domingo, 9 de diciembre de 2007

Cuentos populares I

Llevaba más de quince años esperando a su príncipe, besando a cuanta rana se encontraba a su camino, por si esta era la oportunidad perdida, pero todavía no había ocurrido milagro alguno: las ranas seguían siendo ranas, el parque no se convertía en palacio, los charcos no eran ningún estanque. Se miró al espejo y dijo, cuánta tontería y se fue a pasear dejando a su lado una rana que la miraba marcharse con unos ojos inmensamente melancólicos.

2 comentarios:

Yo dijo...

Jo, qué pena. La rana también podía haber croado (¿croado? qué raro me ha sonado al escribirlo...suena fatal...). Igual la chica se habría vuelto a besarla...

Etiam dijo...

Ains, qué pena que justo cuando la rana adecuada aparece, nosotras nos hemos cansado de tanto sapo que nos deja el corazón hecho puré...