miércoles, 23 de mayo de 2007

Just like in the movies VII

Aquí deberías estar tú, Ivana, ahora lo comprendo, como tantas otras noches estuviste. Y desapareciste, ahora lo sé, por el bien de los dos. Y ahora estoy en un bar de mala muerte, escuchando jazz en directo y alguna de estas piezas me ha llevado a ti y sé que existes. Nunca debí irme, aunque fueran semanas, aunque ser rey por sorteo me hiciera alejarme de ti, no recordar que me llamaba Víctor y te leía en noches como esta. Víctor, estás aquí, por fin, ahora sé que vuelves a ser tú, estás pensando en mí, y tienes miedo. Miedo de no volver a verme. De que nuestros cuerpos no sepan decirse hola y no deberías preocuparte. Estamos cerca y será bueno estar juntos. No te preocupes, estamos cerca. Y me fui durante semana, pero era cerca, una patria ajena en la que leer era un crimen, en la que pensar suponía el destierro, en la que no llevar ninguno de los libros oficiales suponía tortura, y así fue durante horas, durante días: sesiones interminables de conversaciones de Marina D´ors, la lectura completa de Peras y manzanas, las declaraciones sin sentido de Answar, el desterrado. Compréndelo, por favor. No volverse loco implicaba ser otro, dejar que una parte de mí se fuera. Pero ahora, al verlos aquí, a todos esos acólitos, otra vez, no me siento roto, vuelvo a ser yo y no me importa lo que pueda pasarme. Sé que estaré contigo. Espérame, por favor, Víctor, espéranos, sé que hay gente que quiere hacerte daño y ahora están contigo y te culpan de cuantos males han llegado a sus calles pero tú fuiste fuerte, siempre lo has sido y ahora tienes que serlo, por ti, por nosotros. Espera un poco más.

La noche se hace más oscura todavía; llegan los acordes desde la penumbra de un bar, algún grito y el pensamiento de Ivana, que está fuera, y sabe que éste es el bar en el que encontrará al hombre que le lee tiernas palabras con las que dormir cada noche: espera, Víctor, un poco más.
To be continued...

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