, y la gente te sonreirá mientras tú los saludas, pero hoy, en esta noche fría, cansada, me gustaría, quisieras dormir juntos un poco más.

No hay comentarios: