miércoles, 10 de enero de 2007

Aventuras y desventuras de los hombres-libro en la España de Manolito Palomares ( I )

Éramos muchos en principio, la élite intelectual de esa gran patria que Manolito Palomares había imaginado en sus más serenos sueños, hombres que llevaban a las calles las ideas preclaras, honestas y sinceras de hombres inteligentes sin parangón, intelectuales de alta espiritualidad. Se nos inyectaba en vena las más perfectas reflexiones de Chema "Yo hice una guerra" y de una de las grandes voces de esta patria imaginada, en innumerables ocasiones, por Manolito Palomares, el insigne Federico Jiménez. Voces tan profundas como sus pensamientos. Éramos muchos y salíamos a la calle en busca de todo aquel que no compartiera la gloriosa imagen de quien tantas cosas quiso para nosotros, de quien se empeña, a sus 142 años en un futuro mejor, más grande, más libre para todos nosotros. A pesar de todo, también, hay que señalarlo, antes de seguir con nuestra historia, había entre nosotros gente que ya no creía en tan altos ideales. Era fácil advertir quiénes eran por los libros que leían, libros de conocidos intelectuales potencialment peligrosos: Cortázar, García Márquez, Goytisolo, Cernuda. Como en toda democracia que se precie, la solución era sencilla: quemar los libros que leían y a ellos con los libros. Había que acabar con toda posible rebelión, cualquier signo de debilidad en unas calles que sólo podían ser, Manolito Palomares, lo sabía, suyas. La calle es mía, había repetido tantas veces: la calle, los colegios, las casas, los medios de comunicación, todo aquello que podía convertir a la gente en individuos honrados estaba al servicio de los sueños de una patria mejor. La calle es mía, decía Manolito Palomares, y todos intentábamos que fuese cierto.
Recorríamos las calles de este gran país en busca de aquellos periodistas que, de algún modo u otro, hubieran traicionado la confianza de aquellos que les habían enseñado cuanto sabían, que tachaban a Federico de poco profundo, dogmático y sectario, los mismos comentarios que dirigían a Chema. Gente de poca fe y mucha menos ambición. Uno de nuestras primeras muertes, así quedó en los archivos policiales, fue divertida y enseñó a muchos que todas las voces están permitidas en este sitio, todas las voces que tengan las mismas letras que las reflexiones de Manolito Palomares y lleven a la misma casa. En uno de esos programas de investigación decidieron dar a conocer el pasado de una chica llamada Carmen, ahora bailarina a sueldo dijeron de la tele oficial de esta nuestra patria. Decidimos visitar al presentador en su casa y la primera frase de la policía, al observar tanta sangre en su cama no podía ser otra: aquí hay tomate. La sangre, es cierto, cubría parte de su habitación. Dejamos una pequeña nota en su cama: pregunta a Carlos V. La investigación de este crimen dejó claro algunas cosas: había sido algún profesor que no soportaba los continuos errores gramaticales que Jorge Javier Vázquez cometía. Y el criminal también quedaba claro: algún profesor con un exceso de odio hacia los errores gramaticales. Fue definido en muchas de las cadenas oficiales y no oficiales como un gran periodista, de lo mejor que ha dado este país (lo que hace la muerte, dijo alguno de nosotros) y pronto fue olvidado. Manolito Palomares sabía lo que se hacía, cuando nos dijo primero crearemos terror y luego ofreceremos seguridad: la calle seguirá siendo nuestra. Y nosotros, para eso éramos sus hombres libro, podíamos ofrecer el terror adulterado con que la gente nos querría durante mucho tiempo.

2 comentarios:

Unbeso dijo...

Supongo que me habré perdido muchas cosas del sur, pero me alegra ver que sigues intentando liberar la casa tomada.
Un beso

Moi dijo...

Hola, chica, me alegra verte por aquí. Espero que las vacaciones hayan ido bien. Un beso.