jueves, 8 de febrero de 2007

Inciso: indignación

En estos días, en estos primeros días de febrero Sevilla ha sido tomada por escoria humana, todo tipo de alimañas que carecen de la más mínima ética, de la más mínima honestidad. Sus sueldos, pagados escrupulosamente por los ciudadanos del mundo en que viven se alojan en suntuosos palacios a los que pocas personas de pie pueden tener acceso si no es para atravesar este edificio y llegar a la universidad, llegar a la estación de tren ahora que esta ciudad está en obras por la construcción de tranvía que recorrerá el centro. Algunos llaman a esta escoria los amos del mundo, en los periódicos se refieren a ellos como políticos cuando no son más que humo, una distracción de aquellas cosas que realmente deberían importarnos. Y han decidido que esta semana, jueves y viernes, Sevilla les pertenece. Muchos, acaso todos, se alojan en el hotel Alfonso XII y pasean por la ciudad en coches blindados en los que nadie, rezan por ello, pueda ver su verdadero rostro, el rostro de la miseria humana, de gente que sólo tiene poder. Si alguien decide atravesar por el jardín del hotel, único lugar en estos días que te lleva la universidad, las fuerzas de orden público te negarán el acceso. Es obvio que lo hacen, digan lo que digan, por el común de los mortales, para que ninguna de las enfermedades que desprenden esta escoria (vanidad, ambición, prepotencia, estupidez, ceguera) pueda alcanzar a los que cada día pasean por las calles de una ciudad que, este jueves y viernes sólo pertenecerán a gente que algunos se vanaglorian en llamar políticos. Pero son pocos los que, cerca de mí, los llaman políticos; sencillamente, consideran patético el hecho de que en días como éstos se hace evidente que las calles de esta ciudad, de este mundo pertenecen, defendidas por aquellos que dicen defender al pueblo, a los que tienen dinero para cerrarlas, para abrirlas, un dinero que debería ser, no puede ser de otra manera, para todos aquellos que han construido para que otros hagan con ellas lo que les venga en gana.

4 comentarios:

Pepero indignado dijo...

¡¡Es mentira todo lo que dice este señor!! Los políticos son buenas personas que velan por nosotros que sí que somos los malos. Por ejemplo, por nuestra culpa hay hambre en África. ¡A qué ninguno de vosotros llama en los telemaratones ni apadrina niños! ¡Malditos hippys quejicas! Y para que lo sepas, rojillo tendencioso, los políticos se ven OBLIGADOS a quedarse en el Alfonso XIII. Porque, a ver, ¿a qué nadie, y menos tú, le ha ofrecido su casa en plan hospitalario? ¿A qué no? Pues entonces chitón. Que culpa tendrán los "pobres". ¡Y encima los criticas! ¡Qué fuerte! ¡Si son las verdaderas víctimas de este mundo cruel y canallesco! Y si no mira a mi admirada Doña Esperanza Aguirre que, Dios la bendiga, no llega a fin de mes. ¡Y todo por egoístas sin escrúpulos como tú! ¡Que lo sepas!

Moi dijo...

Pitronki, la próxima vez te lo tienes que currar un poco más que si no, te conozco a la primera. Un abrazo y nos vemos pronto.

Sorel dijo...

El sábado pasado cuando fui a Córdoba, pude ver un control de la guardia civil en la entrada a Sevilla de unos 4 kms. Montones de coches parados.
Lo más penoso es que para salir de Sevilla también había atasco gordo, pero no era gracias a la benemérita, sino para ir al Factory del aeropuerto.

Me viene a la cabeza una antigua canción francesa, muy bonita:
"Donne-moi ta main et prends la mienne,
la cloche a sonné, ça signifie,
La rue est à nous que la joie vienne.
Pues eso, que la calle es nuestra, y somos libres para ir al factory!!

-Traducción para los francofóbicos:
"Dame tu mano, y toma la mía.
Ha sonado el timbre, y eso significa,
que la calle es nuestra, que venga la alegría".

La canción se llama "L'école est finie", por si el emule ese...

Anónimo dijo...

Me descubro ante vos... y también ante los comentarios a este post.
Enhorabuena.
Manolo Lay
www.manololay.com