domingo, 29 de abril de 2007

That´s no way to say goodbye V

Para David
El interior de un hospital. En la habitación se encuentran Ana, recién operada, de blanco, en la cama. La otra cama, en estos momentos está vacía. Junto a ella –han ido a visitarla- Arturo, Pedro, Pili y Rafa. Después aparecerá Federico. La primera en romper el silencio es Ana, que gesticula con lentitud, porque alguna de las heridas le impiden moverse con comodidad. En la cama, junto a ella, hay un pequeño oso de peluche.
ANA
Hola, Rafa. Creí que no vendrías nunca.
RAFA
También yo lo pensaba. Pero el tiempo que pasamos juntos merecía…
ANA
Un buen tiempo. Sí. A veces.
RAFA
A veces, incluso muy bueno.
PILI
¿Cómo te encuentras?
ANA
Ahora mucho mejor. Gracias por visitarme en estos días. Una nunca sabe quiénes son sus amigos. La vida pasa, la gente cambia.
ARTURO
Aquí estamos. Por si necesitas cualquier cosa.
ANA
Gracias. Pero no tenéis que preocuparos, de verdad. Me he sentido muy querida en estos días.
RAFA
Imagino.
ANA
¿Cómo?
RAFA
Ha venido tu familia. Tus amigos. Seguro que te sientes protegida.
ANA
Sí. Sí, claro.
PILI
Te hemos comprado un libro. Esperamos que te guste.
ANA
Un libro. No hacía falta, de verdad. Gracias. Noches blancas. Me encanta Dostoievski. Empecé a leerlo cuando te conocí. ¿Recuerdas?
RAFA
Buena memoria. Es bueno que nos abran puertas que desconocíamos, sí. Un libro precioso. Puedes leerlo cuando estés aburrida.
ANA
Lo haré, seguro, otra vez, pero en estos días parece difícil. Me visita demasiada gente. Espero que me lo hayáis dedicado.


PEDRO
Cómo no. Nosotros siempre estamos pensando en los demás. Como las compañías timofónicas. Pensando en los demás, en beneficio propio.
ANA
No me hagas reír, por favor. Todavía me duelen un poco las…
ARTURO
Tranquila, seremos buenos. Y sí, tienes dedicatoria.
ANA
La acabo de leer. Es preciosa. Muchas gracias, Rafa. No imaginé que recordaras…
RAFA
No es nada. Recuerda que puedo recordar cada conversación que mantuvimos. Para bien y para mal.
ANA
Cada conversación. Espero que hayas aprendido a olvidar algunas. Sería lo mejor.
RAFA
Y, ¿cómo es tu vida ahora? ¿Qué haces? No sé nada de ti desde hace… hoy es martes, ¿no?
ANA
Sí. Hoy es martes. Llevo más de una semana aquí y cuento cada uno de los días.
RAFA
Entonces si hoy es martes, hace más de tres meses que no sé nada de ti.
ANA
Por eso me alegro que me hayas visitado. Es algo que no me esperaba. Al final, te lo dije, vamos a hacer hasta buenos amigos.
Rafa mira a Ana con seriedad, quiere decirle algo, pero se fija en el oso de peluche, en el libro que Ana ha dejado en la cama pero su boca permanece en silencio y sonríe. Pedro y Arturo se adelantan a sus palabras. Ambos afirman al mismo tiempo:
ARTURO Y PEDRO
Sí, creo que sí. Al final, como todo el mundo, buenos amigos.
PILI
Y al final Rafa tomará café con más de dos personas al mismo tiempo. Cosas más raras se han visto.
ANA
Si eso pasa, tenéis que enviarme las fotos. Olvidaba tu pregunta, Rafa. El trabajo, igual. Me sirve para comer, salir alguna noche y poco más. Y estoy con un chico. Ha sido difícil encontrar a alguien después de una relación tan larga como la nuestra. Ahora me encuentro menos sola.
RAFA
Hablamos de eso muchas veces. Sería absurdo… ¿Eres feliz?


ANA
Ahora mismo, en este hospital, no. Pero una parte de mí se siente tranquila. Y eso es bueno, muy bueno.
RAFA
Me alegro. Ana, tengo que irme, lo siento.
ANA
No pasa nada. Gracias por visitarme. Ya sabes dónde estaré estos días por si quieres pasarte.
RAFA
Sí, de nada. Bueno, chicos, nos vemos pronto.
ARTURO
Pedro y yo nos quedamos un poco más.


PILI
Espera, Rafa, me voy contigo.
RAFA
Como quieras.
Rafa y Pili salen de la sala. En la entrada del hospital hay un pequeño jardín con bancos. En el centro hay una fuente y ambos se sientan frente a ella. Empieza a hacer calor y el sol empieza a adueñarse de las calles.
PILI
Hey, chico, ¿a qué viene esa tristeza de repente?
RAFA
No lo sé. Pienso en la playa. En días diferentes. No sé si te lo he contado alguna vez. Las cosas de Rafa, ya me conocéis. Empecé a construir un corazón inmenso, con mi nombre y el suyo. A ella le encantó la idea y se puso a ayudarme. Todo el mundo en la playa nos miraba. Un corazón enorme. Cuando terminamos, decidió hacer una foto.
PILI
¿Y? ¿Qué pasó entonces?
RAFA
Una ola se llevó medio corazón. Me impresionó. Una forma poética de decir que todo tiene un final. Ana, ya sabes cómo es, dijo simplemente es una ola, nada más. Y me dijo: te quiero. Me sentí inmensamente solo. Y Ana nunca me dio la foto en que la ola derribó el corazón.
PILI
Cosas de Rafa. Eres lo peor.
RAFA
Hey, no te pases, que yo no he salido con una regla ortográfica.
PILI
Ja, ja. Tienes razón. Pero recuerda que era muy simpático. Mucho más que tú.


RAFA
Pero no tan divertido como yo, claro.
PILI
Me temo que no. Sólo pude reírme una vez. También a él le dije que me parecía una regla ortográfica. ¿Por lo agudo?, me dijo. Y yo, sí, claro, mientras pensaba que era por lo esdrújulo. Escúchame, creo que estoy desvariando.
RAFA
No importa. Hoy necesito esa pizca de locura.
PILI
La pizca de locura que te da tu madre cuando estás en casa. Nos encanta visitarla, siempre. También Ana dice que es genial. Rafa, ¿te pasa algo? Pareces en otro mundo otra vez.
RAFA
No… no es nada. ¿A qué hueles?
PILI
Huelo a…
Pili no puede continuar. Rafa la mira abstraído, cautivado. Es un olor que le resulte inusualmente familiar pero no sabe dónde situar. Ana sigue riendo contagia a Rafa, que también ahora comienza a reír. Se llega al corazón de una mujer si se la hace sonreír, se dice, pero la verdad, es que no es muy diferente para los hombres. También se llega a su corazón si sus labios sonríen. Es una de las máscaras más amables ante la dureza del tiempo, ante las tragedias cotidianas. Rafa inspira ese aroma y siente unas ganas terribles de besar a Pili. Ella quiere corresponder a esos labios que se acercan pero su risa, cada vez más agitada, se lo impide. Y sigue riendo aunque su deseo es, en estos momentos, muy diferentes. Cuanto pueden hacer es rozarse, de forma delicada, lasciva, apenas una insinuación las bocas, y seguir riendo. Ambos sienten, en el pequeño jardín de un hospital, la inmensa alegría de vivir. Minutos después, ya tranquilos, continúan su conversación.
RAFA
¿Sabes? Me alegra, ahora me doy cuenta, que hayáis estado ahí para mí. Ahora sé que puedo enfrentarme a mis fantasmas. Será difícil pero lo haré. Lo harás más fácil.
PILI
Lo sé.
RAFA
Hey, qué arrogante.
PILI
Sí, no eres el único.
RAFA
Touché. Pili, tengo algo para ti.
PILI
¿Qué? ¿Un libro de Dostoievski?



RAFA
No, no. Aquí está la pluma que Ana me regaló. Ya sé que los regalos no deben darse. Pero me gustaría que la tuvieras tú. Y que me contaras una historia preciosa con ella.
PILI
¿Estás seguro? Yo no sé escribir. Sólo…
RAFA
No me importa. Sólo quiero que me cuentes algo bonito. Me hace falta. Necesito…

Ambos miran al cielo. Algunas nubes ocultan al sol. Recuerdan cuando eran pequeños y miraban con atención las formas de las nubes que pasaban por el llano que había cerca de su casa, convertido ahora en un horrible bloque de edificios. Jugaban a imaginar las formas de las nubes que paseaban ante sus ojos y nunca se ponían de acuerdo. Siempre acaban enfadados porque nunca coincidían. Tampoco hoy. A Rafa le parece un pequeño trébol y a Pili, no podía ser de otra forma, un acento ortográfico. Se ríen otra vez pero esta vez los labios se encuentran con la calma de dos cuerpos que han aprendido a quererse en silencio durante años.

1 comentario:

Sorel dijo...

Gracias por abrir y hacerme reabrir puertas que conducen a habitaciones agradables. Conoces este poema?:

CASTILLOS DE ARENA

¿Por qué no me dijiste que estabas construyendo
ese castillo de arena?
Hubiera sido tan hermoso
poder entrar por su pequeña puerta,
recorrer sus salados corredores,
esperarte en los cuadros de conchas,
hablándote desde el balcón
con la boca llena de espuma blanca y transparente
como mis palabras,
esas palabras livianas que te digo,
que no tienen más que el peso
del aire entre mis dientes.
Es tan hermoso contemplar el mar.
Hubiera sido tan hermoso el mar
desde nuestro castillo de arena,
relamiendo el tiempo
con la ternura
honda y profunda del agua,
divagando sobre las historias que nos contaban
cuando, niños, éramos un solo poro
abierto a la naturaleza.
Ahora el agua se ha llevado tu castillo de arena
en la marea alta.
Se ha llevado las torres,
los fosos,
la puertecita por donde hubiéramos pasado
en la marea baja,
cuando la realidad está lejos
y hay castillos de arena
sobre la playa...

Gioconda Belli