sábado, 22 de septiembre de 2007

Viajar sin billete

Él la hacía reír; ella lo hacía pensar. Recorrían estaciones donde el único billete posible era la imaginación, la posibilidad de hacer crecer mundos desconocidos en mundos vírgenes, muros en blancos que acababan manchados de vida. Algunas veces, ambos coincidían y el mundo era más pequeño entonces, casi una sonrisa. Hay noches en las que los dos, cansados de las calles que los ven caminar cada mañana, se sienten mejor al contemplar en paredes inesperados graffitis que, de alguna forma, parecen escritos para ellos. La belleza, dicen, está en tantas partes; sólo es necesario saber mirar. Y tanto uno como otra han aprendido a mirar cuando viajan en trenes en que lo más interesante es disfrutar siempre del viaje, de los pasajeros que forman parte de la línea que supone nuestro tiempo. Él, en ocasiones, la hacía reír; ella, encontraba palabras en sus dedos, lo hacía pensar; ambos viajaban sin billetes. Lamentablemente, viajaban en trenes diferentes.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Este niño, siempre tan desorientado. Escribes bien, pero siempre te difruté más cara a cara. A ver si sales a la calle de vez en cuando. Besitos. Anónima, que sé que te molesta.