martes, 16 de enero de 2007

Currículum vítae

Per Lisa, porque hablar a veces nos ayuda a imaginar...
Ahora los tiempos son otros aunque las calles sean las mismas, el árbol que da sombra y entrega amor sigue dando fruto, semillas que germinan de una forma u otra; todavía chicos y chicas se entregan allí a su primer beso de amor, bajo las amplias sombras de las ramas de un árbol que es casi una leyenda. Pero hay hombres y mujeres que deciden, en las primeras horas de cada mañana, dejar su currículum vítae en las casas de aquellos a los que aman o creen que aman. En estos documentos, escritos especialmente para la persona a la que quieren conquistar, nadie habla de trabajo, sólo de las experiencias vitales que han hecho a cada uno ser como es. En ellos puede leer desde extranjeros que llevan años en la ciudad y apenas conocen el idioma, ofrecen escaleras a ninguna parte donde perderse con la chica de sus sueños; un chico de veinte años que no tiene experiencia sentimental alguna y ofrece la inexperiencia inocente de quien poco sabe y mucho quiere aprender; en aficiones ha escrito hacerte feliz cada día y si lo quieres, tomar una copa de vino de cuando en cuando contigo. En una de las puertas más cercanas Luisa, la chica del norte, dejó un menú de precios para quien sea adicto a ella sepa cuáles son las condiciones, hermosas y vitales al mismo tiempo. Y hay algún chico que deja su currículo en una casa vacía porque ella, nadie vive ya allí, se fue hace una eternidad y escribe su nombre, su fecha de nacimiento, las relaciones anteriores, teléfonos de contacto a los que llamar por si necesita referencias. Sabe que nadie leerá lo que ha escrito pero se ha convertido en una costumbre. Alguna mañana, sigue creyendo, alguien volverá, abrirá la puerta y recogerá todas sus palabras pero la distancia, la distancia casi siempre lo es todo. Más de dos mil kilometros de distancia y el corazón a veces sigue demasiado cerca. Hay currículos también de unas diez páginas que pueden asustar a quien los leen, papeles en los que se habla de innumerables relaciones personales (un amor en cada calle, los llama la gente de la ciudad), y de las aficiones a las que dedican su tiempo libre, ver una película, una vez cada dos meses obviamente, tomar café en el único var de la ciudad, pasear hasta alcanzar el árbol más famoso de la ciudad, y tantas otras cosas. Algunas chicas, empieza a ser habitual, dejan a sus amigas los currículos que han encontrado en su puerta por intercambiar, si creen que alguien se adapta más a su perfil. Antoin, se lo debe a Aurora, él lo sabe, dejó un currículum vítae en su puerta, con pocas cosas. Escribió, en experiencia profesional, un amor por reinado, un amor por espera, un amor para siempre; pude leer, fue un momento, en aficiones, me lo dijiste tantas veces, contemplar una última vez tu sonrisa y ahora cada mañana lo hago. Experiencia, inexperiencia, amor, tristeza, nostalgias animadas de ayer y hoy, palabras con las que la gente intenta estos días en las lejanas calles de Cutrelandia encontrar un poco, sólo un poquito, de cariño. Dejemos que duerman un poco y deseemos a todo el que nos visita unas buenas noches y unos días aún mejores.