martes, 29 de mayo de 2007

Just like in the movies IX

Víctor Noguera es un hombre roto. Son dos los coches que viajan ahora por las desiertas carreteras que llevan al sur, muy al sur, a un reino al sur de todos los lugares, Cutrelandia. Todos desean llegar: el viaje ha sido agotador y el descanso será necesario. En un coche viajan Aurora, Antoin y Alicia. Aurora y Antoin hablan de las renuncias, de seguir adelante; seguir adelante, dicen, es necesario. Nunca creí poder encontrarte. Ahora luchan, ambos lo saben, con una enemiga implacable: la monotonía pero, ahora, en este momento, se sienten bien al sentir sus manos, arrebatadas por la ternura. Alicia se mira en los espejos del coche y no sabe si quiere volver al bar en el que ha estado tanto tiempo. El bar supone la peor de las cárceles, imagina ella: la comodidad de saber que todo tiene un sentido entre esas cuatro paredes. No hay vida, se dice, a veces, pero siempre hay realidad; sabe que le preguntarán si le gustaría irse con ellos y todavía no tiene respuesta. En el otro coche, J., Ivana y Víctor están en silencio. Conduce J., cansado de todas las pérdidas, de todos los fracasos que la vida puede ofrecernos. Han sido demasiadas derrotas y, en estos días, encontrar a otro amigo roto, hace que la frase que en tantas ocasiones ha recordado: no importa cuántas veces te caigas sino cuántas veces te levantes carece de sentido. Todo son fragmentos. Ivana, detrás, piensa lo mismo. Sus brazos acarician el cuerpo cansado, sin alma, de Víctor, y no puede dejar de pensar en que Víctor, su Víctor, hace meses era un mundo dentro de un hombre. Ahora todo son fragmentos, ciudades que no encuentran orden, palabras que no llevan a ninguna parte. No puede evitar llorar, una vez más. Piensa, entonces, que hará todo lo posible para reconquistar ese mundo, perdido ya. Ambos, J. y ella, maldicen a Manolito Palomares y sus acólitos. Y miran hacia el sur con desgana.
The gift, está cerca y, como Alicia imaginaba, le preguntan si desea seguir hacia el sur, siempre el sur, o quedarse, de nuevo, al otro lado del espejo. ¿Café o vida? No lo duda: siempre, la vida, ese ir a cualquier lugar y encontrar a otros que debería ser, se dice Alicia, nuestro país de las maravillas.

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