lunes, 15 de enero de 2007

Aventuras y desventuras de los hombres-libro en la España de Manolito Palomares (III): de todas las cosas que se fueron

Uno piensa en los libros que ha leído, en las palabras que ha escuchado, en la distancia que hay entre dos cuerpos que no se escuchan, en los diálogos en que estuvimos en babia. Fueron tantas las cosas que se han perdido para siempre. Y ahora no tenemos nada, sólo la absurda ilusión de cambiar una patria putrefacta ya. Y hay días en que sólo podemos pensar en todas las cosas que se fueron, en la comodidad de un hogar donde todos podíamos hablar, donde se respetaban las ideas. Pero todo cambió, las ideas de Manolito Palomares se hiceron cada día más radicales y pensar es un estado de ánimo que poca gente puede tener ahora, si no quiere acabar sus días en las hogueras que hay en las plazas de los pueblos, para escarnio, dicen sus fieles, de aquellos que tienen ideas que atentan contra los nuestros. Y da miedo pensar que si existen los nuestros, existen los otros para ser odiados. Así es: los otros son aquellos que creyeron que la vida podría ser otra, que la calle podía ser de todos y leer un libro un placer del que todo deberíamos disfrutar, aquellos que imaginaron que la música podía educar a tanta gente. Sin embargo, todo queda tan lejos ahora. Ahora todo es crear terror y ofrecer seguridad. La seguridad de saber que mucha gente no quiere más que una casa en la que ver tranquilamente la televisión. La ciudad queda entonces tan lejos. Se fueron tantos, Cutrelandia fue uno de los lugares donde perderse, algunos han comenzado allí otra vida, pero otros no tuvieron tanta suerte: la hoguera fue su último viaje. Uno piensa en los libros que ha leído, en las canciones que le han arrebatado el corazón, y no puede entender que mucha gente crea que vivir es sólo disfrutar de aquellos que nos dan. Pero elegir es crecer, es saber que hay tantas posibilidades en estas calles y somos nosotros, sólo nosotros, los que deberíamos decidir que ha de ser bueno, pero es algo que ya se ha perdido en este maldito país de Manolito Palomares. Y la distancia es mayor, cada vez mayor. Si querían separarnos, lamentablemente, lo han conseguido. Sólo nos importan los que están cerca; el mundo, cuántas veces lo hemos escuchado, está tan lejos. Poco es lo que podemos hacer, dar a aquellos que están cerca la música que no han escuchado nunca, leer por las noches, no han encontrado todavía nuestra emisora pero lo harán y será mayor el dolor, poemas de Cernuda, cuentos de Cortázar, palabras de Machado, mientras pensamos maldito país de charanga y pandereta y nos sentimos cansados, terriblemente cansados al pensar en todas las cosas que fueron de todo el mundo un día y hoy son de nadie. Y duele saber que poca gente se acerca a las calles para vivir un poco, que poca gente sale a la calle por ver si hay alguien más con quien poder hablar; duele también ver, en las vallas publicitarias de las calles las citas multitudinarias de Bisbalt, postales de sevillanas en relieve que cantan España y olé cada cinco segundos. Mirar es comprender que la inteligencia se perdió hace años, como tantas otras cosas, la nostalgia es brutal, que se fueron sin decir adiós o, quizás se despidieron, pero nosotros estábamos demasiado ocupados viendo en las noticias como Manolito Palomares y Walt Disney se convertían en iconos, ¿así son las pesadillas kafkianas?, de la vida occidental.

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