miércoles, 17 de enero de 2007

Aventuras y desventuras de los hombres-libro en la España de Manolito Palomares ( IV)

Había un traidor en nuestras filas, parecía claro. En las últimas semanas diez de los nuestros habían acabado en la hoguera más de diez de los nuestros, una cifra inusualmente alta incluso en los días más duros. De repente, tantas bajas, era algo que se nos escapaba de las manos. A todos ellos les habían encontrado en sus casas libros que no deberían estar al alcance de nadie y mucho menos de Manolito Palomares y sus hombres libro. Sin embargo, les bastaba una pequeña visita para descubrir dónde habían ocultado a los autores prohibidos, toda persona, estaba claro, que hiciera pensar a los demás. Las instrucciones eran claras para todos nosotros: las palabras de Luis Cernuda, Machado, Unamuno, Cortázar debían ser forradas por otras portadas de autores que, según los hombres libro oficiales, eran afines al pensamiento serio y reflexivo de la patria grande y libre que todos ellos deseaban. Libros que ayudaran a sanar el espíritu enfermizo de algunos que se habían dejado manipular por gente que sabía más que ellos pero tenía mucha menos honestidad. No se dejen manipular era la reflexión, profunda, de la voz de esta patria Federico. En uno de sus libros, De la noche a la mañana, del sol a la camisa, escondíamos muchos de nuestros libros, de las páginas que, según Federico, incitaban a pensamientos comunistas. Otro de los libros donde debíamos ocultar las páginas de nuestros autores era Yo hice una guerra y no salí corriendo, de Chema, el desterrado, como muchos lo llaman ahora. Sin embargo, cuando llegamos a las casas de los que querían que este fuera un lugar diferente, todo estaba por los suelos y los libros que buscábamos habían desaparecido. Es obvio que los habían encontrado los seguidores de Manolito Palomares y estaba claro que habían quemado los libros y a nuestros amigos. Alguien, todos lo sabíamos, de los nuestros tenía mucho más interés en las ideas de Manolito y sus fieles que en las nuestras. Antes de seguir con nuestra lucha, teníamos que descubrir, era vital, quien se había infiltrado en nuestras líneas.

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