miércoles, 29 de noviembre de 2006

La más extraña de todas las palabras

Sorbe de mis labios una palabra más, una palabra sólo; llega la noche y hace frío, pero no importa. Hay luz en ciertos labios y vida en los corazones que se arrebatan al calor de una cama sin hacer. Despierta al mundo: tanta belleza duele.

martes, 28 de noviembre de 2006

En los ojos de Aurora VI

- Hola, Aurora, ¿cómo te encuentras? escuchó mientras miraba, como casi siempre, en estos días, con un poco de asombro. Le seguía sorprendiendo que todo el mundo conociera su nombre en estos caminos.
- Hola, ¿cómo te llamas?
- Me llamo Cactus. Y, como tú, camino por estos lugares hasta volver a encontrar mi vida. Huyo de una amor que no fue y, como tú, espero volver a encontrar mi vida, mis días en el mundo.
- Es extraño. Todo el mundo parece buscar en estos días la parte de su vida que perdió.
- En estos días, no, Aurora, siempre. Todo el mundo tiene algo que ha perdido, algo que le gustaría tener. Siempre echamos de menos lo que no tenemos, somos humanos.
- Y, ¿cuál es tu historia? Todo el mundo conoce la mía, pero yo no sé...
- Todo el mundo tiene una historia. Y la mía comienza, como tantas otras, cuando me enamoré de mi creador, el profesor Utonio. Pero el sentimiento no era mutuo. No hay nada mejor que amar si una es amada. No pudo ser. Era demasiado pequeña para él, decía, y nadie podría entenderlo. No puede ser, Cactus, decía, y no dejé de llorar en días. Otro corazón roto, nada nuevo, sólo otro corazón que se rompe.
- ¿Qué hiciste después? Para mí fueron días duros; él me quería pero no tuvo el valor para enfrentarse a su vida.
- También es una historia triste. Es duro. Estuve algunos días en esa ciudad, en ese lugar en el mundo; mis hermanas trataban de animarme, pero no pude continuar. Era difícil estar en los mismos sitios, escuchar sus palabras. Era toda una heroína en esa ciudad, había salvado a mucha gente, pero me olvidé un poco de mí. Entonces decidí irme. A veces es lo más difícil, recuperar tu vida, ser egoísta, pensar en que tú deberías ser la primera opción. Un egoísmo bien entendido.
- Crecer es ser egoísta, es decidir qué queremos. A veces, tenemos que dejar tantas cosas atrás, huellas que nos sorprenden cuando las vemos de nuevo. Crecer para aquellos que queremos que estén a nuestro lado.
- Sí, crecer es elegir, dejar cosas atrás, aunque a veces es muy difícil. Los primeros días han sido complicados, encontrar un camino, un lugar donde ir. Pero ahora sé, como todo el mundo dice, que Cutrelandia, es el sitio al que debo ir. Volver a vivir, volver a ser yo. En un pequeño reino perdido al sur donde todo aquel que quiere una segunda oportunidad comienza sus mañanas.
- Me encantaría ir contigo, pero yo debo crecer un poco más, conocer más gente, vivir un poco más. Pero pronto, no lo dudes, nos veremos allí.
- Será genial. Y hablaremos, al sol de las calles en que vivamos de todas las cosas que hemos perdido y ganado. De lo que necesitamos y lo que no.
- Nos veremos pronto. Suerte y hasta entonces.
Así que, sorpresa, sorpresa, si nuestro escritor no es demasiado distraído y, aunque lo es, no es esta la ocasión, Cactus conocía a Aurora. ¿Por qué entonces no parece conocerla en Cutrelandia? ¿Por qué fue incapaz de conocer a la chica muerta y con raíces que se encentra en el árbol que da sombra y entrega amor? ¿La conoce y hay causas ocultas que le impiden decir a Cactus que conoce a Aurora? Preguntas y preguntas. Algunas serán contestadas mañana en este serial radiofónico que el editor, a pesar de las protestas airadas de su autor, ha dado en llamar vidaencutrelandia. Hasta mañana. Pasad una buena noche y cuidado con el frío, que empieza a apretar en las calurosas antaño calles del sur.

lunes, 27 de noviembre de 2006

En los ojos de Aurora V

En los ojos de Aurora los caminos son marrones pero breves, la tierra tiene luz y raíces, el mundo ofrece siempre una segunda oportunidad. La oportunidad de encontrar, si alguna vez la hubiéramos perdido, nuestra vida en otro lugar, en otras calles, la oportunidad de volver a usar todas las frases que creíamos gastadas. En estos días, Aurora ha viajado por caminos de desterrados y ahora, después de tener claro que el lugar al que ha de ir, porque allí Antoin recreará su vida, es Cutrelandia, ese reino al sur de todos los lugares donde hay un árbol, le han dicho, que da sombra y entrega amor, un lugar donde las películas sólo pueden verse en blanco y negro y las parejas conocerse en el único café de la ciudad. Una vieja vida en un nuevo lugar. Y unos nuevos pasos en los que dejar ya las huellas que en algún momento olvidamos. A lo lejos, Aurora contempla como un grupo de chicos y chicas, de no más de treinta años, se acerca a ella y contempla, con estupor, como todos llevan una L cerca de su pecho. Hola, Aurora, le dicen los primeros y ella ya se lo toma, sabe que en estos caminos todo el mundo la conoce, con calma. Hola, dice, y una de las chicas le dice, sonriendo, supongo que querrás preguntarnos también por qué llevamos una L en nuestros brazos algunas, otras, no puedes verlo ahora, en sus pechos; otros en su espalda. La respuesta es demasiado fácil: no sabemos vivir, no tenemos la experiencia necesaria, todo han sido errores, y ahora, mucha gente, al vernos, parecer respetarnos más. Algunas pecamos de inexperiencia en el amor; creímos, ¿puedes creerlo?, en el amor eterno, otros creyeron que sus trabajos eran indefinidos y no se equvocaban: no supieron cuando los echaron. Y ahora queremos vivir desde el principio y que el mundo sepa que nosotros, sobre todo nosotros, tenemos derecho a equivocarnos, y necesitamos la comprensión de los demás para que sepan que no sabemos, por ahora, vivir. Una L es suficiente para que todo el mundo lo sepa; una L es suficiente para recordarnos que vivir es una lección que olvidamos cada día. Y tú nos haces sentir bien, porque estás aquí, buscando tu propia vida, tus raíces para construir un mundo que ya conoces. Y a veces hemos pensado, las palabras vuelan en estos caminos, que tú serías la persona perfecta para conducirnos pero entendimos luego que somos nosotros, cada una de nosotras, las que debemos encontrar nuestro camino. Pero te desearemos suerte porque sabes lo que quieres y lo conseguirás. Y tendrás un hogar, como tantos otros, como tantas otras, nos encantará que nos lo cuentes, en Cutrelandia.
Y Aurora, el tiempo sigue, algunas horas duran siete días, otras apenas unos minutos, caminando por los caminos que llevan al sur, a las olvidades calles que, espera, pronto la harán sentirse viva de nuevo.

viernes, 24 de noviembre de 2006

En los ojos de Aurora IV

- Hola, Aurora, volvió a escuchar mientras se estremecía de nuevo. Quién sería ahora, era una voz femenina, la mujer que le acompañaría durante un tiempo por los olvidados rincones del camino de los desterrados.
- Hola, dijo, cansada, ya que apenas había podido dormir la noche anterior. Había tenido pesadillas con un lugar, cuyo nombre desconocía, donde Manolito Palomares era un héroe, había reyes porque tenían sangre azul, y Antoin no estaba allí, con casas de treinta metros, y ciudades donde había casas con playas. Todo había sido muy extraño. Y la primera luz de la mañana, sencillamente, la había despertado un poco. ¿Te conozco?
- NO, no puedes conocerme. Estás en estos caminos porque quieres. Nosotras fuimos expulsadas. Pero no importa: volveremos a ser amadas, nos lo merecemos. Nos lo merecemos. Me llamo Luci, y vivía en la tierra a la que vas.
- ¿Cómo sabes adónde voy?
- Era escritora. Digan lo que digan, todavía lo soy. Era una gran contadora de historias. El problema es que yo contaba historias y luego los habitantes de Cutrelandia hacían realidad esas historias. Eran mis historias, mis historias.
- No sé si irás a Cutrelandia. Irás y yo lo contaré alguna vez. Como he contado tantas otras cosas. Historias que hablen de Antoin y de ti, de los pasos que habéis dado para encontraros. De la maldad de los hombres y la bondad de toda mujer. De las huellas a las que aferrarse en el camino. Y volveré a abrir mi casa a todo el mundo. A todo el mundo. Para que sepan que no guardo rencor a aquellos que me echaron de mis calles. Pronto volveré a Cutrelandia y veremos películas en blanco y negro en el único cine de la ciudad. Las películas que yo elija.
- ¿Y qué contarás de mí y de Antoin?
- Todo, todo lo que me digan tus palabras.
- Hay historias que no pueden contarse, sólo deben ser vividas. Se cuenta porque no se vive.
- Te equivocas. YO vivo, vivo contando, y las palabras de otros, porque yo he perdido todas las palabras, son mi vida, mis aceras, las almohadas en las que duermo. ALgún día, todo el mundo se dará cuenta. Fui bendecida, no lo olvides, bendecida. Y querrás que yo cuente tu historia aunque tú la hayas vivido.
- Tal vez tengas razón, pero queda demasiado tiempo hasta encontrar Cutrelandia. Primero he de encontrarme a mí, encontrar las raíces en mis huellas. Las huellas que Antonio necesite cuando vuelva a su vida.
- Pero irás a Cutrelandia, irás, como todo aquella que no tiene lugar al que ir. Y tal vez aprendas a amarla. Y yo lo contaré, como he contado las palabras de todos aquellos a los que he escuchado entre sombras. Así será. Y mi casa en Cutrelandia será tu casa. Y hablaré a todo el mundo con las palabras más correctas, más alambicadas que pueda encontrar. Hablaré de dualidades, de dicotomías, de álgidos placeres que alcanzan la carne. No seré todavía de la RAE pero como si lo seriese.
- Bueno, me encuentro un poco cansada. Tal vez debería irme.
- Si estás cansada, duerme, sueña, y yo escribiré tus sueños. Seré Luci, tu amiga escritora, la amiga que imaginó tu vida cuando la habías perdido, la amiga que...
- Sé lo que quieras. Sé agua, si quieres, pero yo no tengo sed, sólo hambre y debería irme.

jueves, 23 de noviembre de 2006

En los ojos de Aurora III

El más largo de los caminos, se dice Aurora, empieza siempre con un primer paso y yo ya no veo el lugar del que venía; todo ahora es un horizonte nuevo, unas calles que piso por primera vez, desayunos que puedo saborear sola todas las mañanas y la inevitable nostalgia de perder una vida para ganar otras. Si pudiéramos estar en dos sitios, que nuestros labios susurraran dos canciones al mismo tiempo, pero no puede ser. Ya nunca nada nos será devuelto. Otro pueblo, otro pequeño reino donde dormir hasta buscar la cama adecuada en la que ser yo hasta que Antoin vuelva a mi vida para ser nosotros. Crecer significa visitar otros cuerpos, sorber otras palabras, vivir otras almohadas para, al llegar otra vez a casa, escuchar: te amo, te veo muy cambiada. Y ahora Aurora camina hacia el sur, siempre al sur, mientras se aleja de todos aquellos que un día la conocieron. Volverá a verlos y sabrá entonces que pocos serán aquellos que un día estuvieron con ella. La gente cambia, pero no toda, imagina, y camina un poco más. Le han hablado varias veces de este lugar; lo llaman el camino de los desterrados y le han contado, también Antoin, que aquí acaban los que han sido expulsados de todo aquel lugar en el que han estado, y no deja de preguntarse a quién podrá encontrarse en estos caminos perdidos de dios y de los hombres. A su izquierda, alguien se acerca:
- Hola, Aurora, ¿cómo estás?
- Perdona, ¿cómo sabes mi nombre?
- Aurora, todo el que está aquí sabe el nombre de los demás. Expulsado de todos sitios, ¿cómo no saberlo?
- Pero yo no he sido expulsada. Me fui porque quise, porque...
- Entiendo que tú también querías irte, pero también los padres de Antoin hicieron todo lo posible...
- ¿Y cómo sabes todo eso?
- Porque todo se sabe en este camino. Todo.
- Pero yo no sé nada. Ni siquiera sé cómo te llamas.
- Me llamo Chema, aunque también me han llamado muchas otras cosas. Gente que no sabe nada, que supone que la vida y su seguridad provienen de las calles. Yo hice una...
Sin saber por qué, Aurora sintió un escalofrío en todo su cuerpo; no llegó a escuchar la última palabra pero no suponía nada bueno ahora que sus ojos echaban terriblemente de menos a Antoin, aunque quien caminaba a su lado se llamaba Chema y le hablaba de guerras y de amigos imaginarios. Empezaba a tener un poco de frío.
- Creo, Aurora, que somos iguales. Ambos fuimos expulsados de nuetras vidas por hacer lo correcto, por cumplir con nuestro deber. Y, que yo sepa, no hay nada más importante, en este mundo.
- YO nunca hice una guerra. No te confundas.
- Tal vez por eso estés aquí, por no haber tenido el valor. Tenemos que demostrar que no somos como los demás; somos mejores. No todo el mundo es igual. Si todo el mundo fuera igual, sería...
- Un mundo más justo.
- No, sería comunismo. Comunismo. Y no es el mundo en que Tito Paco educó a Manolito Palomares y en el que éste me educó a mí. Ese era el mundo real, un mundo bueno en el que todo hijo de Dios cumplía con su deber.
- Y ahora, Manolito Palomares, a sus 143 años decidió que lo mejor era que yo me fuera, que difundiera las ideas del glorioso Tito Paco por todos los rincones pero no puedo salir de este camino. No sé cómo hacerlo. Y no importa: cuento mi historia a todos los que pasan por este camino. Y espero el glorioso regreso de Tito Paco cuando, como han hecho con Walt Disney, creen su clon. Será glorioso. Y allí estaré otra vez.
- Pasará mucho tiempo, espero, susurra Aurora. Perdóname, Chema, pero conoces algún sitio donde iría alguien que quisiera perderse. No ser encontrado jamás.
- Me han hablado de un lugar llamado Cutrelandia; todos aquellos que desean perderse, que desean de algún modo recuperar su vida, acaban allí. Es una segunda oportunidad para ellos. Y todos parecen olvidarse de ellos; el lugar perfecto para recuperar, en muchos casos, me dijeron, tu dignidad. Aunque yo no pude entrar...
- ¿Por qué?
- Es el problema de los desterrados; no podemos entrar en ningún sitio. Pero no me importa; pronto Manolito Palomares me hará volver a casa. Y yo escribiré, con mi mano derecha, cartas a Tito Paco, para que ni la muerte le detenga. Con la esperanza de que vuelva cuanto antes mejor.
- Yo... tengo que irme. Necesito descansar un poco. Se hace tarde.
- NO puedo acompañarte, lo siento. Sólo puedo pisar este camino. Todo lo que esté fuera de él me es imposible. Pero pronto Manolito Palomares, pronto...
- Si no puedes acompañarme no pasa nada. Te recordaré durante mucho tiempo. Mucho mucho tiempo. Y, mientras Aurora camina hacia el sur, sabiendo que Antoin, alguna vez, irá a Cutrelandia, el lugar donde van aquellos que quieren recuperar su vida, su dignidad. Y ella espera estar allí, esperándolo, una vez haya crecido lo suficiente. Sin embargo, al pensar en el camino de los desterrados, en su primer acompañante, no deja de sufrir una terrible desazón que ocupará sus pies, ya no podrá sentir las raíces, durante mucho tiempo.

martes, 21 de noviembre de 2006

That´s no way to say goodbye

- ¿Qué miras?- preguntó Lisa, reina ya coronada, mientras Antoin dirigía sus ojos a los últimos lugares de un reino que nunca volvería a ser suyo.
- Nada, sólo... sólo como mi vida se escapa sin que yo tenga valor para que mis dedos escriban otra historia.
Sería la última vez, Aurora se había ido hace minutos, segundos, horas de siete días, que Antoin sonriera en mucho tiempo.

lunes, 20 de noviembre de 2006

Nota del editor

Si oberváis que el escritor ha perdido creatividad o imaginación en estos últimos días, os estaría agradecido si lo comentarais. Está refriado en estos días y creemos que lo mejor es dejarlo descansar unos días, pocos, lo prometemos. Si alguna tiene alguna sugerencia, petición, comentario, crítica, serán bienvenidos. Y ahora dejemos a nuestro atribulado escritor descansar un poco y que disfrute de su merecido chocolate caliente. Por cierto, si alguien sabe lo qué significa atribulado, ¿ME LO PUEDE EXPLICAR? Gracias. Si alguien es adicto o adicta a este blog, intentaré encadenar a nuestro escritor que, no lo olvidemos, nos pertenece a la silla que lo conecta con las tranquilas calles de Cutrelandia y con el viaje iniciático de Aurora, una primera luz, a las calles de este reino que poco a poco empieza a convertirse en nuestro hogar, para que vuelva a contarnos sus aventuras y desventuras, que poco a poco también son las nuestras. Aunque seamos extranjeros, sentimos el único bar de este reino como nuestro. Esperemos que nuestro escritor, qué vergüenza, ponerse enfermo, pronto esté con nosotros.

En los ojos de Aurora II

Sé fuerte, se dice Aurora, sé fuerte, mientras se apagan las últimas luces de un reino que ha sido su hogar en los últimos meses. Un poco de miedo, pero ganas de volver a encontrar su lugar en el mundo. Buscar el sur, siempre el sur, caminar por algunos lugares que ha presenciado en sus libros y por otros que no parecen estar en ninguna parte. Sin miedo alguno. Si alguna vez queremos crecer, cuántas veces lo ha escuchado, debemos salir de casa, para que al volver nosotros seamos la casa a la que acudir, la cama en la que dormir. Pero echa de menos, ha pasado poco tiempo, echa de menos la sonrisa de Antoin, mientras camina hacia al sur. Las distancias no son tan grandes en estos días. Todo es posible en mundos de ficción: vivir en las palabras de desconocidos nos hace libres, acaso inmortales. Acaso, imagina, no son todas las historias de ficción verdad. Y piensa en la gente que ha de conocer, en las huellas que dejarán en sus días, en sus conversaciones, en sus silencios. Antoin le ha dado dinero suficiente para dormir donde desee, dinero suficiente para no tener problemas hasta llegar a su destino, pero todavía está lejos. NO importa el final, ahora no importa el final, sólo el camino; disfrutar de cada momento, de cada persona que nos encontremos en los días, de cada lugar que hayamos de recorrer, por el mero hecho de caminar sin dejar huella. Aunque sus dedos echen hoy de menos tantas cosas. Todo cambiará pronto, cuando, se dice, encuentre las primeras personas, cuando escuche las primeras palabras y disfrute de los primeros silencios. Y seré fuerte, como antes, entonces.

domingo, 19 de noviembre de 2006

Viaje a Cutrelandia en los ojos de Aurora I

Aurora esperó a Antoin entre las calles por las que tanto habían compartido noventa y nueve días y noventa y nueve noches. Supo entonces, porque lo habían leído en las historias que a ambos les hubiese encantado vivir, que debía marcharse entonces para encontrar su lugar en el mundo, un lugar al que un día, cansado de los días en que ahora estaba viviendo, Antoin acudiría, aunque fuera tarde. Sólo por el placer de mostrarle que él no había olvidado, si ella estaba delante sonreír. Pero ella debía partir, aunque sus dedos no pudieran escribirle un mensaje de hasta luego a Antoin, sólo una pequeña nota, siempre llego tarde a mi vida, que decidió conservar en sus bolsillos a modo de amuleto. Todas las palabras llevaban al sur, y ella, para volver a ser ella, también sabía que debía volver al sur. Al marchar, hace siglos, le decía a Antoin, perdí tantas cosas. Para reconocer después que había ganado otras tantas; pero era injusto, pensaba, una niña todavía de 23 años, elegir, aunque tal vez elegir, siempre lo hablaban en la cama, era la libertad de saber que sólo se puede crecer si dejamos atrás, aunque nos duela, algunas cosas. Antoin también había perdido el respeto, el amor de sus padres, que nunca entendieron que podía ver en una estudiante de HIstoria del Arte; si al menos, le decían, hubiese estudiado Periodismo. Pero no pudo ser: ahora la vida de Antoin había vuelto a la Corte, a unas caricias sin caricias, y al frío absoluto de dos cuerpos que se desconocen antes de tiempo. Aurora lo sabía, como sabía que debía irse: estar en esas calles era pensar en él, en su infelicidad, en labios que besaban labios sin alcanzar los dedos. Todo era frío en esos días y Antoin y ella, ya lo habían hablado, sabían, los padres la habían amenazado de que lo mejor era irse esperando que se volvieran a encontrar algún día al sur, más al sur. A su espalda, quedaba el reino en que había sido feliz algún tiempo, un reino que se apagaba en sus ojos mientras sus pasos se encaminaban hacia el sur.

viernes, 17 de noviembre de 2006

Antropología de los sentimientos II

- Hola, Antoin, dijo Aurora, y se hizo la primera luz de la mañana.

- Buenos días, Aurora. Todavía estás aquí. Pensaba que te habías ido. Todo es tan absurdo. Todo es amargo ahora. Todas las cosas por las que hemos luchado se van y yo no puedo hacer nada. Es absurdo.
- No deberíamos rendirnos ahora. Siempre dices que te he enseñado las cosas más importantes: amarte a ti mismo, el deseo de ser mejor persona y amar la vida. Y, ahora, me dices que deberíamos dejarlo todo.
- ¡Porque te vas! ¡Porque me he enfrentado a la vida que me han creado y he perdido! ¡Y no quiero que te vayas!
- Te esperaré siempre; te buscaré allá donde estés. Si alguna vez decides irte de aquí, escapar de tu vida. Te conozco: alguna vez lo harás. Siempre llegas tarde a tu vida, siempre, pero llegas. y sé que alguna vez te irás de aquí. Sabré entonces que debo buscarte.
- No lo sé, Aurora, me encantaría leer Palomar contigo, llorar las tragedias de Luba, escuchar cómo nos dicen el que tiene miedo nunca se enamora, y ver cómo escuchas a KIko Veneno mientras me miras. Al final, me dirás, no has tenido tanto miedo. Pero ahora lo tengo, y sé que no podré enamorarme. Y me duele, como me duele saber que mañana no estarás en mis brazos. Que mañana yo perteneceré a mi vida y tú, estarás, con lágrimas en tus ojos, y una sonrisa en los brazos de quien se acerque a ti. Y no seré yo. Y todo será más triste entonces.
- Te escribiré. Pensaré en ti tantas veces. Hay cosas que se saben, Antoin, y yo sé que eres tú. Y, alguna vez, también tú lo sabrás, escaparás de tu vida entonces. Iré a buscarte, no te preocupes. Alguna vez nos diremos: hola, mi amor, alegre llegas.
- Y si no tengo ese valor, y si llego tarde, demasiado tarde. Como tantas otras veces.
- NO te preocupes; no pasará. Además, yo ahora debo crecer, recorrer tantas partes de este mundo. Historia y arte, Antoin, historia y arte. Y un día, al volver, sonreirás de nuevo, como me has sonreído tantas veces. Tu sangre será roja entonces y mis labios azules. Y te hablaré, mientras me enseñas la mejor de tus sonrisas, y te dolerá, porque habrás dejado de sonreir durante tanto tiempo, de los lugares en los que he estado, de los chicos a los que no he conocido. De todas las veces que escribí en mi corazón: siempre llega tarde a su vida.
- Ojalá, algún día, pasaran tantas cosas. Ojalá me hicieras sonreír otra vez. Y dejara de ser, como tantos empiezan a llamarme, un príncipe amargo.
- No te conocen. Antoin, nadie te conoce. No dejes que nadie te gane. La vida es un estado de ánimo. No lo olvides nunca. La vida es un estado de ánimo.
- Tienes razón, pero todo es nostalgia ahora, melancolía de los días que no han llegado...
- Todo pasa, Antoin, todo pasa. Yo seré fuerte esta vez, si me prometes que la próxima vez tú tendrás la fortaleza necesaria.
- Lo intentaré, Aurora, lo intentaré.
- Y, ahora, deja que vea, una penúltima vez, tu sonrisa. Una última sonrisa antes de irme, antes de construir un mundo que mostrarte cuando volvamos a vernos. Una última sonrisa.
- Me encantaría tenerte entre mis brazos, acariciar tus pechos, saludar a la mañana en tu cuerpo. Una última noche, sólo otra noche más. Y saber que es imposible hace más difícil todavía esperar con algún ánimo el día que llega, la noche que se acerca.
- Pero tendrás ese ánimo, tendrás ese valor. Recuerda que volveremos a vernos, recuerda que te buscaré otra vez, acaso horas después de que un día escapes de tu vida.
- No quiero que te vayas. No quiero...
- Una última sonrisa, por favor, Antoin, una última sonrisa...


jueves, 16 de noviembre de 2006

Amargo soliloquio de los días que se fueron y vendrán

Cactus, Carlos, David y yo estábamos absolutamente sorprendidos. Acabábamos de descubrir que también Antoin, hace una vez, hace tal vez demasiado tiempo, fue humano, fue feliz y quería vivir en los días que nos llevaban a lugares conocidos. Conocidos y desconocidos. Y allí seguía, con palabras de un corazón derrotado acaso para siempre en un reino gris del que pudo salir un día pero en el que ha vivido durante tiempo. Y necesitaba contar tantas cosas, necesitaba expresar tantas palabras que ya creía olvidadas, así que siguió hablando mientras nosotros permanecíamos al lado de una chica que cada vez era más raíz de uno de los árboles que más amor había entregado en nuestros días. Y allí siguió contando una triste y amarga historia, la historia de los días que se fueron: y un día, nos dijo, decidí irme de un reino de caricias sin caricias, de besos sin besos, de miradas sin pupilas. Me pregunté en aquellos días en qué lugar debería acabar y busqué el lugar más al sur de todos los lugares, un pequeño reino del que no había oído hablar jamás, un reino donde los reyes podían cambiar cinco años, donde había un árbol que daba sombra y entregaba amor, unas calles donde nadie me conocería, aunque me conocieran un día. Y entonces supe que nunca, nadie, debería saber nada de Aurora, una de esas mujeres que tendrá siempre los mismos años, que pasará por esta vida, pensaba entonces, sin mancharse, sin ser nada, nada más que alguien que quiso porque sí, porque la vida se ofrecía a ello. Y la perdí, como he perdido todo aquello que me importaba, por no luchar por ello. Perdí cuanto quería y ahora sé que debemos arrepentirnos de lo que hemos hecho, no de lo que no hicimos. Y las palabras me queman la garganta, y su cuerpo sin vida me quema el alma. Como tantas veces me dijo, siempre llego tarde a mi vida, siempre. Y ahora, Aurora, estás a mi lado, y puede que me estuvieras buscando, puede que al final descubieras dónde había acabado yo, y vinieras otra vez, como en tantas otras ocasiones, a decirme, Hola, mi amor, ha llegado la mañana, aquí está Aurora, saluda al día. Aurora, mi primera luz de la mañana. Aurora, tantas veces. Y ahora estás aquí, y tus raíces son las raíces de un árbol que entrega amor, y tu luz empiezan a ser sus ramas. Y tengo frío. Y la noche, la noche cada vez me cansa más. Como tantas veces me cansó la vida. Tenemos, nos dijo, antes de quedarse sin palabras, de quedarse con todas las lágrimas de esa noche y muchas de las que vendrán, tenemos que encontrar a su asesino. Y todos le prometimos que sí, que haríamos todo lo posible mientras pensábamos si lograríamos, alguna vez, en los días que llegaran, que Antoin, una mañana recuperara, al menos, una pequeña sonrisa, una pizca de la vida que había perdido en los días que se fueron, en la tragedia de esta noche y en la incertidumbre de los días que pronto llegarían.


NOta del editor: interesante giro de los acontecimientos. El odioso, amargo Príncipe amargo, era humano, incluso había amado. ¿Tiene más secretos entonces? ¿Dice la verdad? ¿Quién es el asesino de Aurora? ¿Aurora? ¿Qué ha hecho esta mujer de 21 años desde que fue expulsada del reino de los brazos de Antoin? ¿Es Lisa la asesina? ¿Son los padres de Antoin los asesinos? Si hoy es jueves, ¿se acerca el fin de semana? ¿Descubrirán alguna vez los motivos del asesinato de Aurora? Preguntas, preguntas, preguntas. Hagan lo que hagan, se pregunten lo que se pregunten no olviden volver mañana a su cita casi diaria con el serial radiofónico (sin voz y radio) anteriormente conocido como VidaenCutrelandia. Anterior y actualmente, la verdad.

miércoles, 15 de noviembre de 2006

Una visita inesperada de lo más esperada

Carlos sabía que Antoin aparecería en algún momento de la noche. ¿Por qué? Como él nos dijo, porque lo digo yo y callar todo el mundo. Antoin, no podía ser de otra forma, tenía un semblante de lo más triste. Todo aquel que no lo hubiese visto jamás pensaría que acaba de perder alguna de las cosas que más amaba. Carlos se acercó a él y antes de que pudiera dirigirle una sola palabra Antoin le respondió: Yo no la he matado, no podría hacerlo jamás, pero la conocía. Cuando nos dijo que la conocía pensamos inmediatamente en Lisa de las Praderas, la chica que le había destrozado el corazón, pero, aunque estas vidas se habían cruzado en algún momento, nada más alejado de la realidad. Todos esperábamos ansiosos sus primeras palabras, aquellas que nos ayudaran a resolver un misterio que, muy a pesar nuestro, se había instalado en las calles de Cutrelandia. Y sus primeras palabras, fueron, no lo dudéis, las primeras. Y nos hablaban de un mundo que no conocíamos hasta entonces. Hace mucho, mucho tiempo (qué original), dijo, yo vivía más al norte, como casi todo el mundo, y mis padres, como a todo príncipe le impusieron una princesa, que no era periodista además, a la que debía amar todos los días y algunas noches. Pero no había princesas en mi vida, sólo alguna estudiante de Historia del Arte que se había interesado por la casa en que vivíamos, de ahí que empezara a concerla. Ella me abrió las puertas de casa que no conocía: mi padre que era y, todavía es rey, porque en ese país pasan cosas tan absurdas como ser rey por el mero hecho de haber nacido hijo de rey, parecía contrariado a medida que nuestra amistad aumentaba. Me enseñó tantas cosas: me enseñó ese cómic que tú, Carlos, tienes entre tus manos, un cómic que invitaba a vivir; me enseñó el mundo de la literatura y el hecho de que en este mundo, más allá de lo que nos enseñen, hay una cantidad de cosas por las que merecía la pena vivir. Al observar que nosotros parecíamos sorprendidos, siguió con su triste historia. Un día, sé que mis padres la obligaron a ello, tuvo que dejar el país. Mi vida estaba hecha y mis días pertenecían a Lisa de las Praderas, a la que jamás, aunque lo haya dicho siempre, amé, con la que jamás compartí nada, excepto conversaciones vacías y palabras que nos cerraban todas las puertas. NO quería que nadie supiera jamás que, más allá de Lisa de las Praderas, existía alguien extraordinaria que me había enseñado a quererme y a querer la vida. Y ahora ella está aquí, y el árbol que da sombra y entrega amor, ha encontrado alguien tan puro como ella, alguien que lo entregó todo perdiendo tantas cosas en el camino. Todos, mientras hablaba, empezó a llorar, guardábamos el silencio más absoluto. Ella se fue pero compartimos siempre libros, historias, que hablaban de lugares que no existían, de personas que eran ficción, de sitios, decía sonriendo, donde tú y yo, Antoin hubiéramos sido siempre felices, algunas veces tristes, donde nos hubiéramos amado. No pudo ser. Me casé con Lisa un día de domingo con sol en que ella ya no estaba conmigo. Y Lisa decidió, como venganza, acostarse con todos los súbditos de nuestro reino o, sencillamente, como siempre me decía, por devolver a nuestros súbditos lo que les habíamos robado. Nunca me importó: mis dedos pertenecían a las huellas que la mujer que yo amaba dejaba en mis libros. Y ahora no está. Como dejó de estar conmigo durante tanto tiempo en que mis días se apagaron, en que todo el amor que sentí por la vida se fue. Y, un día, estaba cansado, harto, la vida en mi reino no era nada excepto caricias sin caricias, besos sin besos, miradas sin pupilas, decidí irme iamaginando que jamás volvería a verla. Y ahora la encuentro aquí, a mi lado, muerta, y desearía no saber que no equivoqué en nada excepto en las cosas que más quería.

martes, 14 de noviembre de 2006

Bilonguis

Seguíamos reunidos allí, sorprendidos por la lenta a la vez que repentina transformación de una chica de la que no sabíamos nada, excepto que había llegado a las lejanas tierras del sur para encontrar una muerte horrible. Sus ojos, marrones, se habían cerrado definitivamente y cada vez parecía pertenecer más al árbol que tanto había amado la gente de esta ciudad. Es obvio, pensábamos, que tras este suceso su leyenda empezara a cambiar. Nunca se sabe, dijo alguien de nosotros. Poco podíamos hacer por la chica, de unos 33 años, excepto encontrar a su asesino, o asesina porque nada sabíamos hasta entonces. Cactus se dirigió hacia las escasas pertenencias personales, las que quedaban en su pequeña mochila y empezó a entender que todas estas pertenencias estaban de algún modo conectadas. Palomar y el lugar, Comala, donde transcurre Pedro Páramo eran creaciones literarias, no eran lugares reales, no existían, como tampoco existía, dijimos, El hombre invisible. Además, todos hacían referencia, de una forma u otra, a lugares del sur. ¿Qué significaban estas pistas, entonces? ¿Eran pequeños amuletos necesarios para alcanzar el sur? ¿Todo era irreal? Así lo parecía, a medida que el árbol y la chica se fundían cada vez más. Irreal como esta noche en que todos necesitábamos saber algo más de todo aquello que había pasado, qué estaba pasando. En la mochila también pudimos encontrar, al observar con atención una pequeña nota que decía: siempre llego tarde a mi vida, palabras que hacían todavía más inexplicable su muerte. ¿Por qué llegaba tarde a su vida? ¿Qué significaban estas palabras? Lo cierto es que era un trozo de papel por lo que debíamos preguntarnos dónde estaba el resto del papel y qué había escrito en él. Las pistas eran pequeñas, escasas y no nos llevaban a ninguna parte: lugares que no existían, un cuerpo que iba adentrándose por momentos en el árbol y un trozo de papel que no sabíamos quién había escrito. Como dijo Carlos, no sabemos si ella ha escrito ese papel. Estábamos pensando en todas estas cosas, cuando recibimos una visita inesperada.

lunes, 13 de noviembre de 2006

Sospechosos habituales

A la noche siguiente volvimos a las raíces del árbol que da sombra y entrega amor. El cadáver de la chica, tendría unos 25 años, seguía allí, pero su cuerpo parecía hoy más hundido en las raíces del árbol. Acaso el árbol, sintiéndose solo, necesitara de alguien que, sencillamente quisiera estar con él no por lo que representara, por lo que cada día o noche podía entregar, sino sólo por el color de sus hojas, por el olor de sus sombras, por las hojas que a veces caían en otoño, hojas a las que todos en esta ciudad, también yo, no podría mentir, besábamos por saber si algo del amor que caía de sus ramas podía llegar a nuestros labios. El árbol, el cuerpo de la chica olían a mandarinas, rosas, violetas, olor que parecía impregnar a todos los que estábamos más cerca, aunque no pareciéramos demasiado sorprendidos ya que este árbol había logrado milagros más absolutos. Si el crimen había sido brutal cómo no pensar en que el árbol deseaba entregar todo el amor del mundo a una chica que había encontrado la muerte en un lugar que no la conocía, un lugar al que no teníamos ni idea de por qué había llegado. Y allí estábamos: Cactus, mi diminuta Cactus, para resolver toda dificultad que pudiéramos encontrar, Carlos, filósofo y detective ocasional, David, profesor en zonas conflictivas en la España fraguista de la que venía por lo que el contacto con futuros criminales era algo habitual y yo, dispuesto a contar sus andanzas. Y todos, dispuestos a resolver el único crimen que se había llevado a cabo en las lejanas tierras de Cutrelandia, un sitio al que tantos llamamos hogar. Pensamos, en primer lugar, en aquellos que habían podido cometer el crimen y estas fueron nuestras reflexiones.
Carlos, parafraseando a Gila: Antoin, ¿por qué? Porque lo digo yo y a callar todo el mundo.
David, parafraseando a la ministra de Educación: es un hecho aislado. Aunque, añadió, si viviéramos en la España fraguista podría ser cualquiera de mis estudiantes. Cualquiera, repitió.
Cactus, parafraseando a Iker Jiménez: tal vez sea el amigo imaginario de Juan, Chema "YO hice una guerra".

Y empezamos a pensar en motivos, sospechosos, en la identidad de la chica. Tantas preguntas y tan pocas respuestas.

Hasta aquí, queridos lectores y lectoras, llega otro capítulo radiofónico de la serie conocida como Un crimen en Cutrelandia, folletín radiofónico de gran éxito, a causa de sus cinco lectores. Sí, señores y señoras, hemos ganado un lector más. ¿Qué pasará a continuación? ¿Conoceremos la identidad de la chica? ¿Sabremos realmente cuántos años tiene? ¿Sabremos quién es el culpable? ¿Descubriremos las razones por las que la chica ha llegado a estas tierras? ¿Volverá el profesor a la vida de Cactus? ¿Será Antoin culpable? ¿Será Antoin feliz? ¿Será Antoin rubio? ¿Moreno? Apuesten, apuesten: no perderán nada. Sueñen esta noche con dulces angelitos o diablos de lengua afilada pero, sobre todo, no olviden volver mañana a las tierras del sur para conocer más de este serial conocido como Un crimen en Cutrelandia. A lo mejor incluso nos encuentran por aquí.

domingo, 12 de noviembre de 2006

Coplas de la calle III

Queremos lo que hemos perdido,
cuantas veces lo he de escuchar,
otra vez llegué tarde a mi vida,
quiero tenerte ahora que no estás.

viernes, 10 de noviembre de 2006

Humo II

El barrio en que yo nací no existe;
se lo han llevado los ladrillos:
no hay calles más tristes
que las que ahora son pasillos.

Who by fire

A lo lejos, siempre cerca en estas calles, se escuchó un grito: tanta sangre. Ha sido asesinada. Cactus y yo, que disfrutábamos de una noche de calor en la plaza del pueblo, comprendimos que la mujer que gritaba estaba cerca del árbol que daba sombra y entregaba amor. Ambos corrimos en la misma dirección, conmovidos por el dolor de ese grito, y contemplamos una imagen que permanecería en nuestros ojos mucho tiempo. La imagen, teniendo en cuenta que ninguno de nosotros, ni siquiera Cactus, había presenciado jamás un crimen, resultaba dantesca. Cerca de nosotros estaba la mujer que había gritado, señalando el cadáver de una mujer que estaba a la sombra del árbol más querido de nuestras tierras. Poco a poco, mucha gente de estas tierras se acercó a la escena. Aquí, pensamos tantos de nosotros, jamás había ocurrido nada jamás, nunca. ¿Qué debíamos hacer entonces? Poco después de llegar, Carlos pareció tomar el mando; se acercó al cadáver de la chica, una chica joven, de unos treinta años, pensamos algunos, cuyos ojos, marrones, todavía abiertos transmitían, es extraño, dijo, tanta vida se dio cuenta de que era alguien que nadie de ellos, por ahora, parecía conocer. Otros miramos con la misma curiosidad y descubrimos, como él, que no era nadie que nosotros conociéramos, así que el misterio parecía aumentar. Una vez sobrellevado la tristeza de descubrir que el mal parecía haberse instalado entre nosotros, también había otros detalles que observar cerca del cadáver de la desconocida: llevaba un vestido de una pieza de flores, manchadas inevitablemente por la cantidad de sangre que había perdido. Alguien la había apuñalado. Y algunas partes de su cuerpo parecían, todo un hallazgo, perderse en las raíces del árbol. Cerca de su cuerpo sin vida, todos seguimos prestando atención, pudimos encontrar una pequeña mochila abierta cuyas pertenencias estaban desparramadas por el suelo. Un libro de Juan Rulfo, Pedro Páramo, dos tomos de un cómic llamado Palomar, algunos dvds de una serie que nadie de nosotros conocía, Everwood y un disco de Kiko Veneno, El hombre invisible.
Nos preguntábamos, mientras sus ojos marrones, tan repletos de vida, se iban cerrando, ¿quién era su chica? ¿de dónde era? ¿qué la había traído a estas tranquilas calles? ¿por qué tenía esas pertenencias? ¿por qué estaba su mochila abierta? ¿le habían quitado algo que llevaba? ¿quién la había asesinado? ¿podía ser alguien de nosotros?
Después de discutir, no demasiado, es cierto, decidimos que los mejores investigadores -aquí no teníamos ni policía, ya que jamás ocurrió nada- serían Carlos, porque filosofía y la investigación de un crimen a veces podían ser tan similares y David por su pasado en la España fraguista en la que era considerado un criminal por lo que suponíamos podría ponerse en la piel de uno de ellos. Cactus también sería necesaria por si en algún momento necesitaban la inmensa fuerza de su diminuto y hermoso cuerpo. Y también decidieron que yo les acompañara para narrar todo aquello que pudiera pasarnos en el desarrollo de la investigación. El rey nos dio su bendición y volvimos a acercarnos al árbol que da sombra y entrega amor para empezar nuestras, todos lo sabíamos, difíciles pesquisas, acciones que, esperábamos, nos llevaran a descubrir pronto al criminal. La tranquilidad, era nuestra intención, debía volver al sur, a las serenas calles de Cutrelandia.

jueves, 9 de noviembre de 2006

Vuelve Cutrelandia

Pues sí, queridos lectores y amadas lectoras, en estos días en que ha sido imposible conectar en forma alguna con las lejanas tierras del sur, sé que algunos de vosotros y vosotras habréis echado de menos las andanzas de la gente que ya se ha ganado un lugar en vuestro corazoncito, pero todo lo bueno, a veces incluso lo que no es bueno, se hace esperar. Algunos, algunas os habréis preguntado: ¿se enamorarán Carlos y Luisa, a la que tanto gente sigue llamando Luz? ¿seguirán David y Ana con sus primeras clases conjuntas de amor y pareja? ¿aparecerán oscuros nubarrones en la relación de Cactus y Jose? ¿Seguirá la amistad entre Eva y Juan o serán ambos devorados por el fantasma del amigo imaginario Jose "Yo hice una guerra" Mari en el intento? ¿Es Antoin el chico asesinado?¿Asesinato en las tranquilas tierras del sur? ¿Acaso se ha vendido nuestro amigo escritor, paradigma de honestidad, como una Luci cualquiera por un puñado de lectores?¿Volverá el árbol que da sombra a ofrecer amor a aquellos que a él se acerquen? ¿Habrá más de un bar en estas tierras? Preguntas, preguntas, preguntas a las que, por ahora, parece difícil contestar. De todas formas, respiren hondo durante unos segundos y piensen, para bien y para mal, las aventuras y desventuras de un grupo de gente en un lugar llamado Cutrelandia han vuelto. Sabiendo además que, después de haber interrumpido nuestro folletín diario durante una semana, es posible que, de cuando en cuando, puedan quedarse sin su dosis, casi diaria por problemas, que conste, ajenos a los redactores, meros transcriptores de los textos que Jose, uan vez escritor, enamorado ahora, nos envía cuando las condiciones se lo permiten.
Si on recuerdan mal, éstas fueron las últimas líneas que recibimos desde las lejanas tierras del sur: A lo lejos, siempre cerca en estas calles, se escuchó un grito: tanta sangre. Ha sido asesinad...

miércoles, 8 de noviembre de 2006

In my secret life

http://elbeso.blogsome.com
Me encantaría llamarme Marta...
Y que tú te llamases Javier...
Y que la gente nos llamase Marta y Javier.

Y que tus alas, al despertar, me hicieran cosquillas.
Y que me dijeras: Marta, aquí tiene, café con besos y magdalena. Levantarme entonces por rozar tus labios para acercar el día a mi mañana.

Y acurrucarme en tus pestañas, caer desde tus lágrimas. Y que alguien, a lo lejos, gritara: Marta, un momento, espera, se te olvidó tu vida.
Y que me digas, cansado de sentir mis uñas en tus pies, a veces me confunden tus raíces.
Y salir a la calle, para saber que si nuestra casa existe, es porque hay una ciudad con luces que recorrer cada día. Donde tú sólo existes en ausencia y Javier es un nombre que rara vez pronuncio. Y, si alguna vez saboreo tus sílabas, alguien, en la oficina, me mira perplejo. Qué sabrá todo aquel que sólo tiene un nombre, que sabrá todo aquel que sólo tiene unos labios.
Y dejar pasar mi tiempo, mis horas a la espera de mis horas. Contar los minutos que me llevan a casa mientras levanto mis ojos al cielo por si te veo. Para pedirte, como tantas otras veces, que me lleves en brazos a casa.
O llegar a casa sabiendo que me esperas en la puerta: Hola, Marta, hace cuanto tiempo, no me lo esperaba.

martes, 7 de noviembre de 2006

Heidi en Praga

Nos pide uno de nuestros lectores, que tiene una amiga en el norte de Italia, si podríamos publicar en este blog, una pequeña carta para ella. ¿Por qué no?, ha de ser siempre la respuesta. He aquí la carta y esperemos que la chica que, por lo que nos cuenta vive en un pueblo pequeño, muy pequeño del norte de Italia, pueda leerla.

Para Lisa

Praga, 1965. La vida en blanco y negro. El Puente de Carlos por el que has caminado en noviembre. Una postal y palabras. Siempre palabras. Hola y adiós. Vivir, ya lo dijimos, repitiendo a Salinas, vivir desde el principio es separarse. Y cartas que leer cuando llegan: el eco de una vida a lo lejos que, a veces, podemos sentir cerca. Lo bastante cerca como para volver a sonreír. Austria, ya te lo dije, está tan lejos. Una pequeña sonrisa, y la vida sigue. Y caminas por una ciudad desconocida hasta entonces, una hermosa ciudad, con frío en los brazos y curiosidad en los dedos. Los amigos siempre ayudan a ello. La libertad, lo dijimos también, de saber que no somos más que nosotros y a nosotros pertenecen nuestros días, la libertad de caminar por calles en las que no somos nadie, nadie más que alguien que disfruta de su tiempo, de sus amigos, de sus pasiones. Y sabes que hubo otro puente en tu vida, más al sur, mucho más al sur, y que te un día te dijeron hola. Para aprender entonces que todo hola lleva dentro un adiós, un hasta luego, un nos veremos pronto. La soledad de volver a nuestra propia vida y no encontrar a nadie en el camino. Y siempre, al hilo de nuestras conversaciones, Kiko Veneno: si tú no te das cuenta de lo que vale el mundo es una tontería. Y el mundo es Praga, es Tisens, es Sevilla, un río desde el que compartir una sonrisa, encantado de conocerte: la vida sigue; sigue, siempre, la vida. Besos y hasta pronto. Cuídate.

Economía

La economía española, indican todos los periódicos, casualmente españoles, ha crecido un tres por ciento. Una de nuestras colaboradoras nos plantea la siguiente reflexión. Si lo que dicen es cierto, por qué mi bolsillo sigue teniendo el mismo tamaño. Es más, si empiezo, algunos días incluso necesito comer, a comprar las cosas más elementales, por qué empieza a hacerse más pequeño. Si hay algún economista entre nuestros lectores y lectoras, sugiere ella, tendría, por favor, la amabilidad de explicárselo.

lunes, 6 de noviembre de 2006

Doce meses, doce causas

Como seguimos con los problemas derivados de la incomunicación con las conocidas tierras del sur, que unos llaman Cutrelandia, otros hogar y otros sencillamente ni llaman ni responden, nos valdremos de algunos de los correos que amablemente nos envían nuestros lectores y lectoras en este caso. Alguien, que dice llamarse lavieja, chico o chica, difícil de saber con esa identidad y más en un medio como es Internet, no envía una serie de reflexiones sobre los medios de comunicación de la España fraguista, sobre todo de los diferentes canales de televisión. Ha querido dedicárselo y así lo hacemos constar a todos los profesores y profesoras de este mundo que sobrellevan la difícil tarea de enseñar a las nuevas generaciones, al futuro, nos dicen, de España. He aquí la serie de reflexiones que nos han enviado y que gustosamente publicamos:

Enero
Presentado por un paradigma de la ética periodística, Mercedes Milá, Gran Hermano es el lugar donde podemos encontrar las personalidades más delicadas que por este país pululan, donde valores como honestidad, tolerancia, verdad, son el pan nuestro de cada día. Si los tienes, se reflexiona, nunca serás nadie.
Febrero
Destaca, por sus valores espirituales, El buscador. En los últimos días, nos dice Lavieja, se produjo la aparición de Encarna Sánchez, a través de una vidente, eso sí. Como podemos comprobar, por las palabras de la vidente, supimos de los amores y desamores de Encarna Sánchez. Sin palabras.
Marzo
Destaca, por sus grandes valores literarios, Aquí hay tomate. Recordamos, nos dice Lavieja, a muchos de nuestros lectores y lectoras, que, al contrario de lo que puedan pensar, Aquí hay tomate no es ni un programa de cocina ni un documental de la 2 dedicado a los pequeños agricultores. Algún día apareción información, contrastada, por supuesto sobre Federico García Lorca, y su asesinato. ¿Fue su familia? ¿Fueron sus primos? eran los enunciados. Pruebas: sólo la verborrea maravillosa de sus presentadoras, suficientes para toda persona de bien que habite en este país. A veces, incluso, recuerdan que Federico García Lorca fue uno de los grandes poetas españoles del siglo XX. Todo sea, dice Lavieja, por los estudiantes y su desconocimiento de la literatura española. Una labor, como podemos comprobar, encomiable. A veces.
Abril
El Programa de Ana Rosa Quintana, también conocida como... (aquí nos hemos visto obligados a ejercer la censura ya que no eran los términos apropiados para el horario infantil). Afirma Lavieja que los valores lingüísticos de sus colaboradores alcanzan cotas altísimas y expone algunos ejemplos: Pienso de que algunos participantes lo están haciendo muy bien; No me habléis así que me vais a volver panasónica, panasónica de verdad... Nos hemos visto obligados a eliminar muchos ejemplos porque si no, la lista habría sido infinita.
Mayo
Dónde estás, corazón. No no es el título de una película americana de serie b. Ni de serie b, ni a ni c. Es el nombre de un programa que una de las cadenas de televisión privadas la noche de los viernes. Son pocas horas: tal vez cuatro, cinco, pero todo sea por conocer la vida privada y los pensamientos de los individuos más excelsos de esta raza que nos empeñamos en llamar humana. Son apreciables sus valores humanos y también lingüísticos: la argumentación y la discusión razonada son los argumentos principales de estas noches de viernes tan sensibles. También se puede escuchar algún grito, pero no nos hace eso, reflexiona, Lavieja, más humanos.
Junio

La dolce vita. Al hilo de la película de Federico Fellini se muestran las miserias y virtudes, si las hay o hubiera, de periodistas cuya lengua suele ser símbolo y metáfora de aquello que se ha dado en llamar periodismo de investigación. ¿Dónde está la investigación? Queridos lectores y lectoras, no me sean ingenuos, o ingenuas en su defectos: es lo que vosotros y vosotras debéis investigar. Nos cuenta Lavieja que si lográis descubrirlo por favor le envíen una carta. Se mostrará, suponemos, agradecido a la par que asombrado. La diferencia entre el programa y la película, termina de decirnos, es que no podemos encontrar la mano de Fellini en ningún sitio, la elegancia de Mastroianni parece haber desaparecido, la actriz Anita Ekberg no aparece en ningún momento y la Fontana di Trevi ha sido sustituida por vasos de agua. Al fin y al cabo, hay que apostar por la ecología ¿NO os parece?
Julio
Operación triunfo. Nos da a conocer las canciones y la excelente música que podemos encontrar en las emisoras de radios más desconocidas. Se suele premiar el desarrollo individual de cada participante ya que las piezas que estos cantan suelen ser creaciones suyas. Si no lo son tampoco debería molestaros, queridos lectores y lectoras. Sus interpretaciones son tan personales que apenas podríamos diferenciarlas de sus verdaderos creadores o creadoras. Un ejercicio de autoestima, nos dice Lavieja, para las jóvenes generaciones españolas que saben que, con su solo esfuerzo, podrán alcanzar el éxito en cualquier actividad y, o academia que se propongan.
Agosto
Rebelde. Serie de extraordinarios guiones y situaciones con la que los jóvenes de hoy en día pueden encontrarse la mayoría de las veces. Seamos sinceros: ¿quién de nosotros, en algún momento de su juventud o, es más, adolescencia, no ha sido rico, ha vivido en un internado para niños pijos, ricos y REBELDES, eso sí? Os veo, ahora, lectores y lectoras, contemplando vuestros rostros ante el espejo y asintiendo. Es cierto, también yo, una vez fui, rebelde, sí, yo fui rica pero mis padres no me querían. Sólo me daban dinero y, eso sí, mantecados en navidad. Ah, me siento tan sola...
Septiembre
SMS. Más conocido como Sin Miedo a Soñar. Una serie que, como uno de sus capítulos se titulaba Mola Mazo. Algunos y algunas, gente sin alma ni decencia, ha visto en ella semejanzas, similitudes, parecidos con otras series como Rebelde o Rebelde Way. Nada más lejos de la realidad.
Octubre
En algunos informativos aparecieron imágenes de las agresiones de un chico de secundaria a un profesor. ¿Es posible que se les pagara a niños de quince años por las imágenes? ¿Y qué? Si es así, son profesionales que bajaron de los 100 euros iniciales a 20, verdaderos profesionales entonces de la verdad. Todo sea por nuestros espectadores. Las reflexiones del presentador podrían ser consideradas, simple y sencillamente, como geniales. ¿En qué clase de sociedad nos estamos conviertiendo? ¿Es esta generación el futuro de nuestro país? ¿Por qué pagar 20 euros cuando yo hubieran conseguido las imágenes por 5?
Noviembre
Pocholo Ibiza 06. Clasificado en la página web de la cadena como docu-soap, término que, como diría Groucho Marx, hasta un niño de cinco años entendería, (Groucho, por favor, si has terminado de preguntar al niño de cinco años, dile que venga, por favor, quiero saber qué c... significa docu-soap). En esencia, si tienes una sandía, hablas un español que parece inglés porque no hay quien lo entienda. Ah, perdón, me cuenta alguno de mis colaboradores que no es inglés sino español pijo. Gracias. En fin, si tenéis una sandía y habláis un español que no hay quien entienda, no os preocupéis demasiado, podréis salir en la televisión, ser imagen y, a veces, increíble pero cierto, deseados. Cosas más raras, vuelve a insistir mi colaborador, se han visto.
Diciembre
La televisión es una de las cosas más culturales del mundo. Cada vez que alguien la enciende, me dan ganas de leer un libro, dijo Groucho Marx. Amén, dice Lavieja. ¿Quién podría decir otra cosa?, añadimos nosotros. Besos, abrazos y saludos para todos y todas. Y una última advertencia. Si salen a la calle, lleven paraguas. En el sur sigue lloviendo.

domingo, 5 de noviembre de 2006

Miedo

Para Marlène
- Devoraré todo tu cuerpo, dijo el Lobo.
- Si me arrancas primero el corazón, respondió Caperucita, seré tuya para siempre.

No pudo evitarlo: se adentró en el bosque mientras Caperucita, sabiendo que no volvería a verlo jamás, derramaba una sonrisa amarga.

sábado, 4 de noviembre de 2006

Problemas técnicos

A la espera de recibir nuevas noticias de Cutrelandia, de la que hace varios días que no sabemos nada, aparecerán en estos días una serie de pequeñas historias que nos han enviado nuestros lectores y lectoras a los que, por supuesto, debemos mostrarnos realmente agradecidos ya, que sin ellos y ellas, poco podríamos contar. Antes de pasar a estos pequeños relatos, cartas, cuentos, noticias, todo aquello que quieran enviar, nos gustaría comentar que mucha gente echa la culpa de la escasez de noticias que nos llegan desde el sur a la censura, organizada de forma disimulada pero real por los 142 años de un Fraga que todavía repite: la calle es mía, las casas también (la especulación ha llegado en estos casos a límites brutales) y tal vez tenga razón. ¿Es culpable esta censura de la ausencia de noticias de Cutrelandia? ¿Tienen la culpa las deficientes comunicaciones que apenas se encuentran en el sur, muy muy al sur? ¿Es culpable Jose, el periodista que nos enviaba casi a diario estas historias de su ausencia ahora que, como él nos reconoció está viviendo? ¿Habrá aprendido que si se vive no se está escribiendo? ¿Es Cactus la culpable por no dejar escribir a Jose por, digamos, razones vitales? ¿Si la calle es de Fraga, son los pantanos de Tito Paco?¿Quién ha sido asesinada o asesinado en esas calles? ¿Son, tal vez, dos las líneas de investigación y una de ellas la lleva nuestro detective privado preferido, periodista en ocasiones, Jiménes Losantos? ¿Volverá el árbol que da sombra a entregar amor? ¿Quién es el asesino o asesina si realmente se ha cometido un crimen en uno de los reinos más pequeños de los que podemos tener noticia? ¿Estamos realmente solos o siempre alguien, al otro lado de la vida, al otro lado de la esperanza, sin que lo sepamos, se preocupa por nosotros? Es obvio, podrá decir la gente que nos lee, que si el sur existe es porque existe el norte. Tantas preguntas sin respuesta, tantas casas sin una puerta abierta, tantas calles sin recorrer: volveremos pronto, con las historias de nuestros escasos lectores y lectoras, a los que siempre, repetimos, estaremos tremendamente agradecidos, no lo duden, pero ahora la vida espera.

jueves, 2 de noviembre de 2006

¿Quién mató a...?

Por cuestiones técnicas, nos vemos incapaces a saber cómo continúa un texto que comenzaba así: A lo lejos, siempre cerca en estas calles, se escuchó un grito: tanta sangre. Ha sido asesinad... Ha sido imposible continuar con la lectura de estas líneas. Muchas pueden ser las causas: el acceso a Internet y a los papeles que nos envían desde Cutrelandia se ha perdido, una razón muy probable; otra de estas razones es que también en calles como las de este pequeño reino al sur de todos los lugares la censura haya podido con la libertad de expresar con total libertad las vivencias en estas plazas. Cuanto podemos hacer es diculparnos ante nuestros fieles lectores y lectoras y rogar porque todas las líneas de comunicación vuelvan a la normalidad, para volver a traerles sin molestas interrupciones las aventuras y desventuras, vidas, muertes, asesinatos, diálogos, silencios, gestos, caricias, miedos, sombras, árboles que entregan amor, de un pequeño reino al sur de todas las cosas en el que, como en tantos otros sitios, de cuando en cuando, incluso pasan cosas. Lamentamos de nuevo los problemas que hayan podido causar estos problemas a quien casi día a día pasa por aquí para conocer las historias de un pueblo que no mucha gente conoce. Como usted sabrá, Sorel, el extranjero, sea al sur, sea al norte, queda siempre tan lejos...

Coplas de la calle II

Para Fani
Se gana lo que se pierde.
Se pierde lo que se gana.
Tuve un amor con caricias.
Ahora no tengo nada.

miércoles, 1 de noviembre de 2006

There is a light that never goes out

- Muchas gracias, dijo Luisa, por enseñarme esta tierra en los primeros días. Siempre es de agradecer que alguien te muestre tus nuevas calles, tu nuevo, espero, hogar.
- No te preocupes, respondió Carlos, parece que esa es mi función en estos días. Ha llovido tanto que acercarse a la pequeña plaza para hablar, ser escuchado y escuchar era imposible, sólo conversaciones en estos bares. Por cierto, supongo que has hablado con Antoin. Te encuentro un poco triste.
- Sí, cosas de la inexperiencia. Sé que me lo advertisteis pero parece que una sólo aprende si comete los errores por su cuenta.
- No te sientas mal. Ya te dijimos que todo el mundo lo hace. Normalmente el primer sitio que visitan es la casa de Antoin. Las sombras siempre atraen, aunque sean para buscar poco después la luz.
- Sí, eso parece. Salí asustada; una parte de mí, algo bajo mi piel todavía me dice: la vida no vale nada, todo es gris, por qué vives. Aterra un poco.
- Es terrible, pero poco a poco, Cactus puede decírtelo, sabrás salir de ese nudo en el estómago. Y todo quedará como un mal día.
- Todo el mundo, me dijo, lo culpa que el árbol que da sombra ya no entregue amor. Es injusto, ¿no?
- Probablemente, pero siempre necesitamos alguien a quien odiar. Alguien a quien temer para imaginar que este mundo tiene algún sentido.
- No deja de parecerme curioso, Carlos, que mucha gente acuda a ti para pedirte consejo, para escucharte consejo, para leer entre líneas y saber de la vida.
- No deja de ser irónico. Me expulsaron por mis ideas de la Universidad, de la cátedra Juan de Mairena, y sólo repito lo que dicen mis estudiantes, lo que dice la gente de esta tierra en la calle. Todo es saber escuchar, callar y saber escuchar. Ahora doy clases, podríamos decir, en la plaza. Escuchar las cosas que pasan en la calle.
- También tú tuviste que huir...
- Fue hace tiempo, y hubo suerte, así que no debo quejarme. Mucha gente acaba aquí, en esta tierra olvidada por todos y consigue ser feliz. Yo he logrado estar tranquilo. Es suficiente para ti.
- Me encanta hablar, aquí, ahora, contigo. En las pequeñas líneas del libro que encontré hablan, de forma breve, de muchas cosas, también de ti. No me arrepiento de estar aquí, aunque a veces el nudo en el estómago me duela en el corazón.
- No es una tierra muy grande, pero los pequeños lazos que se van creando parecen no desaparecer nunca. Como una luz que nunca muere.
- Así debería ser. Vengo de una ciudad con luces, con todas las comunicaciones disponibles a tu alcance, con los sonidos más anodinos, una ciudad en lo que más difícil parece ser hablar. Aquí hablar parece casi un rito, algo sin lo que no podéis vivir.
- Recuerda, Luisa, que aquí sin apenas comunicaciones, hablar es nuestra forma de ser sociales, de conocernos, de contarnos historias. De vivirlas después.
- Historias para contar, historias para vivir, supongo.
- Sí, Jose suele decir que se escribe porque no se está viviendo. A lo mejor tiene razón. hay que vivir, después contar, dice.
- A lo mejor: yo vine porque se contaba una historia y quería conocerla. Quién sabe.
- Ya es de noche, casi las dos de la mañana.
- Increíble: hemos estado dando vueltas y vueltas y creo que todavía no me has enseñado el famoso árbol del que todo el mundo habla.
- Debería hacerlo pero ahora es imposible. Hay muy poca luz.
- Pero hay luces que no mueren nunca. En mi ciudad hay luces para que la noche siga siendo día, y las conversaciones se apaguen con las primeras horas de la mañana.
- Cosas como esa son imposibles en este pequeño reino olvidado, donde se ve una película cada dos meses, no hay cobertura para móviles y el acceso a Internet parece imposible. Sólo tú, yo, y la luz de la luna.
- Otra luz que tampoco parece morir. Luna y sol, día y noche, un paseo, palabras y, a veces, un nudo en el estómago. Mis primeros días en estas tierras del sur.
- ¿Sabes por qué todo el mundo teme a Antoin?
- ¿Hay algo más?
- Creo que conoces, seguro que él te la ha contado su historia: su princesa prometida se acostó con cada súbdito. Cuando llegó aquí no quería saber nada de nadie, quería, simplemente, morir en paz pero, por ahora, no ha podido ser. Un día se acercó al árbol y, poco después, chicos que llegaban al árbol para pedir que chicas se enamoraran de ellos descubrían que estas estaban enamoradas de otros, y chicas que querían a chicos descubrían que estos no tenían el más mínimo interés en ella. Necesitan, es obvio, aunque injusto, tienes razón, alguien a quien odiar.
- Es extraño. En mi ciudad con luces, algunas noches, cuando salgo, voy a discotecas y sólo bailo toda la noche, nunca hablo con nadie. Y aquí me tienes hoy, al sur de todos los sitios, con poca luz, conversando durante horas con alguien que no conocía hace un mes. La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida.
- El olvidado placer de hablar por hablar sin otra cosa que las palabras.
- No hace mucho frío. Y es bueno estar aquí.
A lo lejos, las luces del único bar de esta tierra se apagaban. Era hora, pensaban algunos, no todos, de ir a dormir, de descansar para volver mañana al mundo, con ganas, con el deseo renovado de volver a pisar unas calles que muchos no dudaban en llamar hogar.