viernes, 12 de octubre de 2007

Día de la patria de Manolito Palomares

Cada año, en esta fecha, es costumbre en la patria de Manolito Palomares, dedicar esfuerzos al sano ejercicio de demonizar todas las ideas que conlleven algún pensamiento. Suele decirse, por ejemplo, a los niños que la mejor educación es ver los documentales de la televisión pública, en los que grupos, numerosos, de personas, alzan las manos de forma sincrónica en un espectáculo rítmico que simula los rayos del sol. Con la camisa puesta pueden ir, ya que la desnudez no es sino el pecado en el que se purgan todos las sombras de un pasado en que pensar era una opción, qué vergüenza. Caminan por las calles y en los anuncios publicitarios se muestra a los telespectadores objetos tales como el abrillantador del espíritu nacional, tan útil para los fines de semana en la playa, para deleite de familia y amigos; también banderas con las que olvidar que somos humanos. Los libros han, casi, desaparecido en las hogueras y la gente sale a las calles para comentar los últimos cotilleos, que pueden contar cómo se ha visto a la bandera de la patria, de la mano de banderas anarquistas, por ejemplo, algo que no se ha de volver a repetir, se dicen. Ya lo decía Tito Paco, reencarnado ahora en un cani, cuando los valores antiquísimos de esta nación eran los suyos: Una, grande y libre, aguilucho, aguilucho. Que lo que la gracia de Dios ha unido, dice Manolito Palomares, no lo estropeen los hombres. Amén.

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