miércoles, 7 de marzo de 2007

Relatos hiperbreves IX

Todo descerebrado se aferra a una bandera. Se aferra desesperadamente a un trozo de tela al que otros han puesto color. Algunos, es más, suelen ponerle un nombre. Se aferran a un territorio que los meses harán suyo y los años harán nación. Todo el mundo necesita una causa que abrazar. Yo, dijo J., me aferré a tu cuerpo y lo perdí todo. Sólo soy otro apátrida.

No hay comentarios: