viernes, 15 de diciembre de 2006

Veinte años

Hay personas, dijo Cactus, que hacen la vida más interesante, más agradable. Las tardes pueden ser magníficas y las noches no tan largas. Es difícil encontrarlas porque, en innumerables ocasiones tienen la puerta de su casa cerrada y nadie parece encontrar la llave que lleva a ellos. Tengo mi mundo, afirman, y muchos esperan en la acera, por si en algún momento salen, para hacer más confortable la ciudad. La experiencia, siguió Cactus, los hace tan ilusos; no comprenden que la puerta puede estar tan abierta, abierta a todos aquellos que quieren compartir una taza de café con ellos, café sin palabras. Tanta experiencia para saber tan poco. Sólo necesitamos, no es demasiado, una buena llave, que podemos encontrar, por ejemplo, en un beso en las mejillas, en una mirada, en la crueldad dulce de dos vidas que se rozan durante algunos días para permanecer durante años en el pensamiento. La intensidad de compartir sentimientos mientras no tomamos café puede abrir todo un mundo, una noche a otras tierras, tardes a otros ojos, un sol de diciembre con el que reconocer que el mundo es ancho y nosotros vivimos en casas donde compartir una llave, un vino tinto, una invitación a tardes de sol y siesta en una azotea en cualquier lugar del sur.

3 comentarios:

Marlène dijo...

Este tipo de llaves es tan raro, no hay que perderlas! Permiten entrar en mundos lleno de imaginacion, de intercambio, de amor, de realidad olvidada para mucha gente...

Llaves tan efimeras a veces, tan inolvidables otras veces...

Por favor nunca condena tu cerradura!

Gracias Hino! Pienso en ti.

marlène dijo...

:/ Nunca condenes! no? aaa el idioma espanol!!

Moi dijo...

Verdad, Marlène, el idioma español aunque (nunca condenes), te prometo, yo lo hablo muy bien. Un besazo para Francia y hasta pronto.