sábado, 20 de octubre de 2007

Muerte entre las flores

Érase un pequeño árbol en mitad de un parque al que la gente acudía a estudiar, gente que, de cuando en cuando, pensaba, creíamos nosotros. Érase una Casa de la Cultura en la que personas de todas las edades acudían a aprender, imaginábamos nosotros. Hubo un día en que decidieron talar el árbol, pero talar significó arrancar las raíces, segar un poco de vida, enterrarlo en alquitrán. Sin embargo, estas personas decidieron, no podía ser de otro modo, no callarse y el comentario se extendió felizmente entre todos: qué bien, por fin tenemos un sitio donde aparcar. Eso fue todo.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Bonito título. Me encanta que escribas los sábados.

Gus dijo...

Érase un gorrilla que se alegró más que nadie de la tala del árbol.