sábado, 16 de junio de 2007

Just like in the movies XIV

Eran los primeros días de junio y todo el mundo había despertado excepto él. Carlos se acercaba otra vez a la plaza del pueblo para conversar con todo aquel que quisiera, Antoin y Aurora caminaban por las escasas calles de Cutrelandia y, a veces, se alejaban un poco del reino para reencontrarse. Aurora parecía absorta en ocasiones y Antoin creía saber el motivo. David seguía disfrutando de la tranquilidad de este lugar perdido en el tiempo con Ana. Cactus deseaba que tantas cosas pudieran suceder pero sólo pasaban las cosas que podían ser vividas. ¿Y Víctor? Todo el mundo había despertado excepto él. Ivana llevaba dos semanas sin salir de casa, sin disfrutar del sol que tantas tardes había acompañado a su piel; dos semanas en una habitación con el hombre con el que había compartido tantas palabras y en cuyos silencios habitaba, felizmente a menudo. Deseaba una señal, saber que era posible vivir en el mundo en el que había estado estos últimos meses pero, por ahora, parecía imposible. Víctor no respondía, se encontraba absorto en sus propias calles. Algunas veces, Ivana acercaba sus labios a los de Víctor y, sencillamente, los rozaba. A un lado y otro. Era algo que le apasionaba; Víctor siempre buscaba el borde de los labios en los que perderse antes de alcanzar su boca por completo y a él tanta ternura le parecía inmensamente erótica. Otras veces, Víctor se encontraba el pelo ondulado de Ivana en sus labios pero no le importaba lo más mínimo. La erótica de la ternura, le gustaba decir. Hoy, ella había rozado sus labios innumerables veces pero había sido inútil. Víctor no estaba y a ella se le escapaban algunas lágrimas. Silencio. Un silencio sepulcral. La erótica del poder, susurró ella entre sollozos, y no hubo respuesta. Víctor, le dijo, lo miraba fijamente, necesito que vuelvas. Y ambos sonrieron un poco. Ella sabía que no era nada, apenas una voz apagada entre el ruido. Víctor, dijo, escúchame entre el ruido. Entonces miró otra vez sus ojos y lo vio, había algo en ellos, un poco de vida, un poco de esperanza. Supo entonces que debía esperarlo cuanto tiempo hiciera falta. Y así lo hará.