lunes, 8 de enero de 2007

Tristezas animadas de ayer y hoy: conclusión

No, no os vayáis todavía, por favor, dijo Cactus, cuando empezaba a leer la carta que tenía en sus manos. Pétalo y Burbuja creían, estaban equivocadas, que preferiría estar solas. Comenzó, toda una sorpresa, a leer las líneas que le había escrito en voz alta, una carta de la que sólo sabían sus hermanas que Utonio la había escrito una noche de diciembre con algo de ternura en los ojos, y uno de esos bolígrafos que tanto le gustaban. Seguían cerca del cine, Jennie estaba con ellas, tan cerca. Querida Cactus, me gustaría decirte tantas cosas, aquí hace un poco de frío, aunque la ciudad parece tranquila. Tus hermanas, ellas asentían, te echan de menos, muchísimo, tanto como yo. Ahora mismo desearía tanto estar cerca de ti, escuchar qué ha sido de tu vida, saber que todo va bien, tus hermanas me dicen que no me preocupe, seguro que está bien, repiten, es fuerte, y sé que debería creerles, pero el miedo es humano; la preocupación también. Pienso en la última conversación que mantuvimos, recuerdo cada gesto y no podría cambiar, lo siento, nada de lo que dije, posiblemente nada de lo que dijimos. Hay cosas, dijo alguien, que no puede ser y además son imposibles. Hay algo en ti, te lo dije tantas veces, que conmueve a quien te tiene cerca, dejemos sólo al mundo entonces, me aclaraste, pero era, creo que en estos momentos lo sabes, era imposible. La historia de dos personas es la historia de un árbol y sus raíces, nunca sabremos qué hay debajo: amigos, una familia, una ciudad con lluvia, en otro mundo, y unos ojos que no nos mirarán en mucho tiempo. Y no pudo ser. Tus hermanas me saben triste pero yo no te amo, nunca te amé, no puede ser, pero te echo de menos, muchísimo, y querría que, alguna vez, si te sientes triste al pensar que no soy yo el que te abre la puerta para salir, pensaras en venir a nuestra casa, si tú quieres. Ahora todo es menos cuando no te sentimos por aquí, como seguro te dirán tus hermanas ahora. Sus hermanas sonríen, pero las calles están más vacías ahora; sólo quedan ellas y todo parece más ancho. Quedan algunas palabras, Pétalo y Burbuja se despiden de su hermana, un abrazo y miles de besos, tienen que irse porque Cactus, la conocen muy bien, tiene que estar sola. Cómo llenarte, soledad, sino, contigo misma. Nunca le parecieron más sinceras las palabras de Luis Cernuda; y recuerda que, una vez, le dijeron, estés donde estés, hay personas que sólo pueden ser unas exiliadas. La carta le pesa demasiado en las manos y el viento la arroja al árbol que da sombra y entrega amor. Se han perdido tantos caminos, una pequeña acera la cobija y la nostalgia inevitable de quien ha crecido al descubrir que pocas veces tendremos lo que deseamos: una casa que tal vez nunca sienta suya le espera.