lunes, 28 de agosto de 2006

Balada de Antoin de los Lobos y Lisa de las Praderas

Érase una vez un príncipe feliz en su ignorancia y una princesa feliz en su voracidad que estaban, tristemente, destinados a encontrarse en algún momento de sus vidas para no volver a ser los mismos nunca. Antoin era un chico feliz de uno de los reinos más apreciados de las tierras del sur pero su padre pensaba que era hora ya de encontrar una esposa para que no sólo sus hijos pudieran vivir del pueblo; era necesario que también los nietos que vinieran después vivieran a costa de sus súbditos (pensar en la familia, que se llama). Y entonces buscaron entre innumerables contendientes la chica que más se adecuara a sus sentimientos, gustos, objetivos, en resumen, la más atractiva para un hijo poco interesado hasta entonces en las mujeres. Y buscaron durante semanas, tal vez meses, hasta encontrar, pensaron, una chica sencilla que no había trabajado, condición indispensable en toda su vida y cuyos padres eran reyes, no podía ser de otra forma, de uno de los reinos más cercanos, un nombre que Antoin ha prometido no volver a pronunciar en los días que le queden de vida (respetemos entonces su silencio).
Y los primeros meses de convivencia parecían esperanzadores: eran tal para cual, dos personas que no habían trabajado en su vida, que no habían cocinado en su vida, y cuya sangre podía ser tan azul como la de cualquier río, no contaminado, obviamente. Sin embargo, un día, acaso por el aburrimiento, acaso por la pereza de unas conversaciones que no parecían llegar a ninguna parte (era triste que dos personas de alta cuna no pudieran hablar de sus trabajos, de sus problemas financieros, del alquiler de su casa, y de los problemas para vivir juntos, era triste, bastante triste a veces) Lisa salió a las calles de sus reinos a conocer a sus súbditos, a los ciudadanos, decía ella, que tan amablemente prestaban su dinero, su sangre, aunque fuera roja, a la causa monárquica y a ella y su marido. Le conmovía tanto este altruísmo que un día de abril en que llovía a mares se quedó en casa de uno de sus súbditos para devolver de alguna manera cuanto a ella le había entregado la gente que la amaba. Y en uno de los gestos de su acogedor súbdito pareció entender que ella necesitaba su cuerpo y ella, pensó, no podía negarse: era devolver cuanto le habían dado, reconociendo después que era la noche en la que mejor le habían hecho el amor en años. Fue una sola noche, pero no la única.
Las primeras cuarenta y nueve noches no parecieron extrañar a Antoin de los Lobos que sí empezó a sospechar dos noches después, después de que Lisa le dijera que el mero hecho del contacto de su marido la asqueaba. El hecho de seguirla toda la noche y encontrarla en brazos de uno de los ciudadanos más pobres de este reino también ayudó, no podemos engañarnos. Antoin pensó en asesinarla, pero sabía que su pueblo la adoraba, algo nada extraño por otra parte en una mujer tan desprendida, así que entendió que el único camino que le quedaba era el exilio, partir hacia un país al que sabía que nadie acudiría, y supo que no había mejor lugar que Cutrelandia, donde espera que las noches sigan al día y los días sigan a la noche sin más objetivo que llenar de gris todos los colores de la vida, hasta que esta, un día, deje paso a la sombra más absoluta.
Si alguna vez le preguntas por el árbol que puede dar amor a quien se siente a su sombra, ésta será su respuesta: no es más que un árbol, marrón, y con hojas verdes, y seguirá su camino entristecido, nostálgico por un amor que tuvo, que tuvo que compartir con tanto hombre como vivió en su reino.

miércoles, 23 de agosto de 2006

¿Qué está pasando?

Algunos de los seguidores de este blog (dos, para qué mentir) han enviado algún que otro mensaje para saber qué música se puede escuchar en esta tierra que unos llaman hogar, otros Cutrelandia y otros, Antoin de los Lobos (para qué mentir) un lugar solitario como otro cualquiera en el que morir. Optimista, que lo llaman sus amigos (tres, aunque uno de ellos empieza a odiarlo con toda su alma, alma que se va haciendo gris a medida que comparte ratos de aburrimiento con Antoin). Y, como ya hemos escrito en algún momento anterior, aquí la comunicación es un gran problema: a veces puedes escuchar durante horas, escasas horas al mes, con bastante dificultad la música que puede escucharse en otros sitios. El problema es que jamás puedes sabes cuándo ocurrirá este pequeño milagro comunicativo por lo que las autoridades locales, con la ayuda del rey momentáneo, que sí tenía más acceso a otras músicas, decidieron que lo mejor sería acudir a las estrellas de otro países cercanos, y a partir de células que consiguieron de muy diversas formas clonaron muchos de estas estrellas. Para no aburrir, crearon la misma voz en diferentes grupos.
Algunas de las estrellas elegidas fueron David Bisbal, Bustamante, y criaturas de semejante pelaje. Fue todo un acierto: el éxito no tardó en llegar, con lo que el rey, preocupado por la cultura de sus jóvenes súbditos, se sintió un tanto aliviado al saberse además partícipe de este aspecto cultural de su tierra. En realidad, el proceso de clonación fue tal éxito que algunos de los científicos más afamados de la fraguista España se acercaron para observar este proceso por si ello pudieran repetirlo con el viejo Paco (más conocido como Franco entre sus amigos) ya que Fraga empieza, aseguran, a sentirse cansado y quiere que el viejo Paco vuelva a coger las riendas de su amada Españaaaaaaaaaaa. También algunos de los científicos más afamados de la Disney se dieron cita y compartieron sus conocimientos por si podían resucitar al viejo Walt, más conocido como Disney. Como hemos dicho, fue un gran éxito: siete de las diez criaturas clonadas alcanzaron pronto el número uno y los otros tres están aprendiendo ahora a escribir para seguir con el ritmo de éxito conseguido hasta entonces.
Muchos de los periódicos especializados en esta tierra en música creen que el éxito de esta hornada de talentos se debe a sus letras, letras como estas:
¿Qué está pasando?
YO te amo,
pero tú no me estás amando
Así es el amor, claro,
duro y poco transitado
Me quieres
No me quieres
¿Qué está pasando.
Cutrelandia: un lugar con música era el reportaje en el que los periodistas nos decían "Esata es una tierra en la que no tenemos nada que envidiar a nadie. El nivel musical se acerca (y tienen razón) al de tantas otras tierras y sabemos de que (sic) algún día exportaremos música porque estamos creciendo". Así es Cutrelandia, el lugar en el que en tantos momentos vivimos.

martes, 22 de agosto de 2006

La triste historia de Juan y su enemigo imaginario

Hay gente con suerte. Gente que, de un modo u otro, tiene su vida solucionada. Gente que no ha tenido un solo problema en los días de su vida, gente a la que, como dicen los viejos de esta tierra, todo le viene rodado. Desafortunadamente, Juan no es uno de ellos; perdió sus padres con quince años, en el momento en que todo parecía que iba a ser bueno para él: era uno de los mejores estudiantes de su clase, una de las chicas más atractiva de la clase parecía tener mucho interés en él. Un día de agosto con lluvia todo cambió. En una de las escasas carreteras que van a Cutrelandia sus padres, que habían salido a comprarle un regalo por su actitud, perdieron la vida.
A partir de entonces, todo fue diferente: Juan se hizo más esquivo ante todo el mundo, apenas salía de la casa de sus tíos, los que lo acogieron entonces, empezó a perder interés en todas sus clases y no dejaba de pensar que la culpa de sus padres era culpa suya. A ello ayudó el hecho de que por aquel entonces empezó a tener sus amigos imaginarios, amigos que le repetían en tantas ocasiones que nadie tiene la culpa de nada. Eva, una de sus primeras amigas imaginarias, pelirroja y con pecas, le decía que la vida debía seguir, que había que levantarse. Como Eva no tuvo ningún éxito, apareció otro amigo imaginario, Juan Manuel, que tomó el nombre y los rasgos de su padre, que instaba a Juan una y otra vez a que siguiera con su vida. Ante esta imagen Juan parecía desconcertado, feliz a veces, aterrado otras, perplejo siempre. Era la vida, y se le escapaba. Cuántas veces se le podía escapar. Y Juan Manuel le pedía una y otra vez que volviera a su vida. Fue inútil también.
Sus tíos no sabían qué hacer, pero cuando vieron que la televisión parecía relajarlo en tantos momentos decidieron que lo mejor sería que viera la televisión, aunque la televisión que podía sintonizarse en Cutrelandia es la oficial de la España fraguista, algo que acabó por desquiciar completamente a Juan. Ahora algunos de sus amigos eran un señor con bigote que había hecho una guerra y tenía un lugar en la historia y un señor que había tenido los huevos, si no se los había dejado en esa playa, de bañarse en Palomares. En estos días, tristemente, parece que en la mente de Juan sólo habita el señor de bigote y una guerra ya que los demás amigos imaginarios, cansados tal vez de este tipo, decidieron abandonar a Juan, con lo que éste ahora se debate entre su tristeza y la crueldad de un amigo imaginario que sólo sabe decirle que vendrán tiempos más duros, algo que siempre deprime a Juan, que camina ahora siempre sólo por las calles a la espera de que su maldito habitante anterior alguna vez lo deje en paz, algo que, sinceramente, deseamos todos.

viernes, 18 de agosto de 2006

Cómo ser rey en Cutrelandia

Anticuado ya el método de la sucesión, estuvieron buscando los habitantes de esta tierra una solución que pudiera satisfacer a todos los súbditos y tras mucho pensarlo decidieron que la mejor solución sería la siguiente.
En primer lugar, sólo podrían ser elegidos los que no hubiesen trabajado en su vida: nobleza obliga. Así que observaban con detenimiento toda solicitud que les llegara por si en alguna de ellas encontraban un sólo día de trabajo que podía desacreditar a todo solicitante. Solicitantes que también han de demostrar que han vivido en casa de los padres más de veintisiete años. Si una de estas condiciones no se cumple, toda solicitud será inmediatamente rechazada.
Una vez cumplidas estas condiciones se obliga a todos los solicitantes a realizar un curso cuyas actividades más conocidas son las de prestar nombres y apellidos para bibliotecas, hospitales y otros edificios. Otra de estas pruebas es la de pasar unas vacaciones en una playa perdida, prueba que suele dar lugar a muchas quejas, ya que los alumnos afirman que se encuentran lejos de sus familias y no es algo demasiado bueno para ellos. Es en esta prueba cuando algunos de ellos sugieren que tal vez no sirvan para este oficio. Poco después, toca el discurso de Navidad, que algunos participantes creen que deben realizar ellos mismos sin entender que su única función es la de leer el discurso que nosotros les ofrecemos. Algunos de ellos, obviamente, los descartados leen con una pasión sobrecogedora sin entender que su única función es la de aburrir a toda persona que los presencie con el fin de entender que la vida es una triste penalidad tras otra, de ahí que los escogidos sean personas que no han trabajado en su vida y cuya relación con la realidad se reduce prácticamente a la que mantienen con sus padres.
Una vez superadas estas pruebas llega la definitiva: cada uno de los asistentes al curso (abstángase mujeres obviamente) debe abrirse una pequeña herida y sólo aquel que en sus venas muestre sangre azul, aunque sea de forma mínima será coronado rey, en una ceremonia de tres días y tres noches en la que sus súbditos se verán obligados a regalarle el objeto más inútil que puedan encontrar en sus casas, un recordatorio, afirman, de las funciones que el rey deberá realizar en los cinco años que se deba al digno pueblo de Cutrelandia.

jueves, 17 de agosto de 2006

Cosas que hacer en Cutrelandia

Muchos de mis amigos parecían sorprendidos de que yo perdiera en medio de estas montañas que conducía a ninguna parte. ¿Vas a Cutrelandia? Pero, ¿estás loco? Hay veces en que pienso que tienen razón. ¿Que trae a un hombre medianamente inteligente (Subrayemos, por favor, medianamente) a un lugar con un nombre como ése? Un nombre que en ocasiones hace justicia a lo que encontramos. Sin embargo, hay otras en que uno tiene la sensación de que alguien decidió llamar así a esta tierra para que nadie se acercara a ella por disfrutar de mucho de los pequeños placeres que puedes encontrar aquí.
Es obvio que es una tierra olvidada por el tiempo. Menos de tres mil personas y una familia real que hace las delicias de sus habitantes que todavía creen que la sangre azul es una razón lógica para ser diferentes. Algunas leyendas cuentan que si alguna vez hubiera sequía bastaría con que un príncipe cualquiera virtiera su sangre sobre el lago que hay hasta convertirlo en agua. Es obvio cuál es el príncipe favorito para esta cuestión. Dos pájaros de un tiro, se dicen entre sonrisas.
Una tierra olvidada por el tiempo con un cine cuyas últimas dos películas han sido El apartamento y La noche del cazador. El color en el cine parece un milagro para ellos. Cuando les dices que hay películas en color te miran con una sonrisa burlona e incrédula. No deja de ser paradójico cuando muchos de ellos tienen móviles con color. Claro que la cobertura en esta tierra es prácticamente un milagro. No creo que haya más de un metro de tierra con cobertura así que las funciones del móvil se reducen a la de alarma.
Conocer a alguien no es demasiado difícil ya que sólo hay dos bares en Cutrelandia y una cafetería que, casualmente, pertenecen al alcalde que, a su vez, es el bibliotecario por lo que, a veces, puedes encontrar a muchos de estos ciudadanos leyendo un libro cualquiera mientras se quejan de los problemas más insignificantes al alcalde. Decidieron, me dicen, que el alcalde sería el que conociera más personas de esta tierra. Y, obviamente, no podía ser otro que alguien con dos bares y una cafetería. Siempre repite que aunque sean pocos ciudadanos quiere que sean leídos.
Pasear por las montañas también es una opción aunque a veces puedes encontrarte aquel vecino del que hemos hablado alguna otra que vez y sus amigos imaginarios. Si te presenta a algunos de sus más cansinos amigos imaginarios el viaje puede ser agotador y no hay un momento en que puedas disfrutar de las impresionantes vistas. Una pena. Algunos de sus ciudadanos han subido a la montaña sólo por leer un libro y han vuelto con sus dedos congelados.
Y la tranquilidad, la tranquilidad siempre está ahí. La tranquilidad de escuchar las miles de historias de la gente de fuera que ha venido aquí por diversas cuestiones: refugiados políticos que han encontrado aquí su hogar, gente que ha venido por desamor, gente que no quería ser encontrada. La tranquilidad de escuchar sus historias y escribirlas. Escribir la vida a veces puede ser una respuesta. Aunque nunca sepamos cuál es la respuesta.

martes, 15 de agosto de 2006

Casa

Descubrí que el enemigo estaba en casa.
Pero no quiso abrirme la puerta.

lunes, 14 de agosto de 2006

Amor

Juan ama a Margarita. Margarita, sin embargo, es demasiado tímida para decirle a Rafael que siempre lo ha amado aunque sepa que éste ama a Carmen, que a su vez está enamorada de su profesor de filosofía del único instituto que hay en Cutrelandia. Carmen sabe que en contadas ocasiones el profesor encontrará atractiva a sus estudiantes y que, lamentablemente esta es no es una de ellas. Escribe el nombre de su profesor, una y otra vez en su cuaderno, rodeado por un enorme corazón que no pasa desapercibido para su compañero de pupitre que siempre ha querido a Carmen en secreto y ha escrito su nombre en el árbol de los enamorados, como tantos otros. Algunos dicen que este árbol es la imagen perfecta del amor en esta tierra, lleno de cicatrices y cansado de que todos acudan a él para mostrar tanto cariño. Debajo del árbol, todos aquellos que nunca han sido amados señalan el nombre de la persona amada. Cuenta la leyenda que en días de mucha lluvia, algunas personas han acudido, sin saber por qué, a las casas de la gente que inscribió sus nombres en este mítico árbol esperando, alguna vez, obtener alguna gota de amor de aquellos que una y otra vez rondan su cabeza, y su corazón en ocasiones.
Se dice que fue el primer lugar al que acudió Cactus cuando llegó esta ciudad pero que entendió entonces que el árbol había recibido suficiente castigo para pedir un poco más de amor. Por eos cuentan ahora que tal vez el desamor que reina en estos días en tantas casas de Cutrelandia no sea sino la venganza por tanto dolor infringido a un ser vivo que, cansado de tanto daño, decidió que la gente dejara de creer en él. Incluso así, Javier sigue esperando que el amor ya marcado en el árbol haga que un día Carmen se acerque a su casa un día de lluvia para compartir entonces su primer beso.
También se dice que el ocaso del poder del árbol surgió en el momento en que Antoin de los Lobos, también conocido como el príncipe amargo, se acercó al árbol para pedir que su amada volviera a sus brazos. Dos días, y sus correspondientes noches estuvo diluviando pero ni siquiera así acudió su amada que, según narran, se estaba acostando con cada súbdito del reino del que Antoin se fue amargado. Así que es otra de las razones por la que Antoin es un desgraciado y de que muchos de los habitantes de este reino empiecen, como poco, a odiarle. Ah, el amor, tan difícil a veces, tan gratificante otras.

domingo, 13 de agosto de 2006

Adicciones

En Cutrelandia existen las adicciones más variopintas. Hablaremos sólo de las que más nos han llamado la atención. De todas formas, si alguna vez desean saber más sobre adicciones, amoríos varios pueden hacerlo en esta página: www.salsacutre.com, cuyo último programanos trajo las discusiones a viva voz de Nietszche y Kant. De todo hay en la viña del señor.
Como decimos, muchas son las adicciones que pueden darse en esta tierra pero las que más nos han llamado la atención son aquellas que hacen de sus habitantes personajes únicos. Uno de ellos, Emilio, es adicto a las palabras y se le puede observar escuchando detalladamente cada conversación que se produce intentando descubrir paalbras que desconoce. Su rostro se ilumina cuando aparece en los labios de otra persona una palabra desconocida hasta entonces. Y la pronuncia una y otra vez hasta adivinar cómo sabe: siempre es un placer hablar con él, claro.
Otra de las adicciones más conocidas es la de Juan, aficionado a amigos imaginarios. Uno de sus últimos amigos, lamentablemente, es un muñeco diabólico al que llama Aznar que afirma, según Juan, una y otra vez: yo empecé una guerra, tengo un lugar en la historia.
Eva, adicta a los móviles, en su ciudad sustituyó aquí esa adicción por una un tanto peculiar, caminar bajo la lluvia contando las gotas que se encontraba en su camino. Una forma como otra cualquiera, asegura, de sustituir una obsesión. Dice que a veces se ha quedado dormida en las calles cantando gotas de lluvia. Nunca hemos sabido si exagera o no.
Acaso una de las peores adicciones sea la de Antoin de los Lobos, experto en destrozar su felicidad y la de los demás. Jamás, nos cuenta la gente de su calle, ha tenido una palabra de ánimo hacia sí mismo o hacia los demás, y su única frase conocida parece ser: Vivir, ¿para qué? Es penoso mantener una conversación con él; durante media hora puede repetir esta frase más de quince veces. Y más penosa es su autocomplacencia: sólo yo comprendo mi dolor, nadie puede comprender mi tristeza. Nadie. Y todo porque su princesa, la chica con la que iba a casarse, se acostó con casi todos los súbditos de su reino anterior. Decidió, afirma, irse al sitio más amargo del mundo, sin comprender que él es el sitio más triste del mundo. Hay gente que vive para amargarse a sí mismo y para amargar a los demás. Sal de la vida, que lo llaman.
Y, bueno, otro día hablaremos de más adicciones porque ahora Juan viene con su amigo, el muñeco diabólico, y estamos hartos de escuchar: tengo un lugar en la historia. Perdón por las molestias, pero tenemos prisa.

sábado, 12 de agosto de 2006

Una cita

Es increíble. Para dos bares que hay en Cutrelandia, me voy al que no es. Y ahora que intento llamar a Cactus para decirle que llegaré tarde, no hay cobertura. La cantidad de cosas inútiles que hay en nuestras vidas. Si tiene algún interés esperará, supongo. Sólo hay unos quince minutos de un bar a otro. Intento darme prisa y es patético: no recordaba que mi forma física fuera tan patética. Llego exhausto al otro bar y Cactus está sentada observando el horizonte lejano, las montañas que rodean la ciudad; se gira entonces un momento y uno no puede dejar de obsrevar sus inmensos ojos verdes. Y una sonrisa todavía infantil que hace de ella una de las mujeres más atractivas que hombre alguno haya conocido en su vida.
- Hola, le digo. Siento la tardanza. Me equivoqué de bar.
- Menos mal que sólo hay dos. Si no, me habría ido.
- Espero no haberte hecho esperar demasiado.
- No te preocupes. He llegado hace tres minutos. No sabía si...
- No pasa nada. Pero me alegra que estés aquí. Por cierto, si no es mucho preguntar, ¿qué haces aquí? Podrías estar en cualquier parte y serías admirada, querida y sin embargo estás en medio de ninguna parte. No lo entiendo.
- Es donde quería estar. Aquí nadie parece saber de ti, de las cosas que te han pasado. La tierra olvidada por el tiempo, creo que dijo alguien. Es donde merezco estar.
- ¿Por qué dices eso?
- No lo sé, sinceramente no lo sé. Pero es lo que creo. No creas que es duro estar aquí. Al principio, cuando estaba deprimida y vivía en la calle del Príncipe Amargo y su secta, fue duro. Cuanto oyes en la calle es queda un día menos para el fin. Un día menos. Y todo parece gris. Era lo que yo quería pero después me di cuenta de que todos merecemos algo bueno. Lo merecemos.
- Hay que caer y levantarse, y seguir. Es lo mejor.
- Y ahora yo me he levantado. Nada de supernenas, sólo Cactus, una chica normal.
- Con unos inmensos ojos verdes.
- Y ¿por qué acabaste tú aquí?
- Le prometí a alguien que vendría. Es divertido: cuando llegué se había ido. Se cansó de esperar.
- Siempre nos cansamos de esperar. Incluso yo. Creía que Utonio vendría en algún momento. Pero me equivoqué. Y aquí estoy, siendo feliz a veces. Cansada de tantas cosas, pero deseando tanto otras.
- ¿Qué cosas son las que deseas ahora?
- Amor. Amor verdadero. Ese amor que te cala en los huesos y te despierta con una sonrisa estúpida a las cinco de la mañana.
- Uaun. No creo que tardes demasiado en encontrarlo. Aunque la gente de este lugar no sepa quién eres. Eres de ese tipo de chica con la que uno quiere estar aunque no salga con ella.
- Gracias. Es muy bonito.
- Claro, cinco años de universidad valen para aprender a hablar. No creo que para mucho más.
- Sería genial encontrar alguien que me haga reír, con el que hablar de tantas cosas. Las pocas conversaciones que teníamos el profesor y yo eran sobre villanos, salvar el mundo. Y le hicimos saber que estaba equivocado. El único modo de salvar el mundo es que cada cual tome su propia responsabilidad. Creía que todo el mundo era bueno; también yo, antes. Acabé cansada de hacer el trabajo de otros.
- ¿Y mantienes el contacto con las otras supernenas?
- Pocas veces, cuando la cobertura del móvil me deja. Respetan mi decisión y no vendrán aquí a menos que se los pida. Son geniales pero saben que estoy aquí para crecer. Cuando crezca, cuando sea yo, decidiré si vuelvo, si me quedo, pero será mi decisión.
- Ojalá yo tuviera las cosas tan claras. Estoy aquí porque no sé dónde ir. Ni idea.
- Es bueno que estés aquí. Es bueno tener alguien con quien hablar. O que te escuche.
- Gracias. Sabes, deberíamos tomar algo. Llevamos un rato aquí y no hemos pedido nada.
- Prefiero, si no te importa caminar. Me encanta conversar caminando. Es como pausar el ritmo de la conversación. Y vemos un poco de esta tierra. Nos quejamos mucho pero tiene rincones preciosos. Venga.
- Vale. Tú serás mi guía. Vamos adonde quieras. No puedo tener mejor guía.
- Además, con estos inmensos ojos verdes será fácil encontrar lo que busco.
- Claro que sí.
- A veces nos olvidamos de las cosas más obvias.
- Obviamente.
- JAJAJAJAJAJAJA. Alguien que nos haga reír. ¡Qué razón tenía!
- Bueno, caminemos un poco.
- En cuanto quieras.
-

jueves, 10 de agosto de 2006

Historias mínimas

En Cutrelandia pasan cosas, algunas cosas, no demasiadas. Y al ser una tierra pequeña todo el mundo parece conocerlas, cuando no compartirlas. Algunos hablan en estos días del pequeño romance que parecen estar viviendo Cactus y el escritor cansado de la gran ciudad. Un café es todo acontecimiento. A todos impresionan los inmensos ojos verdes de Cactus y la ternura con que habla el escritor. Algunas mujeres hablan de cómo la mujer llega al hombre por los ojos y el hombre a los mujeres por los oídos.
Cada nuevo habitante es una gran noticia, un hecho del que hablar durante meses. A veces no para bien, aunque nada sepan los habitantes de esta ciudad del mundo que les rodea. No les interesa, se dicen, no tenemos medios. Cualquier excusa es buena para ser, sencillamente, una pequeña porción de este mundo, perdida en ninguna parte. A veces hablan de la inmensa tristeza y desgana del Príncipe Amargo, Antoin de los Lobos, y se dicen que algunos estarían mejor en otra parte.
Otras veces toman un café en el bar de la calle Principal, cosa que no deja de ser irónica, porque sólo hay una calle en esta tierra. Una calle, la calle principal, y jóvenes de veinte años que tienen que irse cuanto antes de este maldito lugar en medio de la nada. Y escuchan con el corazón encogido los relatos de algún tipo que ha acabado en esta tierra, y que tiene tanta vida en sus ojos, en sus zapatos. Algunos no pueden imaginar su vida en otro sitio. La tranquilidad, se dicen, en ningún lugar como aquí. Cuestión de perspectiva.
Son pequeñas historias, cuentos que empiezan, amores que nacen, relaciones que mueren, días cualesquiera, en definitiva, en una ciudad del sur que alguna vez tuvo la intención de ser conocida pero cuyo interés ahora es casi nulo para todos excepto para los que viven allí, una tierra al que algunas personas llaman hogar.

martes, 8 de agosto de 2006

¿Por qué Cutrelandia?

"¿Por qué esta maldita tierra? Porque mi padre obligó a toda la familia a venir, era uno de los perseguidos por el régimen fraguista. Se le ocurrió decir que nadie con 142 años de edad podría ser presidente. y ganó Fraga. Antes escuchaba música de verdad: Fran Perea, La Oreja, Melendi, música de verdad y ahora cuanto puedo escuchar es música extraña de los 70 por lo menos. Es una porquería y, además, la mitad de las veces no hay cobertura para llamar a mis amigos. Y películas: antes veía American Pie, Superman y ahora veo películas a las que les han quitado el color que no hay quien entienda. Quiero irme a casa, ahora." Un chico de quince años que no ha querido revelar su identidad.
"¿Por qué esta tierra? Qué más da, todas son iguales. Los mismos edificios, la misma gente, los mismos días, las mismas noches. Todo en este mundo es igual: sólo hay tristeza, dolor. Es un lugar, supongo, como otro cualquiera donde morir. Yo, no quiero hablar más, lo siento." Antoin de los Lobos.
"Todo el mundo habla más de este reino. Cutrelandia, donde no hay nada, la tierra que el tiempo parece haber olvidado, pero a mí me gusta la música que puedes encontrar en sus bares (dos) y las películas del cine. Todo es tranquilo en este lugar. Creo que no ha habido un solo problema de convivencia en el tiempo que llevamos aquí. Es increíble, pero me gustaría quedarme. Llamadme loco". Juan Ramón, que lleva viviendo más de diez años aquí.
"Hay que estar loco para querer vivir aquí. No hay nada. En cuanto tenga algo de dinero me voy de aquí. ¿Cómo? ¿Hay que trabajar para ganar dinero? En realidad, aquí no se vive tan mal". José Manuel.
"Es el lugar perfecto donde esconderte de ti y de los demás. Nadie parece conocerme, en realidad todo el mundo se saluda pero nadie parece conocer a nadie. Es el lugar perfecto donde curarte de todo tipo de heridas, heridas de guerra, de amor... Lo siento, tengo prisa, una cita." Cactus.

lunes, 7 de agosto de 2006

Más voces

Hola, me llamo David y me han cedido este pequeño espacio para contar por qué yo vine a Cutrelandia. Puedo pensar en varias, pero la principal es que a causa de mi oposición al régimen fraguista fue obligado durante más de tres meses (a partir de aquí empecé a perder la noción del tiempo) a escuchar la COPE, hecho que obligó a abandonar un país en el que había vivido durante más de treinta años. Aproveché uno de los brillantes chistes de Jiménez Losantos que hizo reír a todos mis torturadores durante largos minutos para escapar de allí prometiéndome que tardaría en volver. Era obvio que nunca me buscarían en Cutrelandia, así que aquí estoy. Pienso en muchas de las incoveniencias de vivir en una tierra tan pequeña como esta, pero el hecho de que la señal de la COPE no llegue es suficiente para vivir aquí durante más años.
Yo me llamo Ana y soy profesora. En mi vida, sinceramente, me he sentido más inútil que en los meses anteriores. Como David, soy española, del sur y dar clases es en estos momentos en ese lugar es una heroicidad. Hace dos meses, presencié la agresión de una madre a una profesora. No fue a mí sino a una gran amiga, y consiguió que me sintiera asqueada del mundo en el que vivo. Peor fue la sensación de la consejera: fue un hecho aislado, declaraciones que recogió la cadena oficial, la COPE Para ella, todos son hechos aislados; decidí largarme donde fuera y la oferta que me realizaron desde esta tierra parecía buena. Por ahora, no he tenido ningún altercado así que, aunque aquí hay muchas desventajas (la última película que he visto es El apartamento de Billy Wilder) tengo que decir que la violencia todavía no ha llegado a estas calles y espero que tarde mucho en hacerlo. Aquí levantarse tiene sentidoy, hey, espero que David no pueda leerlo, empiezo a llevarme muy bien con algunos de los habitantes de esta ciudad.
A mí me llaman José Manuel y, la verdad, no tengo ni idea de por qué estoy aquí. Es un sitio como otro cualquiera ¿no? Por cierto, un saludo a todos los que se acuerden de mí. Lo malo es que aquí no hay quien sintonice una cadena medianamente decente de radio; lo que daría a veces por escuchar una cadena de radio, aunque fuera la COPE. Bueno, no la COPE, no. Cualquier otra con música y alguan que otra noticia. En fin, tengo que irme, tengo una cita con la alcaldesa y odia esperar. Hasta pronto.

domingo, 6 de agosto de 2006

Voces


Hoy sería más apropiado dar la oportunidad de dejar hablar a algunos de los habitantes más conocidos, para bien y para mal, de esta tierra que tantos dan en llamar Cutrelandia. Uno de ellos, Atoin de los Lobos, llegó de tierras extrañas en las que, según dicen, estaba sentado, sin hacer absolutamente nada durante horas y horas. Tal hastío le envolvió en una espiral de aburrimiento y dolor al que también le llevó el abandono de su prometida Lisa de las Praderas. Solo y triste, se convirtió en el Príncipe Amargo, cuyo roce podía hacer que la gente cayera en una especie de insensibilidad para con los demás que ha convertido su calle en una especie de lugar gris y solitario al que van a vivir aquellos que no quieren más en vida y, sintiéndose culpable por errores de juventud, quieren dejar pasar todo hasta la inevitable llegada de una zona más gris todavía. Una de las frases más empleadas por los seguidores de este Príncipe Amargo es: ¿vivir? ¿para qué?
Otra de las habitantes más famosas de esta tierra en la que no todo es gris es Cactus, una de las Supernenas que, enamorada de su creador, Utonio, decide confesar su amor a este. Al sentirse rechazada (en realidad, Utonio la ama pero la diferencia de edad es un gran problema) decide irse a un lugar donde nadie la conozca y comprende que Cutrelandia es el lugar perfecto. No hay que olvidar que a esta tierra llegan películas que en cualquier otra ciudad hace años que ya han puesto en el cine. El último estreno de esta tierra ha sido EL apartamento de Billy Wilder. Al principio Cactus también vivió en la calle gris, con el Príncipe Amargo y hombres que todavía ven los fantasmas de las mujeres que un día los amaron, también gente cansada de su trabajo y su vida, pero pronto entendió que hay que seguir. La vida, desde el principio, es separarse le dijo uno de los adivinos que pueblan este reino; Cactus sintió que tenía razón y, ahora, aunque se prometió a sí misma no volver a utilizar sus poderes en su vida, se dedica a observar a todos los habitantes que llegan por si alguno de ellos se convierte en el chico con el que tomar café hasta crecer en la misma cama. Chicos, me dijo, nunca príncipes, estoy harto de inútiles cuyo único sentido en la vida es amargar su vida y la de los demás. Así la conocí, y ahora debería irme. He quedado con ella para tomar café; deseadme suerte.

sábado, 5 de agosto de 2006

Españolators

A menudo, muchas de las personas que acaban por vivir tienen los mismos motivos. Están cansados de vivir en una España en la que Fraga ha ganado, a sus ciento cuarenta y tres años, las elecciones por cuarta vez consecutiva. Tristemente, cada que vez que ha accedido al poder, el discurso ha sido el mismo: desarmado el ejército rojo... Algunos de los últimos habitantes aseguran, sin rubor, que tenían que irse antes de escuchar otra vez el absurdo discurso que una u otra vez repite. Como si la foto de Palomares, dicen, no fuera suficiente. Otros, simplemente, se han ido porque no soportaban el espectáculo que daban sus amigos, o conocidos, en un avión, en un autobús, en un tren. Qué más da, me dicen, el transporte. Lo penoso es el espectáculo que dan en cualquier lugar. Basta que las azafatas del avión digan que el cinturón debe estar aborchado para que todo españolator que se precie se desabroche el cinturón; basta un viaje a la playa para que todo españolator que se precie vocifere durante todo el trayecto; basta ir de una ciudad a otra en tren para conocer vida, hazañas y miserias de todo españolator que se precie ya que la discreción no es, sin duda, su mejor virtud. Se dice, en algunos lugares, que el nombre de Cutrelandia obedece a la genial idea de algún españolator, pero no es algo que nadie parezca tener claro. Lo cierto es que, a pesar de sus numerosos defectos, a veces el silencio de este pequeño reino es reconfortante para todos aquellos que huimos del fragor de las batallas más absurdas. Y de sus numerosos defectos e historias tiempo tendrán los habitantes de esta ciudad para hablar, y yo para escucharlos atentamente. Vendrán otras historias, y otras gentes a esta ventana del mundo que algunos se empeñan en llamar hogar.

Infierno

Me desperté a las tres de la mañana y me contemplé en el espejo. Entendí entonces que el infierno nunca podrán ser los otros.

Tierra


Cutrelandia. Una tierra de unas dos, con suerte, tres mil personas, un rey que vive a costa, como todo rey que se precie, del esfuerzo de sus ciudadanos, súbditos sería más correcto, nos diría él, una princesa que se levanta una vez el alba ha llegado, a veces mucho después de que el alba haya llegado y deja el trabajo a sus ciudadanos. Algunos de sus súbditos más cercanos lo llaman generosidad. Otros, simplemente suspiran, sin entender muy bien por qué la sangre que siempre corrió roja bajo sus venas tiene otro calor en los cuerpos ajenos. Cutrelandia, al sur, siempre al sur, con reyes, reinas, príncipes, princesas y trabajadores, trabajadoras que sueñan con otra vida mientras dejan sus días pasar en un trabajo, a veces sin contrato, otras con un contrato indefinido (nunca sabemos, dicen, si voy a trabajar hasta el lunes, el miércoles o el viernes). Cutrelandia, rodeada de hermosas montañas. Una tierra, como tantas otras, para amar y para odiar.

viernes, 4 de agosto de 2006

¡Qué bien hablan aquellos que no tienen nada que decir!

jueves, 3 de agosto de 2006

Cutrelandia

Imagina un país con reyes y reinas, príncipes y princesas. Es mucho imaginar, pero puedes hacerlo. Un país donde todos son iguales si no han nacido, claro, bajo los extraños designios de la sangre, que a veces puede ser azul. Un país como éste, donde tener un trabajo fijo, una casa que poder comprar después de los treinta años es casi un desafío. Puede que tengas que tener mucha imaginación, pero este país podría existir. Imagina que existe y su nombre es Cutrelandia.