lunes, 1 de enero de 2007

Tristezas animadas de ayer y hoy

Escuchábamos, no sé si recordarás, Cactus, eran las primeras horas del años, Blue, de Joni Mitchell, y todo era nostalgia. Se había ido un año en el que habían pasado tantas cosas y no había pasado nada. Año nueva, vida nueva dije, pero tú no me creíste. Estabas cansada, y echabas de menos tantas cosas. Vida nueva, dijiste, pero mis piernas son las mismas y, a veces, el dolor vuelve. No quise preguntarte pero sé que echabas de menos a Utonio, tal vez una ciudad a la que salvar algunos días, también a tus hermanas. Hace mucho, tiempo, dijiste, que no las veo y no sé si recordarán mi rostro. Joni Mitchell echaba más nostalgia al fuego. Miraste un rato a la calle y caminaban, al otro lado de la calle, Antoin y Aurora: son felices dijiste para añadir, al momento, también yo soy feliz contigo. No siempre, me susurraste al oído y supe entonces, como Carlos nos dijo un día, que los sentimientos cambian de un instante a otro. Segundos después me besaste, te quiero, acaricia mis labios un poco más y yo, qué podía hacer, te besé con locura. Joni Mitchell nos susurraba me gustaría enseñar a mis pies a volar; imaginé entonces que ahora estabas lejos, muy lejos. Acaso ahora estuvieras con Pétalo, Burbuja y el profesor Utonio. Y recuerdes otra vez cómo te rompió el corazón. Todo parecía perder luz mientras quedábamos en silencio, dos tristezas que estaban ahora demasiado lejos. Quizás recordaras las palabras exactas, hace mucho tiempo, dijiste, con las que Utonio te dijo: nunca podremos ser amantes, eres como una hija para mí. Decidiste entonces, también escuchabas a Joni Mitchell, irte de Townsville al lugar más apartado del mundo, ese sitio donde van todos aquellos que quieren una segunda oportunidad. Y la encontraste, aunque las tristezas vuelvan, de cuando en cuando, a robarnos esta parte del mundo en la que, en ocasiones, te escribo ahora, podemos tener algún rato de alegría, caminar bajo un árbol que da sombra y entrega amor, al que se acercan algunos estudiantes de instituto para pedir, el árbol tiene luz de nuevo, que aquellas que se encuentren a su lado las amen en algún instante. Y tus ojos siguen a kilómetros de distancia pero sé que hoy no me dejas caminar contigo, quieres estar sola, y hay mundos en los que no podemos entrar. Cutrelandia, preciosa, te digo, es nuestra casa, aunque hoy estemos, en una casa pueden habitar tantos fantasmas, a mundos de distancia. Y las letras, cada vez más meláncolicas de Joni Mitchell, viviendo en ambas calles.

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