lunes, 2 de julio de 2007

Una casa

Para... bueno, ella sabe para quién es...

Volvió a casa y ésta estaba habitada. Estaban siendo días agotadores, había tinta en sus dedos. Y las paredes inmaculadas de su casa se iban llenando de letras, de saludos, despedidas, de horas con sentido y minutos que se hacían pequeños. La vida mancha. Aunque a veces los trazos son hermosísimos. Hay habitaciones que cuentan una despedida; suelos que escriben una historia tenue en la voz de Marvin Gaye; una cocina que habla de comidas sin comidas; besos que saben a lágrimas en cualquier parte, palabras que no son más que ramas de unas raíces más profundas. Eres un gran amigo; te quiero mucho. Te echaré de menos, hermanito. Amigo, nos veremos pronto. La playa espera, el sol nos quema. El deseo inesperado de la gente que está pasando. Cantemos juntos la alegría de vivir, dicen las paredes, y pierden el blanco inmaculado que tenían cuando sólo eran historias. Porque la vida mancha. Hay muchas cosas más, pequeños pasillos de historias que están empezando, que todavía no han terminado. Puertas que se abren y se cierran. La alegría de todo lo que hemos vivido y la tristeza de que se nos haya ido tan pronto. La alegría de saber que todo directo es mucho mejor y la tristeza de reconocer que grabarlo es una forma de que se quede con nosotros. Y la certeza absoluta de que, digan lo que digan, la realidad es siempre más intensa, mucho más interesante, a pesar del dolor, de las lágrimas, de tristezas infinitas, que la ficción. Y la ficción no es más que una forma diferente de vivir todo aquello que acaba por formar parte de todos nosotros, no es más que el árbol que crece a la luz de unas raíces, inmensamente vivas, que han existido antes, que nos habitan para darle forma.

2 comentarios:

Un beso dijo...

Muy bonita la decoración de tu casa. La verdad, muy bonita

H. dijo...

Oye, la realidad impulsa a mi curiosidad a preguntar tu nombre, aunque sepa que no habrá respuesta. Besitos y hasta pronto.