lunes, 5 de febrero de 2007

Hombres libro V

El día en que murió Antonio Machado, muy al norte, lejos del mundo que tanto había querido, al que se referían las líneas que se encontraron en su bolsillo, -estos días azules y este sol de mi infancia-, las legionarios al servicio de Manolito Palomares fueron a casa de Abel Martín, del que no sabían nada, excepto que ambos, en algún que otro momento de sus vidas, habían coincidido y pervertido a todos los hombres libro que se habían acercado a ellas con ideas tan absurdas como aquella que decía que en este país no se piensa se embiste. En este país, lo decían Manolito Palomares y sus acólitos, la calle, que es nuestra, invita a pensar, como nosotros. En la casa, ya abandonada, de Abel Martín, los acólitos buscaban la estrella que le habían robado a Tito Paco algunos de los hombres libro que querían cambiar de signo el mundo en que vivían. La llamaban estrella para purificar las palabras porque si alguien pronunciaba franco, todo el mundo entendía sinceridad. Stella per purificare le parole, era su verdadero nombre porque, cuentan algunas historias, porque una chica llamada Ida, una de las estudiantes de Abel Martín, le regaló esta pqueña estrella porque sus clases, las pequeñas historias que él contaba en clase le entusiasmaban. Ida le dijo, profesor, esta estrella, como tú, tiene magia, y, a pesar de que los otros estudiantes pensaban que Ida estaba loca, Abel Martín, puro de espíritu, esperaba realmente que aquella estrella tuviera magia. Y, poco a poco, Abel Martín comprobó que aquella estrella tenía historias que contar, palabras que llevaban la bondad al ser humano, que enseñaba a pensar quien estuviera cerca. Pronto se supo de las habilidades de esta estrella para purificar las palabras y un día, mientras Abel e ida, hablaban de las veces que hay que decirse adiós en una vida, la estrella desapareció. Como hemos dicho, si alguien decía franco, todo el pueblo entendía sinceridad; si alguien gritaba, la calle es nuestra, la gente escuchaba juguemos, somos libres; si Manolito Palomares decía, olvidad que el mundo existe, todos entendían no hay patria como esta. Y también los hombres libro supieron entonces que robar esa estrella sería parte del plan con el que el escepticismo apareciera en las calles, en los pensamientos de la gente. Esperaban que no fuera demasiado tarde y que la gente volviera a pensar por sí misma; pudieron robar la estrella y, cuando los legionarios de Manolito Palomares, descubrieron su ausencia, el primer lugar, los hombres libro habían avisado a Abel Martín, que visitaron fue la casa de uno de los grandes amigos de Antonio Machado. Pero él no estaba allí, se había refugiado en la casa de Ida, su alumna preferida y ambos sabían que el profesor debería pasar allí mucho tiempo. Esperaban, él, Ida, los hombres libro, que recuperar la estrella para purificar las palabras fuera el comienzo del mundo en que todos merecemos vivir, un mundo en el que cada pensamiento conlleve un sentimiento que nos invite a la vida.

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