viernes, 19 de octubre de 2007

RUMORES

Hoy tenemos artista invitado porque el autor de este blog sigue agotado. Cuánta razón tienes, Gus. Y recuerda que vales mucho:

Éste es el título de una película que transmite un mensaje claro y transparente: a veces, las palabras pueden envenenarse de tal forma que crean heridas que no se cerrarán jamás.

Un simple juego en principio, una broma de mal gusto sin, se dicen, consecuencias, llega a convertirse en un rumor que cobra vida gracias a la presta colaboración de una abultada cadena de agentes, cómplices ávidos de esta comidilla que se encargan de alimentar alegremente el rumor puesto en circulación por un don nadie.

A nadie le pasa por alto que esta antigua práctica – arraigado y anquilosado vicio de generaciones y generaciones - es el modus operandi de los medios de comunicación. No nos engañemos, la información se ha convertido en espectáculo llegándose en muchos casos a confundir. Pero ¿Qué concepto existe en el mundo de lo que es serio y lo que es una nimiedad? ¿Dónde ha quedado el rigor, el sentido común, la capacidad de reflexionar y juzgar con criterio? No sé cómo hemos podido llegar al extremo de dar por cierto todo aquello que se dice sin verificarlo. Comamos sin pensar, ¡buen provecho!

La mentira repetida mil veces se convierte en verdad, pero en una verdad asumida por necios, no nos equivoquemos, que no nos vuelvan a confundir, milongas para otros.

Rumores que matan no es más que un fiel reflejo de lo que vivimos día a día: infamias, calumnias, difamaciones, injurias... porque es gratis, porque divierte, porque no podemos vivir sin esa carroña. Da lo mismo el nivel social, económico, el sexo, la edad…

Los rumores, los mal llamados "cotilleos", eso que se cuenta de alguien de forma frívola son el pan nuestro de cada día que tiene su destacado espacio en las cadenas de televisión, en las revistas y por supuesto en las charlas de patios de vecino.

¡Qué fácil es ser un elemento más de la cadena, un cómplice anónimo, una víctima de la pereza intelectual!

Sé que no se estila, pero por una vez merece la pena reflexionar sobre los consejos de Buda: Cree únicamente en lo que tú mismo has experimentado, verificado y aceptado después de someterlo al dictamen de la razón y a la voz de la conciencia.